CÓMO PUEDE SER NUESTRO CORAZÓN

INTRODUCCIÓN: Una de las cosas que nos enseña la Palabra de Dios, aparte de conocer al Señor, es la de aprender a conocernos a nosotros mismos. Pienso que cada uno de nosotros tiene siempre una apreciación incompleta de sí mismo, un conocimiento parcial; por ejemplo, puede ser que veamos solamente lo bueno de nosotros y no aquellas cosas o actitudes que debemos cambiar. Es que dentro de nuestra naturaleza reside la semilla del pecado que se encarga de que no veamos totalmente la realidad de nuestro corazón; y cuando hablamos del corazón nos referimos a aquella parte de nuestro ser que tiene que ver con la mente, las emociones, las actitudes, los sentimientos y pensamientos. Hay un pasaje en la palabra de Dios que dice lo siguiente: “El corazón es engañoso y perverso, más que todas las cosas. ¿Quién puede decir que lo conoce?” Jer. 17:9. Esto afirma lo que decíamos acerca de que muchas veces no conocemos todo de nosotros. Hace falta que nuestro espíritu sea despertado para que reflexionemos y veamos la condición de nuestro perverso corazón y así cambiarlo. Y el versículo que sigue, dice: “Lo conozco yo, el Señor, que escudriño la mente y pongo a prueba el corazón; que pago a cada uno según su conducta y según el resultado de sus obras”. Jer. 17:10. Aquí está el secreto para que aprendamos a conocer nuestro corazón: “Ponerlo bajo la luz del Señor para que nos ilumine, porque Él sí lo conoce; y así poder ver nuestra verdadera condición”. Hoy deseo meditar acerca de cómo puede ser nuestro corazón.

TEXTOS: Ezequiel 11:19; 36:26; Mat. 15:8; Jer. 12:2; Rom. 2:5; Heb. 10:22; Sal. 51:17; 1ra. Reyes 3:9.-

DESARROLLO:

La Palabra de Dios nos habla mucho acerca de nuestro corazón. En Deuteronomio 32:46 leemos: “y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley”. Y en Proverbios 4:23 “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. En estos dos versículos podemos ver la importancia que Dios le da al corazón: En el primero le dice a su pueblo que aplique su corazón a todas sus palabras. “Aplicar” significa poner en práctica los procedimientos adecuados para conseguir un fin. En este caso el Señor nos dice que pongamos en práctica o pongamos por obra la Palabra que Dios nos habla para que nuestro corazón sea cambiado. Y en el segundo versículo el Señor nos recomienda que guardemos nuestro corazón porque de él mana la vida. La Biblia nos habla de algunos tipos de corazón de acuerdo a las características que tiene y al meditar en ellos deseo que cada uno pueda examinarse a sí mismo:  

EL CORAZÓN DE PIEDRA Y DE CARNE (Ezequiel 11:19 y 36:26).- Aquí el Señor le habla a su pueblo diciendo que Él cambiará el corazón de piedra por un corazón de carne. Un corazón de piedra nos habla de una persona insensible, de alguien frío e indiferente. Muchas veces vivimos situaciones en la vida que nos hacen endurecer el corazón y nos convertimos en personas frías e indiferentes, en personas que no saben perdonar y llenas de rencor. A Dios no le gusta que tengamos un corazón de piedra. Él promete cambiar al corazón de piedra, pero siempre y cuando nosotros lo dejemos; y esto nos muestra que hay veces que no queremos cambiar el corazón de piedra. Pareciera como si acariciáramos permanecer de esa manera y no cambiar. Para que Dios obre debemos dejarlo intervenir en nuestras vidas; debemos dejarlo obrar. Y si le permitimos, Dios va a quitar ese corazón de piedra y poner un corazón de carne. La persona que tiene un corazón de carne, es una persona que es tierna y tiene compasión de los demás; que sabe perdonar y aceptar a los demás. La pregunta que debemos hacernos es: “¿Qué corazón quiero tener: uno de piedra o uno de carne?”.

EL CORAZÓN QUE ESTÁ LEJOS DE DIOS (Mateo 15:8 y Jeremías 12:2).- En esos pasajes podemos ver que el Señor mismo declara que su pueblo lo honra de labios, pero su corazón está lejos de Él. Volvemos a ver en este pasaje la importancia que el Señor le da al corazón. Y esto nos muestra que podemos venir a la iglesia, cantar, escuchar la palabra, hacer todo la liturgia posible pero con el corazón lejos de Dios. El corazón lejos de Dios nos habla de una persona distante; de una persona que sigue al Señor de lejos, donde dice una cosa y hace otra. Y eso que hace son cosas que lo alejan del Señor y de su presencia. Dios no quiere que tengamos un corazón distante, un corazón que está lejos de Él; no desea que seamos personas que solamente hablamos y hablamos, pero no hacemos su voluntad. El no hacer la voluntad de Dios nos hace personas con un corazón lejos de Él. Si hoy has venido y sabes que tu corazón es un corazón que está lejos del Señor, es el momento de tomar tu corazón y volver al Señor, volver a la casa de tu Padre como hizo el hijo pródigo. Es el momento de que vuelvas en sí y que acerques tu corazón al corazón del Padre amoroso y bueno. Hoy el Señor te ha traído para eso.

