LAS VESTIDURAS DE LA NUEVA VIDA

INTRODUCCIÓN: Es importante saber y entender que para Dios el amor al prójimo es tan importante como el amor que podamos tener hacia Él. Tan es así que en Mateo 22:34-40 Jesús habla del primer y gran mandamiento, y luego añade el segundo, diciendo que es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Nuestra comunión con Dios y con los demás tienen una relación de efecto directo; y a esto lo sabemos aunque vamos a repetirlo: No puedo estar bien con Dios si tengo sentimientos malos hacia mi prójimo y no puedo estar bien con mi prójimo, si tengo malos sentimientos hacia el Señor. Por eso dice Jesús en Mateo 5:23-24: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y ve y reconcíliate primero con tu hermano, y después de eso vuelve y presenta tu ofrenda”. Este problema, que todos podemos tener, en algún momento tenemos que solucionarlo porque Dios lo manda así; y si queremos ser obedientes al Señor y hacer su voluntad, tenemos que arreglarlo. Dice Jesús: “Ve y reconcíliate”. Reconciliarse es la acción de restablecer la unión y la amistad entre los que estaban desunidos. Para ello, el Señor, a través de la obra de su Espíritu Santo, quiere ayudarnos a que cultivemos y hagamos germinar algunas cualidades que nos ayudarán en el desarrollo de nuestras relaciones con el prójimo. El asunto es estar dispuestos a corregirnos y tener un deseo genuino de cambiar nuestra actitud hacia aquellos con los cuales nos cuesta relacionarnos, porque si no queremos vamos a sumergirnos en una amargura que puede contaminar, como dice Hebreros, a otros que nos rodean. Por eso hoy quería que viéramos un pasaje que nos ayudará a meditar sobre algunas cualidades que deberíamos buscar para vivir en armonía con los demás.

TEXTO: Colosenses 3:12-13

DESARROLLO:

En los versículos anteriores, el apóstol Pablo viene hablando de la vida antigua, sin Dios, y la nueva, que tiene que ver con lo que Dios espera de aquellos que le han conocido. Y exhorta a los hermanos diciéndoles: “Vestíos”. La palabra griega que corresponde a esto es “endúo” y significa “hundir en un vestido”. También investir, revestir, vestir, poner. El sentido es “ponerse la ropa o la indumentaria” de un escogido de Dios”. Esto implica una acción de parte nuestra poniendo de nuestra voluntad y rogándole al Espíritu Santo que nos ayude. El apóstol comienza a enumerar algunas cualidades que desea que los hermanos tengan y que vamos a ver a continuación:

La santidad. El apóstol les dice a los hermanos que son escogidos por Dios. Y una persona escogida por Dios se caracteriza por ser una persona santa, o sea, consagrada y separada para Él. La santidad se muestra a través de nuestros actos de obediencia a lo que el Señor nos revela y nos muestra en su Palabra. Otra característica de la santidad es que nos da un sentido de pertenencia, o sea, que le pertenecemos al Señor. Esto significa que ya no podemos hacer lo que se nos da la gana con nuestras vidas. En 1ra. Cor. 3:17 Pablo dice que somos templo del Dios viviente, y que si destruimos el templo donde Dios quiere habitar, Él nos destruirá a nosotros. Pero también dice el apóstol a los hermanos que se vistan o que vivan como amados por Dios. Cuando nos sentimos amados y valorados por otros comenzamos a ver la vida de una manera positiva, con alegría y con esperanza. Asimismo, el sentirnos amados por Dios nos da una nueva perspectiva de la vida a la cual podemos ver con alegría y fe. Saber y percibir que Dios nos ama nos fortalece para seguir adelante. Pensemos y reflexionemos acerca del amor que Dios nos tiene porque eso nos ayudará a seguir adelante con nuevas fuerzas.

La misericordia.  Pablo les dice a los hermanos: de entrañable misericordia. Esta palabra entrañable quiere decir “que sale de las entrañas”, “que sale de lo más profundo de nosotros”. Y dice el apóstol que nuestra vestimenta debe contener profunda misericordia por los demás. La misericordia es la inclinación a sentir compasión por los que sufren y ofrecerles ayuda. Hoy estamos en un mundo que es frío e indiferente a las necesidades del prójimo. Y eso muchas veces se introduce en la iglesia. La indiferencia es un impedimento para que la misericordia se desarrolle en nuestras vidas. Muchas veces tenemos que comprender muchas de las conductas que tenemos mirando nuestro interior y nuestras vivencias, porque una mala experiencia de vida puede dejarnos marcados con el frío de la indiferencia; cuando somos indiferentes no nos importa nada ni lo que piensan los demás; todo gira alrededor de mí. Y heridas en nuestro interior, pueden ser el impedimento para que sintamos compasión por otros. Clamemos al Señor para que ponga un corazón de carne en nosotros y sane nuestras heridas. En el salmo 147:3 leemos: “El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas”. ¿Cuál es el quebranto que hoy hay en tu corazón, cuál es tu situación de vida? El sana y sanará tus heridas. Cuando eso ocurra percibirás la misericordia salir de lo profundo de tu ser hacia otros; cuando Dios te sane comenzarás a entender muchas de las situaciones que otros sufren.

