NO DEJEMOS QUE EL AMOR SE APAGUE

INTRODUCCIÓN: Cuando vemos los tiempos peligrosos que estamos viviendo y la pérdida de muchos de los valores cristianos que el Señor nos ha dejado, tenemos que prestar atención porque implica que nos estamos acercando al final de los tiempos. En el libro de Daniel, en su último capítulo leemos que será un tiempo de mucha angustia, que la ciencia se aumentará y que muchos correrán de aquí para allá. Jesús también hablando de su segunda venida, dice que por haberse multiplicado la maldad el amor de muchos se enfriará. Y queridos hermanos, si se pierde el amor y el respeto entre los humanos, vamos caminando hacia un abismo muy peligroso que puede llevarnos a la autodestrucción. Hoy podemos ver la manifestación de mucha insensibilidad y egoísmo. Muy poco importa la necesidad y la vida del que está alrededor nuestro. Pero cuando volvemos a la Palabra de Dios, vemos que esto no es la voluntad de Dios. Para nosotros, los que hemos creído y experimentado el amor de Dios, hay un llamado a sembrar ese amor con los que están a nuestro alcance. Pero la realidad hoy nos muestra que aún dentro de la iglesia ha entrado esta apatía, esta indiferencia hacia el prójimo. Vuelvo a las palabras de Jesús: “Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12). Hoy quisiera que meditemos en esto: ¿cómo está mi corazón respecto de mi prójimo? ¿Noto que el amor al Señor, a sus cosas y a mi prójimo se está apagando o se ha apagado?

TEXTO: 1ra. Juan 3:11-18; 4:20-21.-

DESARROLLO:

Esta porción de las Escrituras, como podemos ver, está incluida en un subtítulo que dice: Hijos de Dios. Y es que si queremos ser hijos de Dios tenemos que llevar a la práctica el amor. No puedo decir que amo si mi vida demuestra una total indiferencia hacia mi prójimo. La indiferencia describe el estado de ánimo de una persona en el cual no siente atracción ni rechazo, en este caso, hacia alguna otra. A esta indiferencia podemos verla en la parábola del buen samaritano. Fijémonos por un momento en Lucas 10:25-37. Indiferencia 1.- La del sacerdote: viendo al hombre, pasó de largo. Indiferencia 2.- La del levita: viéndole, dice, pasó de largo.- Fijémonos que estas personas formaban parte de la práctica religiosa de Israel. Hoy en día podríamos justificar a estos dos hombres diciendo: “pero si era una trampa para asaltarlo; hoy en día está fea la cosa”. Cualquiera sea la causa por la cual estos dos hombres no se detuvieron a ayudar al herido, podemos ver la indiferencia y la falta de amor y de afecto natural, algo que en este tiempo se manifiesta por todos lados. Pero veamos lo que nos dice esta porción:

1.- EL MENSAJE DE QUE NOS AMEMOS ESTÁ DESDE EL PRINCIPIO (vs. 11).- Así dice el apóstol Juan, por lo tanto a este mensaje debemos prestarle mucha atención; está desde el principio, y es uno de los fundamentos de nuestra vida cristiana. Esta palabra “amemos” viene del griego “agapao”, que a su vez deriva de la palabra “ágape” que todos conocemos. El verbo “Agapao” (amemos) se relaciona con el respeto y la estima. Es un principio de acción y no una acción regida por sentimientos. Pone en acción las facultades superiores de la mente y de la inteligencia. Es decir que aquí el apóstol Juan está diciendo que pongamos en práctica el respeto y el estimar al prójimo poniendo a funcionar nuestra mente y nuestra inteligencia para bendecir a través de acciones a nuestro prójimo. Es interesante destacar también las palabras de Jesús cuando dice lo siguiente en Mateo 7:12: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Es decir que si quiero que me respeten, yo también debo respetar, si deseo que se interesen por mí, yo también debo interesarme por los demás, si quiero que me estimen, debo estimar a los demás, etc. Esto es el fundamento de la ley del Señor en cuanto a relacionarnos con los demás.

