A QUIEN RESISTIR

INTRODUCCIÓN: Una de las cosas que creo que requiere el andar en los caminos del Señor, es tener la determinación de hacerlo. Si no hay determinación no nos afirmamos nunca. Y una determinación es una decisión que se toma para hacer alguna cosa. En nuestro caso es la decisión que tomamos de seguir al Señor. A partir de nuestra decisión el Señor se encarga de hacernos conocer su bendita voluntad a través de sus palabras y enseñanzas, mostrándonos el camino que Él desea que elijamos. El problema es que muchas veces no elegimos el camino correcto. Hay muchas cosas que se van presentando al transcurrir el tiempo en nuestras vidas y que nos hacen errar. Son muchas las determinaciones que podemos tomar, y de ellas depende en definitiva nuestro futuro en cuanto a nuestra relación con Dios. Hay una canción muy famosa que se titula “Resistiré”. Y la palabra “resistir” incluye una de las determinaciones que algunas veces nosotros tomamos. Significa “oponerse, con fuerza y vehemencia, a hacer, permitir o consentir algo”. El asunto es que tenemos que aprender a quien o a qué resistir y a quien o a qué no hacerlo. Muchas veces resistimos cuando no tenemos que hacerlo y no resistimos cuando sí tendríamos que hacerlo. Y partiendo de esta palabra, deseo meditar hoy en dos pasajes que nos ayudarán a ver nuestra posición y las actitudes que muchas veces tomamos en nuestro caminar diario.

 

TEXTOS: Santiago 4:7; Hechos 7:51.-

 

DESARROLLO:

Decía recién que muchas veces no resistimos cuando tendríamos que hacerlo, y resistimos cuando no lo tendríamos que hacer. Estos dos pasajes dicen lo siguiente:

 

 “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Santiago 4:7

 

“!!Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros”. Hechos 7:51

 

Estos dos pasajes nos hablan de “resistir”; y muchos de los problemas que tenemos en la vida cristiana tienen que ver con que resistimos a quien “no” tendríamos que resistir; y no resistimos a quien “sí” tendríamos. Muchas veces resistimos a que Dios obre en nosotros, a su trato, a su voluntad, a aquellas puertas que se nos cierran, a venir a su casa, a la comunión con Dios, etc. y le abrimos la puerta al enemigo y a caer en la tentación, a los pensamientos que nos destruyen, a hacer todo lo que el mundo nos muestra, a vivir en rebeldía y fuera de la autoridad de Dios; en definitiva, a todo lo que tendríamos que resistir; y cuando esto ocurre nos damos cuenta que estamos mal, que las cosas nos salen mal; y es porque resistimos equivocadamente. Pero continuando con la meditación, quisiera que viéramos ¿Cómo resistimos al enemigo? Y ¿Cómo es que podemos resistir al Espíritu Santo?

 

¿CÓMO RESISTIMOS AL ENEMIGO?

 

Leyendo y asimilando la Palabra de Dios.- Jesús nos enseñó cómo resistir al diablo y es a través de la Palabra de Dios. Ella es la espada del Espíritu. No se puede vivir sin escudriñar las Escrituras. Para un cristiano, la palabra es como el pan diario; es el alimento y nuestra fortaleza. No podemos ignorarla y dejarle de prestar atención. Erramos porque no obedecemos a la Palabra del Señor ni a sus consejos. Si descuidamos nuestra relación con la palabra de Dios somos una puerta abierta para que el enemigo entre y haga lo que quiera con nosotros. Pero más que leer la palabra, tenemos que asimilarla en nuestras vidas, aplicarla poniéndola en práctica. Decía el salmista: “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca” Salmos 119:103. Tenemos que escuchar, repetir y enseñar la palabra de Dios.


