SEÑALES DE LA VERDADERA CONVERSIÓN

INTRODUCCIÓN: La palabra de Dios nos enseña que debemos arrepentirnos y convertirnos para que sean borrados nuestros pecados. Así dice Pedro en su predicación en Hechos 3:19. La palabra griega original que se traduce por ‘conversión’ en el Nuevo Testamento se utilizaba en los tiempos del griego “koiné” como ‘volver’, ‘volverse’, ‘regresar’ o ‘convertirse’. Estas palabras ya sugieren un proceso más que un evento específico. Cuando regresamos de un sitio, siempre hay un primer momento para empezar el camino (el nuevo nacimiento) en base a un pensamiento que nos guía hacia ese retorno (el arrepentimiento) pero todo el camino es parte del ‘volverse’, del ‘convertirse’. Por lo tanto, la conversión es un proceso lleno de sucesos particulares, no un evento único y definitivo. Sin nuevo nacimiento no hay conversión (no hay vida espiritual, Jn. 3) pero la conversión va más allá del momento particular de la gestación espiritual. La conversión sigue y seguirá hasta que el cambio sea completado. La meta de la conversión es convertirnos en Jesús, ser como Él, completar el cambio desde el ser humano caído hasta la consecución del ser humano creado originalmente por Dios y ejemplificado a la perfección en Jesús hombre. La conversión acabará cuando Jesús sea completamente formado en nosotros. Eso va sucediendo a lo largo de nuestro camino sobre esta tierra. Ahora esa conversión depende de algo fundamental: de un Encuentro personal con el Señor. Si nuestro espíritu no se encuentra con el Señor, seguramente que no habrá una conversión verdadera. Hoy quisiera que viéramos la vida de alguien que tuvo ese encuentro y que a partir de allí, su vida fue transformada literalmente a tal punto de llegar a ser usado poderosamente por el Señor en la predicación del Evangelio; estoy hablando de Pablo.

TEXTO: Hechos 9:1-19

Este Saulo de Tarso había estado presente en la muerte de Esteban, había visto como este hombre moría dando testimonio con una convicción inquebrantable, y dice el relato de Hechos 7, en el vs. 58 que dejaron la ropa a los pies de Saulo. Seguramente esto haya quedado grabado en su vida. Pero siguió asolando a los cristianos y llevándolos a la cárcel. Pero llegamos al relato de su conversión, donde podemos ver lo que produce  un encuentro verdadero con Cristo y las señales de una verdadera conversión:

SOMOS HUMILLADOS (CAYENDO EN TIERRA) (VS. 4).- Dice el relato que Saulo cayó en tierra. Él vivía asolando a la iglesia creyendo que estaba haciendo un bien pero estaba luchando contra Dios. Y queridos hermanos muchas veces nosotros nos encontramos luchando contra la voluntad de Dios, siguiendo nuestros propios caminos, creyéndonos que podemos manejar solos nuestras vidas, sin el Señor y lejos de su casa. Y Dios tiene que humillarnos y hacernos caer a la tierra, a lo más bajo para que nos humillemos. Muchas de las cosas que nos pasan en la vida hacen que tengamos que humillarnos y reconocer que sin el Señor no podemos vivir. Saulo tuvo que caer a tierra para que parara de hacer lo que estaba en contra de la voluntad de Dios; y muchas veces el Señor nos va a hacer que nos caigamos para que nos demos cuenta que vamos mal y que nuestros caminos no son los que Dios quiere.

COMENZAMOS A VER NUESTRA OBSTINACIÓN (DAR COCES CONTRA EL AGUIJON) (VS. 5).- El Señor le pregunta en un momento “¿por qué me persigues?” Y luego le hace ver que está dando coces contra el aguijón. Esta expresión se refiere a lo que hacen, por ejemplo, los bueyes. El boyero (persona que los cuida) tiene una vara larga con una punta de metal en uno de los extremos que se usa para guiarlos. Si el buey quiere ir para otro lado se encuentra con la vara y se lastima. O sea que el Señor le dice a Saulo que se está lastimando con lo que está haciendo, yendo para donde no tiene que ir; está siendo obstinado. Y queridos hermanos cuando hay un verdadero encuentro con el Señor y una verdadera conversión podemos ver y reconocer que hemos sido obstinados y si no corregimos nuestro rumbo vamos a terminar lastimados.

