EL PROBLEMA DE NO TENER RAÍCES

INTRODUCCIÓN: Una de las cosas que Dios como Padre desea ver es a hijos que permanecen relacionados a Él; hijos que permanecen en su casa, que se deleitan en estar con Él. Esos hijos saben que el mejor lugar es estar cerca de su Padre. Pero la realidad nos muestra que indudablemente, y a causa de nuestra debilidad humana producida por el pecado, en muchos momentos de nuestras vidas nos alejamos, como nos muestra la figura de la oveja perdida o del hijo pródigo, para tomar nuestros propios caminos, nuestras propias decisiones, hacer caso a nuestros argumentos y criterios. Pueden ser muchas las causas de nuestro alejamiento del Señor: podemos decir que es porque vemos la falla en algún hermano, porque nos cuesta venir a la casa de Dios porque estamos cansados o necesitamos atender nuestros asuntos, porque el domingo quiero dedicarlo a mi familia, porque vemos que las pruebas que tenemos nos sobrepasan, etc. Pero lo cierto que en algún momento aflojamos. Y justamente, lo que hoy deseo que meditemos juntos es acerca de nuestra falta de perseverancia, nuestra falta de permanecer fieles, nuestra tendencia a alejarnos del Señor. Dice la Palabra que Dios conoce nuestra condición y se acuerda de que somos polvo, refiriéndose a nuestra fragilidad y limitaciones. Por eso creo que necesitamos fortalecer nuestras áreas que están débiles, la parte de nuestro carácter que falla a la hora de permanecer unidos al Señor. Y creo también que cada uno de nosotros conoce dónde está su debilidad y su falla. Y lo mejor para fortalecernos es comer del pan de vida que es su Palabra y que es Cristo, el verbo hecho carne.

TEXTO: Mateo 13:5-6; 13:20-21.-

DESARROLLO:

En estos pasajes que leemos podemos ver que el Señor nos habla de la semilla, que es el mensaje de su Palabra. Y dice que parte de esa semilla cayó en pedregales, en un lugar lleno de piedras, y que allí no había mucha tierra. También dice que brotó pronto porque no tenía profundidad de tierra. Y también dice que cuando el sol salió, la planta se quemó, y porque no tenía raíz, se secó. Como sabemos para que una planta crezca, necesita la humedad de la tierra. Si no la tiene, se seca. En este caso la semilla había caído sobre piedras, lo que impedía que las raíces llegaran a la tierra para obtener la humedad necesaria para crecer. Vemos aquí que las piedras eran el impedimento para que la planta creciera normal. De este ejemplo, el Señor saca una enseñanza muy importante y que es la que deseo compartir en esta meditación:

EL MENSAJE DE LA PALABRA DE DIOS ES ESCUCHADO Y RECIBIDO CON GOZO AL MOMENTO (vs. 20).- Primeramente, el Señor al explicar esta parábola, dice que la semilla que cayó en pedregales, ejemplifican a los que escuchan el mensaje de la palabra de Dios y al momento lo reciben con mucha alegría. A lo mejor a nosotros nos ha pasado que cuando escuchamos el mensaje del evangelio por primera vez nos produjo una sensación de mucha alegría, de mucho gozo. Incluso al escuchar otra vez el mensaje y al escucharlo sucesivas veces produce en nosotros esa alegría o ese gozo. Fijémonos que el Señor dice que estas personas sí escucharon el mensaje. Por lo tanto esto nos enseña que nosotros podemos escuchar el mensaje una y otra vez en nuestras vidas pero eso no significa que sigamos fieles al Señor, que estemos relacionados con Él, que tengamos una comunión plena con su Persona. Además, dice Jesús, que estas personas reciben el mensaje; es decir, están de acuerdo, aceptan la palabra pero todo es superficial, como la semilla que cae sobre las piedras y no puede arraigarse porque no hay buena tierra. Hay piedras, hay durezas en ese corazón, que impide a la persona arraigarse. Todo es externo, todo es aparentemente hermoso a la vista, pero hay piedras en el corazón.