Usando permanentemente la oración.- Si la Palabra es el pan diario, la oración es el aire que respiramos. Para resistir al enemigo debemos tener el poder de Dios y a ese poder lo da la oración. Jesús mismo se apartaba a lugares solitarios y allí oraba y rogaba a su Padre Celestial. Él nos mostró la necesidad de orar siempre y sin cesar. En Efesios 6:18 leemos “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. En la oración debemos ser perseverantes porque no sabemos en qué momento nos va a atacar el enemigo. Y aun así los ataques vienen, pero el asunto es estar preparados. David dice: “A causa de nuestras tribulaciones clamaremos a ti y tú nos oirás y nos salvarás”. Muchas veces nuestras tribulaciones están presentes para que clamemos al Señor. No desmayemos. Pidámosle al Señor que nos dé un espíritu de oración permanente para poder resistir en el día malo, en el día de la prueba y de la batalla.


Estando bajo la guía y la autoridad del Espíritu Santo.- En Romanos 8:14 dice que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios”. Cuando estamos bajo la guía del Espíritu Santo y bajo su autoridad, estamos resistiendo al diablo. Estar bajo esa guía y esa autoridad es como tener una cobertura de su gracia sobre nosotros. Cuando somos dóciles y humildes a la guía del Señor, Él nos respalda, y percibimos que agradamos su corazón. El Espíritu Santo opera tocando nuestras conciencias e iluminándonos para que veamos lo que tenemos que cambiar en nuestras vidas. Reconocer la autoridad del Señor sobre nuestras vidas a través de nuestra fidelidad, muestra que resistimos toda obra del enemigo.  


Practicando y viviendo el amor a Dios y a los demás.- Dice Pablo que el amor es el más importante que la fe y la esperanza. Y Cristo enseñó que debemos amar al Dios por sobre todas las cosas y también nos enseñó que amar al prójimo como a nosotros mismos es parte de su voluntad. Cuando ponemos en práctica el amor, resistimos al diablo porque a él no le gusta que nos llevemos bien, ni permanezcamos unidos, no le gusta que nos amemos de verdad, sino que finjamos. Por eso su obra es la de dividir y la de romper la unidad del pueblo de Dios. Cuando hacemos todo lo posible por estar unidos, amándonos y respetándonos, estamos resistiendo al enemigo; cuando le pido perdón a mi hermano o a quien sea por haberle ofendido, estamos resistiendo al enemigo; cuando clamamos con todo nuestro amor por los hermanos o por alguna otra persona, estamos resistiendo al enemigo. Y qué decir de venir a la casa de Dios y permanecer en la comunión de los hermanos: esto es resistir al diablo. Viviendo y practicando el amor resistimos al diablo.


¿CÓMO ES QUE PODEMOS RESISTIR AL ESPÍRITU SANTO?

Pero también, como leemos en este pasaje de Hechos, podemos vivir resistiendo al Espíritu Santo. ¿Y cómo lo hacemos? Mediante actos de desobediencia a Dios como por ejemplo:


Tener en poco su Palabra.- En 2da. Samuel 12:9, el profeta Natán amonesta a David por haber pecado con Betsabé, y le dice lo siguiente: “¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?” Y queridos hermanos, a nosotros también nos puede pasar lo mismo cuando tenemos en poco la palabra del Señor. Dios ha hecho todo y sigue haciendo todo porque nos ama como nadie. Él espera que procedamos al arrepentimiento. Pero nosotros muchas veces seguimos teniendo en poco su palabra, su amor y su obra. Cuando la palabra nos entra por un oído y nos sale por el otro, estamos teniendo en poco su palabra. Quizá nos excusemos diciendo que no entendemos, pero en realidad es que no queremos cambiar, porque el llamado de Dios a seguirle es simple: hacer lo que nos manda y obedecerle. No nos damos cuenta que estamos resistiendo al Espíritu Santo cuando obramos de esta manera. Si hoy hemos venido con esta actitud, sin la disposición de querer cambiar, pidámosle al Señor que nos toque el corazón porque es que aún estamos resistiendo al Espíritu Santo.


