SIN CONTIENDA NI VANAGLORIA

Filipenses 2:3 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Podemos decir sin lugar a equivocarnos que todos somos diferentes y con distintas maneras de pensar. Pero aquí el apóstol Pablo nos muestra una manera de conducirnos: sin contienda y sin vanagloria. La verdad es que muchas veces tenemos pensamientos errados como por ejemplo el pensar mal de una persona. Generalmente siempre pensamos lo peor, lo desagradable y lo que no conviene. Es cierto también que es bueno tener nuestras reservas pero cuando vivimos contendiendo, discutiendo, quejándonos de otros permanentenente es porque algo no anda bien en nosotros y debemos revisarlo a la luz de la Palabra de Dios. Podemos imaginarnos un montón de cosas de los demás como por ejemplo que murmuran de nosotros, que no nos quieren saludar, que tienen algo en contra nuestra, etc. Estos pensamientos no vienen de Dios. Los pensamientos del Señor son impregnados de su paz y nos ubican dándonos seguridad. Si andamos como Él anduvo en esta tierra no tendremos de que o de quién quejarnos. Otra cosa que dice Pablo es: "No hagan nada por vanagloria". Vanagloriarse es jactarse de las cualidades propias y cuando actuamos así no estamos sembrando para la paz ni la unidad con los hermanos. Antes, dice Pablo, con humildad reconzcamos al hermano como superior a uno mismo. ¿Es difícil? Seguro que es difícil, pero la obediencia al Señor implica negarse a uno mismo por amor al Señor y a los demás. Tenemos que clamar al Señor que cambie nuestro corazón altivo por un corazón humilde y misericordioso. El ejemplo que nos dejó el Señor es que se humilló hasta lo sumo. ¿Aprenderemos la lección? Que el Señor nos asista y nos ayude. Un abrazo.