LIMPIÉMONOS DE TODA CONTAMINACIÓN

INTRODUCCIÓN: Indudablemente por todo lo que podemos ver, estos son tiempos muy peligrosos y difíciles para los cristianos, ya que la lucha que tenemos en nuestras vidas, una de ellas contra nuestra carne, se hace muy intensa y tenemos que estar revestidos con toda las armas que Dios nos da para resistir y, como dice Pablo, habiendo acabado todo, estar firmes. Dice Romanos 8:5-9.- “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.  Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Como dice aquí, a esta lucha no la podemos enfrentar nosotros solos. Necesitamos la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas; la misma presencia del Señor obrando en nuestro corazón. Dios tiene un deseo y ese deseo es morar, habitar, andar en medio de su pueblo. Pero para que nuestra vida sea una casa donde el Señor habite tenemos que mantenerla limpia y pura con los elementos que el Señor nos da: Su Palabra, su Espíritu Santo y la oración. Hoy quisiera que viéramos un pasaje que nos ayudará a ver algo acerca del deseo que Dios tiene de que mantengamos nuestra vida pura para Él.

TEXTO: 2da. Cor. 7:1

DESARROLLO:

Proverbios 16:32.- “Ser paciente es mejor que ser valiente; es mejor dominarse uno mismo que tomar una ciudad”.

1ra. Timoteo 1:7.- “Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

El dominio propio es la capacidad que nos permite controlarnos a nosotros mismos, nuestras emociones y no que estas nos controlen a nosotros. Nosotros somos los actores de nuestra vida ya que de las pequeñas y grandes elecciones depende nuestra existencia; tenemos la importante posibilidad de hacer feliz o no nuestra vida, a pesar de los acontecimientos externos. Esos acontecimientos no son los que manejan nuestra vida, sino nosotros mismos, como sujetos activos manejamos nuestra felicidad dependiendo de la interpretación que hacemos de ellos. Somos lo que pensamos y si aprendemos a controlar nuestros pensamientos también así podremos controlar nuestras emociones. Al sentimiento, lo podemos definir como una reacción física a un pensamiento. Si no tuviéramos cerebro no sentiríamos, con algunas lesiones en el cerebro no se siente ni el dolor físico. Todas las sensaciones llegan precedidas por un pensamiento y sin la función del cerebro no se pueden experimentar sensaciones. Si se controlan los pensamientos, las sensaciones y sentimientos vienen de los pensamientos, entonces ya se es capaz de tener un dominio propio o autocontrol. Pero en estos versículos nosotros podemos ver que en Dios podemos lograr esta virtud de tener dominio propio por su obra en nuestras vidas. Para un cristiano, esta cualidad va mucho más allá de controlar nuestro temperamento. Para un cristiano, el dominio propio se trata de resistir la tentación de quebrantar la ley de Dios (incluyendo perder los estribos) y reaccionar ante otros sin demostrar el fruto del Espíritu Santo en nuestros pensamientos y acciones. Toda acción comienza en la mente y, por lo tanto, tener dominio propio implica tener control absoluto de nosotros mismos, “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). Nuestra naturaleza humana siempre nos dirá que el pecado es “natural”. En Romanos 7:23, Pablo describe esta tendencia como “otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”. Debemos recordar que lo “natural” es parte de este mundo que está temporalmente gobernado por Satanás el diablo (2 Corintios 4:3-4) y, como cristianos, reconocemos que el dominio propio incluye abstenernos del mal de este mundo. La instrucción de Dios es clara: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17). ¿Qué es el domino propio entonces? Es el esfuerzo continuo de resistir la tentación de volver a lo que el mundo ofrece cuando Dios ya nos ha mostrado su camino espiritual. Es demostrar el fruto del Espíritu en lugar de cometer las obras de la carne (Gálatas 5:19-23).

Pero entrando en el versículo que es el lema: 2da. Cor. 7:1

“Amados míos, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, y perfeccionémonos en la santidad y en el temor de Dios”.