Alejarnos de la comunión con Dios y con los hermanos.- Decíamos recién que una de las cosas que nos mantiene vivos espiritualmente es la oración porque es como el aire que respiramos. Cuando dejamos la oración y la comunión con Dios, comenzamos a deslizarnos hacia lugares peligrosos, lejos del Señor. Y luego nos alejamos de la iglesia, de la comunión con los hermanos. Hebreos 10:25 dice: “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”. En 2da Corintios 2:11 leemos: “no vaya a ser que Satanás se aproveche de nosotros, pues conocemos sus malignas intenciones”. El enemigo es muy astuto y produce situaciones para separarnos de la iglesia y de los hermanos. Crea enemistades, rencores y pensamientos hacia otras personas para que nos aislemos y vivamos distanciados. Entonces ya no queremos venir a la casa de Dios porque no quiero ver a esa persona que no puedo soportar. Y ese engaño se mete en nuestra mente sin entender que nuestro enemigo no es el hermano sino el diablo. Tenemos que orar cada día más para mantenernos unidos y juntos. Si no lo hacemos, nos vamos alejar de la comunión. Otras veces nos alejamos del congregarnos porque nos tira buscar satisfacer nuestra carne y deseos. Pero no nos damos cuenta que somos nosotros los que perdemos porque no conocemos los caminos del Señor y puede pasarnos cualquier cosa en nuestra vida y perder la salvación por haber resistido al Espíritu Santo. Alejarnos de la casa del Padre muestra que estamos resistiendo a su Espíritu Santo.


Ir a lugares donde no tendríamos que ir y compartiendo cosas que no convienen con amistades que no convienen.- En Proverbios 5:21 leemos: “Pues los caminos del hombre están delante de los ojos del Señor, y El observa todos sus senderos”. Aquí dice que el Señor observa nuestros caminos, a donde vamos, con quien estamos, etc. Y queridos hermanos hay lugares a los cuales no tendríamos que ir, y compartimos muchas veces con personas que no tenemos que compartir; amistades que no nos convienen y que nos arrastran fuera de la voluntad de Dios. Muchas veces por no ofender o no tener una situación incómoda, nos mantenemos con amistades que nos hacen mal y nos están reteniendo para que no volvamos a los caminos del Señor. Si estamos en alguna de estas situaciones, estamos resistiendo al Espíritu Santo de Dios. Él no puede completar su obra porque seguimos resistiendo. Hoy es el día de cortar toda relación que te aparte de los caminos del Señor.


Acariciando lo que el enemigo y nuestra carne nos incitan al mal.- En 1ra. Tesalonicenses 5:22 dice “Absteneos de toda especie de mal”. Hay cosas que hacemos y que pensamos que sólo Dios puede ver. Las mantenemos escondidas de los demás. Y sabemos que son cosas malas. Aquí dice Pablo que nos abstengamos, que dejemos de hacer y pensar cosas malas. Querer esconder cosas malas que practicamos y que acariciamos, nos hacen resistir a la obra del Espíritu Santo. Purifiquémonos delante del Señor de toda especie del mal para no resistir más a la obra del Espíritu Santo.


Manteniendo un corazón duro y rebelde.- En Salmos 95:8 leemos: “No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto…” Y queridos hermanos cuando mantenemos un corazón duro y rebelde, estamos resistiendo a la obra del Espíritu Santo. Un corazón de estas características es aquel que no acepta ninguna observación, que no quiere cambiar, que no le gusta que le digan nada y piensa que siempre tiene la razón. Es un corazón que le echa la culpa a Dios y a las otras personas de todo lo que le pasa y no está dispuesto a cambiar de su posición y actitud hacia Dios ni hacia los demás. Se trata de un corazón que ha dado lugar a la amargura. Pero si ese corazón hoy se humilla delante del Señor; reconoce su condición y pide perdón, alcanzará la misericordia eterna del Altísimo Dios.

 

CONCLUSIÓN.- ¿A quién vamos a resistir? ¿Al enemigo o al Espíritu Santo? ¿Cuál va a ser nuestra actitud hacia el Señor? Hoy es un día en que puedes tomar la determinación de seguir al Señor con todo tu corazón, resistiendo al diablo y no a su Espíritu de Amor.