SU PODER NOS DEBILITA Y NOS HACE TEMER Y TEMBLAR (TEMBLANDO Y TEMEROSO)  (NO VEÍA A NADIE) (VS. 6, 8-9).- Dice el relato que Saulo se levantó temblando y temeroso porque se encontró con el poder del Señor. Y luego dice que no podía ver a nadie porque estaba cegado. Queridos hermanos en un verdadero encuentro con Jesús, somos confrontados con su poder y ese poder nos debilita y nos hace temer y temblar. Es que nuestro corazón al recibir la luz de la presencia del Señor queda al descubierto y se manifiesta lo que hay dentro: el pecado y la maldad. Una conversión verdadera nos deja débiles y temblorosos por ese encuentro personal con el poder del Dios Todopoderoso y su luz admirable.

RECONOCEMOS SU AUTORIDAD Y ESTAMOS DISPUESTOS A HACER LO QUE ÉL DIGA (¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?) (VS. 6).- En la historia vemos a Saulo tan conmovido y asustado que le dice al Señor: “¿Qué quieres que haga?” Y aquí aprendemos que si nosotros hemos tenido una verdadera conversión, nos hemos convertido al Señor de todo corazón, vamos a estar dispuestos para servirle y hacer lo que nos mande. Es que cuando vemos tremendo poder y vemos nuestra debilidad, lo único que podemos atinar a hacer es a someternos al Señor como sus servidores. Pero esto es una revelación que llega a nosotros por la luz del cielo que tiene que iluminarnos para ayudarnos a cambiar. Por eso creo que tenemos que clamar para que ese encuentro poderoso con el Señor se produzca en nuestras vidas, porque de esa forma entenderemos todo lo que por años no hemos entendido, todo lo que nos parecía imposible, se hará posible por el poder que opera en nosotros.

SOMOS LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO (VS. 17).- Ananías fue donde estaba Saulo y dice el relato que impuso sus manos sobre él para que sea lleno del Espíritu Santo. Y una conversión verdadera trae aparejada una llenura del Espíritu del Señor; es el poder que nos ayuda a vencer y a obedecerle al Señor. Muchas veces en vez de anhelar recibir ese poder del cielo, por el contrario lo ahuyentamos con nuestras malas conductas y malos pensamientos. Si estamos en el proceso de conversión verdadero, vamos a anhelar ser llenos del poder del cielo. No pensemos que ese poder fue solamente para Pablo y los apóstoles. Ese poder sigue operando hoy; es el que nos ayuda a seguir adelante, es el que nos guía a toda la verdad del  Señor. Ser llenos del Espíritu Santo es una de las señales más importantes de nuestra conversión.

COMENZAMOS A VER LA VIDA DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL SEÑOR (SE LE CAYERON DE LOS OJOS COMO ESCAMAS) (VS. 18).- La biblia dice que luego que Ananías impuso sus manos sobre Saulo, al momento se le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista. Queridos hermanos: cuando vivimos sumergidos en el pecado es como si estuviéramos cegados; no podemos ver lo que es la vida de Dios, no podemos ver sus propósitos, no podemos ver su anhelo de salvarnos. El pecado nos ciega. Pero cuando nos encontramos con la luz del poder de Dios, se nos caen las escamas de nuestros ojos, de nuestra vida, de nuestro entendimiento y comenzamos a ver la vida como Dios quiere que la veamos.

CUMPLIMOS CON EL MANDATO DEL BAUTISMO (VS. 18).- Por último vemos la obediencia en Saulo que pasa por las aguas del bautismo conforme al mandato del Señor Jesús. Cuando nuestra conversión es verdadera obedecemos pasando por las aguas del bautismo y el Señor se encarga de hacernos entender los pasos que estamos dando como hijos suyos.

CONCLUSIÓN: Como dijimos, la conversión es un proceso que se va dando a lo largo de toda nuestra vida. Miremos hacia nuestro interior, hacia nuestro corazón y si hay cosas que tienen que ser cambiadas pidámosle al Señor que venga a nuestro encuentro así como lo hizo con Saulo para que nuestras vidas sean transformadas. Una conversión verdadera, como la de Saulo, se da cuando tenemos un encuentro profundo con el Señor Todopoderoso. Clamemos por ese encuentro si no lo hemos tenido; y si lo hemos tenido, roguemos que siga obrando en nosotros y en nuestro corazón hasta que lleguemos al final del camino.