Al comienzo de este versículo comienza diciendo Pablo: “amados, puesto que tenemos tales promesas”. Y más arriba podemos ver cuáles son esas promesas: vs. 16 (Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios y ellos mi pueblo) Vs. 17 (y yo os recibiré) vs. 18 (Seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas).

Es decir que las promesas que tenemos de parte de Dios son que Él será nuestro Dios y nosotros su pueblo, que Él nos recibirá y que Él será como Padre y nosotros como hijos e hijas. Pero por también notamos la condición que tienen estas promesas: que tenemos que salir del medio de donde los demás practican el pecado (del medio ellos), no tocar lo inmundo. Y luego el apóstol dice: Entonces, si queremos que Dios sea nuestro Dios y nuestro Padre, si queremos que Él habite entre nosotros y ande entre nosotros, si queremos ser sus hijos; limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu. LIMPIAR es lavar, Purificar, Desaparecer lo sucio, toda mancha, inmoralidad, lo que no es lícito, lo que no es  bueno, todo lo malo, Desatar, Romper, Soltar; tal como sucede en la vida cotidiana en lo físico, que necesitamos lavar todo lo sucio, lo manchado para mantenernos en buen estado, así debemos hacerlo en lo espiritual, que también se ensucia, se contamina; y si a nosotros no nos agrada vivir en medio de la suciedad, la inmundicia, a Dios tampoco.  

Aquí Pablo habla de “limpiarnos de toda contaminación de carne”, y esto tiene que ver con los pecados relacionados con la inmoralidad sexual y vicios en los que participa nuestro cuerpo. Pablo dice en 2da. Tim. 2:22 “Huye de las pasiones juveniles”. Hay una determinación que tenemos que tomar para salir de todas estas cosas si deseamos agradar al Señor y ser sus hijos, y es cortar con todas estas cosas.

Pero también Pablo dice que “nos limpiemos de toda contaminación de espíritu”. Este tipo de contaminación tiene que ver con lo que adora nuestro espíritu, es decir, toda contaminación de espíritu implica caer en la idolatría. Y aunque no nos arrodillemos ante alguna imagen como en la antigüedad, podemos estar adorando en nuestro corazón a algún ídolo de carne y hueso, a alguna otra persona, o a alguna actividad, o cosa que esté ocupando el lugar del Señor. Todo esto contamina nuestro espíritu y devoción al Señor.

Y el versículo termina: “Perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Perfeccionar es desarrollar, incrementar, completar, madurar, mejorar. El apóstol está llamando a que hagamos algo con nuestra vida de santidad al Señor, y es que la mejoremos y la completemos. Santo significa consagrado y separado para Dios. Y si Él es santo, nosotros también tenemos que serlo, como dice el apóstol Pedro. La santidad se manifiesta mediante nuestros actos de obediencia; o sea que si vamos creciendo en nuestra obediencia al Señor, vamos perfeccionando nuestra vida de santidad. Y termina que esa santidad tiene que ser mejorada en el temor de Dios. ”.  El temor a Dios es la actitud con que una persona reconoce el poder y la autoridad de Dios, a quien reverencia y le rinde el debido respeto. En otras palabras, yo debo vivir en santidad porque respeto y reverencio al Señor. El marco dentro del cual se debe desarrollar mi vida de santidad es el temor al Señor.

 

CONCLUSIÓN: La pregunta es:¿Deseo vivir en pureza y santidad para Él? Por supuesto que hoy puedes ver tu vida y decir: me falta mucho. No importa, porque el Señor ve tu deseo; el deseo de amarle, seguirle y servirle. A través de tu caminar con el Señor, Él irá corrigiendo cosas en tu vida que están mal y enderezando tus sendas. Lo importante es que a partir de hoy comiences a transitar en el camino de limpiarte de toda contaminación de carne y de espíritu.