PERO EL MENSAJE NO PERMANECE NI DURA (ES DE CORTA DURACIÓN) PORQUE NO HA HECHO RAIZ (vs. 21a).- Por eso dice Jesús que el mensaje no permanece, es de corta duración, no es duradero. Las piedras no permiten a la semilla que haga sus raíces. Fijémonos con atención que aunque la Palabra de Dios tiene poder, el Evangelio es poder, para que obre en una vida tiene que hacer sus raíces, la Palabra tiene que arraigarse. Y esta es la respuesta de por qué muchas veces no podemos perseverar: Hace falta que la Palabra de Dios se arraigue en nuestros corazones, se establezca en nuestras vidas. La raíz  es el órgano de una planta, que carece de hojas y por lo general se encuentra debajo de la tierra, caracterizado por crecer en sentido contrario a la planta, cumpliendo entre otras funciones la de servirle de anclaje, de sostén, al tiempo que absorbe del suelo los nutrientes y agua necesarios para el buen desarrollo de la planta. En nuestras vidas la Palabra de Dios tiene que hacer sus raíces para que no nos caigamos y a la vez permanezcamos anclados en la verdad del Señor, para que estemos firmes en el camino del Señor, y absorbamos el alimento que viene del cielo a través de ella. Queridos hermanos, como siempre decimos, en estos tiempos difíciles tenemos que arraigarnos, es decir, hacer nuestras raíces en el Señor. Dice Efesios 3:17-17.- “Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”. Dice Pablo que él oraba por los hermanos para que Cristo habitara en sus corazones por la fe. Dice también que “a fin de que arraigados y cimentados en amor”. Esta palabra “arraigados” significa “habiendo hecho raíces” o “estando firmes”, “establecidos” en el amor, y para que los hermanos comprendan la dimensión del amor de Cristo que excede a todo conocimiento. Y dice, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Esta palabra plenitud nos habla de llenura, abundancia, restauración. Es decir que para gozar de la plenitud del Señor hace falta estar arraigados, establecidos, firmes. Otro pasaje que nos habla de estar arraigados es Colosenses 2:6-7.- “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. El apóstol anima a los hermanos a andar en Él; es decir, a caminar en sus enseñanzas, en sus mandatos, en la obediencia a su palabra. Y usa aquí la palabra “arraigados”, es decir, “echen raíces” y sus vidas sean edificadas en la persona del Señor. Queridos hermanos tenemos que entender que no hay otra forma para poder permanecer y perseverar en el camino del Señor que arraigarnos en su bendita Palabra, en sus enseñanzas y en sus consejos; sino seguiremos andando de aquí para allá, no nos estableceremos nunca en un lugar y así nunca terminaremos de edificar nuestras vidas ni la de nuestras familias.

 

EL TROPIEZO ES EL RESULTADO DE NO TENER RAÍCES (vs. 21b).- Jesús termina la explicación de este pasaje diciendo que al venir la aflicción y la persecución por causa de la palabra, la persona tropieza. Al no tener raíces, no hay sustentabilidad y nos caemos, perdemos el rumbo. Al no tener raíces en la Palabra de Dios, no hay fe, y cuando viene la prueba nos apartamos, nos alejamos. Esta palabra “tropieza”, significa que la persona se vuelve atrás de su fe. Ya se olvidó del mensaje que había escuchado, y perdió la alegría que tenía. Queridos hermanos: esto es una lamentable realidad. Somos propensos a volvernos atrás. Y muchas veces nos volvemos atrás porque estamos enojados con el Señor por lo que permite o por lo que viene a nuestras vidas; o también podemos estar enojados con otras personas a las cuales deseamos evitar. Pero lo que verdaderamente ha ocurrido es que nunca nos hemos arraigado, nunca hemos hecho nuestras raíces en la Palabra de Dios que es la que puede activar nuestra fe. Lo que ha ocurrido es que nos hemos dejado llevar por nuestros sentimientos humanos, los cuales son muy frágiles y cambiantes. Por eso algunas veces cambiamos hasta de congregación como cambiamos de ropa por causa de nuestra falta de raíces en un lugar. Y cuando hablo de lugar me refiero a donde cada uno sabe que es el lugar que tiene que alimentarse. No dejemos que nuestros sentimientos dirijan nuestra vida de relación con el Señor y de relación con los hermanos. Busquemos arraigarnos para permanecer firmes.

CONCLUSIÓN: Muchas veces la semilla del mensaje de la Palabra del Señor cae sobre corazones que están llenos de pedregales, es decir, corazones de piedra que no permiten que esa semilla haga sus raíces. Y esto es lo que nos impide a nosotros arraigarnos, establecernos y comprometernos con el Señor de una manera más profunda. Son días malos y si vivimos sin arraigarnos, sin comprometernos, sin establecernos, sin mantenernos firmes, el espíritu de este mundo nos arrastrará y nunca gozaremos de la plenitud de Dios. Quitemos las piedras de nuestro corazón para que la semilla del mensaje de su palabra se arraigue y nuestro corazón sea una buena tierra que produzca para engrandecer su Nombre.