La benignidad.  Pablo les dice a los hermanos que se vistan de benignidad. Podemos definir lo que es la benignidad. En primer lugar, no significa que uno tenga el carácter débil o que tenga falta de convicciones. Es más bien, ser apacibles en nuestro trato; respetuosos con los demás. También es ser pacífico, gentil, sin rencores y amables con los demás (Lc. 6:35).La benignidad es parte del fruto del Espíritu Santo. La finalidad de ser benigno es dar gloria a Dios. Jesús enseñó en el Sermón del Monte que los cristianos somos luz en un mundo que día a día se oscurece más, con el fin de que todos los de nuestro alrededor vean y den gloria a Dios por nuestras buenas acciones (Mt. 5:16). El único que puede darnos la gracia para vivir agradablemente es el Espíritu. Cuando somos benignos poseemos cualidades positivas como simpatía, comprensión, buena voluntad con las personas que nos rodean, podemos decir que somos buenos amigos porque tenemos buenas intenciones; somos sinceros, comprensivos y tolerantes. La benignidad nos ayuda a tener una estabilidad emocional fundamental para ayudar a otros que puedan estar sufriendo en diferentes aspectos de su vida. ¿Estamos siendo benignos?

La humildad y la mansedumbre. La lista sigue diciendo que se vistan de humildad y de mansedumbre. Dice Jesús en Mateo 11:29: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas”. La humildad es una cualidad que consiste en poder reconocer las debilidades y fallas de uno mismo, y actuar en consecuencia. Cuando somos humildes conocemos nuestras propias limitaciones y no tenemos vergüenza de pedir ayuda o reconocer que no sabemos hacer algo. Dice Pablo que ninguno tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. La cualidad que nos hace pensar de nosotros mismos con cordura es la humildad. Pero también dice Jesús que aprendamos a ser mansos. La mansedumbre es la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Cuando somos mansos tenemos un carácter apacible, sin altivez o vanidad. La mansedumbre nos predispone mentalmente a sufrir con paciencia las ofensas que recibimos sin irritación, resentimiento o ánimos de venganza. La mansedumbre está estrechamente enlazada con otras cualidades, como la humildad y la amabilidad. Muchas veces tenemos reacciones que muestran nuestra falta de mansedumbre. Tenemos que aprender a hablar aún con mansedumbre: “La blanda respuesta aplaca la ira”. Proverbios 15:1. Clamemos al Espíritu Santo que nos ayude a no hablar de más para no ofender ni herir. Clamemos por humildad y mansedumbre.

La paciencia. Luego dice Pablo que se vistan de paciencia. La paciencia es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse. Ser paciente no es solamente saber esperar, sino saber esperar estando sujeto a presión. Bajo las pruebas aprendemos a ser pacientes. La paciencia nos ayuda a heredar las promesas de Dios (Hebreos 6:12). Cuando Jesús habla de las señales antes del fin, en Lucas 21:19 dice: “Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”. Es que en los últimos tiempos, como sabemos, el amor de muchos se enfriará por haberse multiplicado la maldad. Va a ser en esos momentos que aquellos que sean pacientes para soportar la prueba serán salvos. La paciencia es una fortaleza que nos permite estar firmes. Pidamos al Señor que aprendamos a ser pacientes.  

Soportar y Perdonar. Soportar es recibir algo que ejerce fuerza o presión, en este caso, sobre nosotros, y que no nos mueve y no nos produce daño ni alteración. En este caso el apóstol habla de soportarse los unos a los otros, no dejando que una mala relación o situación con otra persona nos altere de tal forma que nos alejemos de los caminos Señor. Hay muchas situaciones desagradables y dolorosas que surgen en nuestras relaciones con otras personas. Pablo nos llama a soportar esas situaciones y a esas personas con amor. Cuando soportamos también renunciamos a todo pensamiento de venganza o revancha contra los demás. En Proverbios 24:29, dice: “No digas: Como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra”. Pero también dice: Perdónense unos a otros de la manera que Cristo los perdonó. El perdón que Dios nos ha dado es para que recordemos de dónde nos ha sacado el Señor, y Él nos ha sacado de la muerte eterna. El saber perdonar es aprender a valorar lo que Dios ha hecho por nosotros. Nuestro perdón debe ser “de todo corazón”. Del corazón mana la vida dice Proverbios. Por lo tanto cuando nosotros perdonamos de todo corazón significa que transmitimos vida. Algo para meditar: ¿Cómo es nuestro perdón? Un corazón perdonador es para nuestro Padre como un perfume grato. En el Padre Nuestro decimos: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos. Es decir que de la manera que nosotros perdonamos, Dios nos perdonará a nosotros. Perdonar de todo corazón es poner en práctica el amor.

CONCLUSIÓN: Tomemos las vestiduras de la nueva vida en Cristo que son estas cualidades que hemos visto y ellas nos ayudarán a mantener una buena relación con los demás. Clamemos para que ellas estén en nuestras vidas y podamos ser obedientes al Señor. No nos vayamos en esta mañana como hemos venido. Roguemos al Señor que nos asista.