EL CORAZÓN NO ARREPENTIDO (Romanos 2:5).- Aquí el apóstol Pablo habla de que por la dureza y por el corazón no arrepentido, una persona atesora ira para el día de la ira de Dios. Un corazón no arrepentido nos habla de una persona que todavía no tiene la actitud correcta hacia el Señor. Como sabemos, el arrepentimiento es un cambio en nuestra actitud hacia Dios y hacia el pecado que se demuestra en una toma de conciencia que lleva a la persona a lamentarse por haber ofendido a Dios y desea ahora caminar tomado de la mano del Señor. Cuando una persona no se ha arrepentido, no demuestra reverencia ni temor a Dios; no le interesa cambiar y vive desafiando a Dios por la soberbia que tiene. Esta actitud soberbia y desafiante hace que se vaya acumulando ira de parte de Dios para él en el día del juicio, momento en que será juzgado con la severidad que corresponda por su actitud tomada. Queridos hermanos: si alguno de nosotros nos encontramos en esta situación debemos volver al Señor para que se detenga su ira y no nos alcance. Dios nos libre de no arrepentirnos de nuestros pecados, Dios nos libre de no hacer caso cuando nos está diciendo que cambiemos y no cambiamos nuestras conductas, Dios nos libre de su ira.  

EL CORAZÓN ENTENDIDO (1ra. Reyes 3:9).- Aquí podemos ver como el rey Salomón le pide al Señor sabiduría para gobernar a su pueblo. Y dice: “Da, pues, a tu siervo un corazón entendido”. Un corazón entendido nos habla de una persona, como vemos aquí, llena de sabiduría; pero no de la sabiduría humana, sino de la sabiduría de Dios. Podemos leer en Santiago en qué consiste la sabiduría de lo alto, la sabiduría que viene de Dios. Santiago 4:13-18. Aquí habla el apóstol y dice que debemos mostrar por nuestra buena conducta nuestras obras en sabia mansedumbre. La sabiduría que viene de Dios nos enseña a ser mansos. Y un corazón entendido muestra mansedumbre. Pero luego Santiago habla de la sabiduría que es terrenal y diabólica. Esa sabiduría se manifiesta por celos amargos y peleas. Cuando vivimos discutiendo y tenemos un espíritu de contienda, no demostramos la sabiduría de Dios; sino la sabiduría del infierno. Donde hay celos, discusiones y contiendas hay toda obra perversa. Si somos de estar discutiendo y queriendo imponer lo que a nosotros nos parece, tenemos que pedirle perdón al Señor y que nos cambie. La principal característica del corazón entendido y lleno de sabiduría es la mansedumbre. Si te das cuenta que tienes un espíritu que vive en contiendas y discusiones, hoy el Señor te ha traído para hablarte al corazón. Ve al altar de Dios y pídele perdón al Señor.

EL CORAZÓN SINCERO (Hebreos 10:22).- El escritor a los Hebreos dice aquí que nos acerquemos a Dios con corazón sincero. El origen de la palabra proviene del latín sinc?ru, y ya al menos Cicerón (siglo i a. C.) lo usó con el mismo significado que se le suele dar hoy en día (DLE: «modo de expresarse o de comportarse libre de fingimiento»). Es decir que un corazón sincero nos habla de una persona que no necesita ocultar nada; y es alguien que habla sin disfrazar lo que piensa, es franca, dice las cosas sin malicia, hace las cosa sin maldad, es sencilla y sin doblez la gente lo considera transparente y sana. Y esta es la forma en que Dios quiere que nos acerquemos a Él: con sinceridad, no pretendiendo ocultarle nada; sino por el contrario, dejando que su luz penetre en nuestras vidas y cambie todo aquello que haya que cambiar. Seamos sinceros en toda nuestra manera de vivir que es la forma de acercarnos a nuestro Padre Celestial.

EL CORAZÓN CONTRITO Y HUMILLADO (Salmos 51:17).- Dice David en este pasaje que el Señor no desprecia al corazón contrito y humillado. El salmista había cometido un gran mal cuando escribe este salmo, y él sabía bien de qué estaba hablando porque estaba verdaderamente arrepentido. El corazón contrito nos habla de una persona que siente tristeza por haber fallado al Señor y tiene relación directa con el arrepentimiento. Esta no es una tristeza pasiva, donde la persona queda quieta y sin hacer nada; sino que es una tristeza que la lleva a hacer algo para cambiar esa realidad y eso que hace es cambiar su actitud hacia el Señor y su voluntad; es decir que esa tristeza lo lleva a arrepentirse y cambiar. También nos habla el pasaje del corazón humillado. Y esto nos habla de una persona que se acerca a Dios bajando su orgullo y altivez, y reconoce la autoridad del Todopoderoso como el dueño de su vida. Dice el pasaje que Dios no desprecia, no rechaza a un corazón contrito y humillado. Esta es la forma correcta como debemos acercarnos al Señor: contristados por todo el mal que hemos hecho y humillados dejando de lado nuestra altivez e inclinándonos delante de nuestro Hacedor. Hoy el Señor te ha traído para que le entregues tu corazón contrito y humillado, y lo sanará y lo transformará para su gloria.

CONCLUSIÓN: La Palabra de Dios nos dice que Él mira el corazón. Hoy el Señor nos ha hablado para que meditemos cómo está nuestro corazón. Todos tenemos cosas que cambiar y mejorar. Dios hoy nos ha traído para hablarnos al corazón. Busquemos tener el corazón que le agrada al Señor.