2.- NO AMAR Y ABORRECER NOS CONVIERTE EN HOMICIDAS (vs. 12; 15).- En estos versículos, el escritor toma un ejemplo del Antiguo Testamento para hacer reflexionar a los hermanos acerca del amor: El ejemplo de Caín y Abel. Génesis 4:1-10. Este relato nos habla de los hijos de Adán y Eva, que al crecer cada uno tomó una actitud hacia el Señor. Ambos trajeron sus ofrendas delante de Dios pero dice la Palabra que Él miró con agrado, dice la Biblia, a Abel y a su ofrenda; pero con desagrado a Caín y a su ofrenda. Notemos que Dios se estaba fijando primeramente en el corazón de cada uno más que en la ofrenda por eso da el nombre primero y luego habla de la ofrenda de cada uno. Luego ocurre que esta situación hace que Caín por celos se levante contra su hermano y lo mate. Y aquí Juan dice que el que aborrece a su hermano, es homicida. Esta palabra nos parece muy fuerte, pero lo que el Señor quiere dejarnos en claro es que es muy seria. Por eso es que Jesús dice en Mateo 5:23-24.- “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Para Dios nuestras relaciones interpersonales son muy importantes; por eso, en cuanto dependa de nosotros, debemos respetarnos y soportarnos en amor porque un enojo o rencor profundo contra nuestro prójimo, puede convertirnos en homicidas. El significado de “homicida” es persona que ocasiona la muerte de otra persona. Nuestra falta de amor a lo mejor no puede ocasionar una muerte física de otro, pero sí una muerte emocional o anímica; podemos herir las fibras más íntimas de nuestro prójimo. Por eso no dejemos de perdonar y de pedir perdón para que haya paz no solamente entre nosotros sino dentro de nosotros; para que haya sanidad en nuestros corazones y en el corazón de mi prójimo.

3.- EL AMOR EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN ES PONER NUESTRA VIDA POR LOS DEMÁS COMO EL EJEMPLO QUE CRISTO NOS DEJÓ (vs. 16).- El apóstol dice que nosotros hemos conocido el amor al saber que Cristo puso su vida por nosotros.  Y luego dice que nosotros debemos seguir ese ejemplo dando nuestras vidas por los demás. En los tiempos que escribe Juan, la iglesia estaba siendo perseguida; nuestros hermanos eran muertos y arrojados a los leones y muertos de diversas maneras. Seguramente que muchos hermanos de ese tiempo pusieron la vida por otros siguiendo el ejemplo de Cristo. En la actualidad también hay persecución en algunos países u otro tipo de persecución. Pero la palabra y el consejo que tenemos que atesorar es “poner nuestras vidas por los hermanos”. Poner nuestras vidas puede significar acompañar, sostener, orar, cuidar, animar, visitar a algún hermano. El asunto es que cuando damos nuestras vidas de esta manera, con nuestro tiempo, con nuestras oraciones, con nuestra ayuda, estamos reflejando el amor que Cristo tuvo por cada uno de nosotros. Por eso no dejemos de hacer el bien porque de esta manera estamos dando nuestras vidas por los demás.

4.- NUESTRO AMOR DEBE SER MANIFESTADO EN HECHOS Y NO SOLAMENTE EN PALABRAS (vs. 17-18).- Dice el apóstol que si tenemos bienes, y vemos a nuestro hermano tener necesidad, y cerramos nuestro corazón contra él, ¿cómo mora el amor de Dios en nosotros? Es que el amor se demuestra en hechos, en acciones, en actitudes y en gestos de bendición, de generosidad, de amabilidad, de bondad. Dios no quiere que seamos una iglesia fría e insensible, sino ardiente en el Espíritu, haciendo el bien, como decía, por todo lugar donde andemos. No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Lo que habla más que las palabras son las obras de misericordia que podamos hacer en favor de los que están necesitados. Visitémonos, abracémonos, cuidémonos, unos a otros. Por el amor que nos tenemos muchos son los que van a creer. Quitemos la dureza de nuestro corazón, la insensibilidad de nuestras vidas y el estancamiento de nuestra voluntad. El Señor nos dice hoy: “Levántate y resplandece”.

5.- EL AMOR A DIOS Y EL AMOR A LOS DEMÁS SON INSEPARABLES (cap. 4 vs. 20-21).- Dice Juan que decir que amamos a Dios, pero aborrecemos a nuestro hermano, nos convierte en mentirosos; porque ¿cómo vamos a amar a Dios a quien no hemos vistos, sino amamos a los que vemos? El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley de Dios es el amor. Así dice Romanos 13:8. Y es que Jesús ya lo enseño cuando nos dijo que el primer mandamiento es amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; y el segundo es semejante: amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Queridos hermanos: podemos hablar lenguas celestiales, tener profecía, entender todos los misterios y la ciencia, tener toda la fe que pudiera hacer cambiar los montes de lugar, tener la mejor enseñanza, ser los mejores profesionales, repartir todos mis bienes a los pobres, entregarnos para ser quemados, etc.; pero si no tenemos amor, nada somos. Tenemos que volver a nuestro primer amor, y nuestro primer amor es el amor de Dios. Llenarnos de ese amor, rogar por ese amor en nuestros corazones, tener un nuevo bautismo de amor en nuestras vidas.

CONCLUSIÓN: No dejemos que el amor se apague en nuestras vidas. Por haberse multiplicado la maldad el amor de muchos se enfriará. Que podamos decir: Mi amor por el Señor y por el hermano nunca se apagará, nunca se enfriará. “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero el mayor de estos tres es el amor”.