LA PALABRA QUE CONSUELA

INTRODUCCIÓN: Es casi innecesario decir que, en algunos aspectos, los mismos acontecimientos suceden a todos los hombres por igual, y en materia de aflicciones, sin duda es así. Ninguno de nosotros puede esperar escapar de la tribulación. Si somos impíos, “Muchos dolores habrá para el impío”. Si somos piadosos, “muchas son las aflicciones del justo.” Si andamos en los caminos de la santidad, descubriremos que hay obstáculos que el enemigo ha arrojado en el camino. Si andamos en los caminos de la maldad, caeremos en trampas y seremos retenidos en ellas hasta la muerte. No hay forma de escapar de la tribulación; nacimos para experimentarla de la misma manera que saltan las chispas hacia arriba.

Cuando nacemos de nuevo, aunque heredamos innumerables misericordias, nacemos ciertamente para experimentar otro conjunto de problemas, pues entramos en pruebas espirituales, en conflictos espirituales, en aflicciones espirituales, y cosas semejantes, de tal manera que experimentamos un doble conjunto de angustias al tiempo que recibimos dobles misericordias. David era un buen hombre, pero era ciertamente un hombre afligido. David experimentó la aflicción muchas veces, y se trataba de graves aflicciones. El varón conforme al corazón de Dios fue alguien que sintió la propia mano de Dios en la disciplina. Si clamamos a Dios pidiéndole ayuda, Él nos ayudará a lo largo de la tribulación, pero no es probable que la aparte de nosotros.  Él nos librará del mal, pero aun así puede conducirnos a la tribulación. Así lo dijo Jesús.

 

TEXTO: Salmos 119:49-50

 

DESARROLLO:

HAY UNA SOLA MANERA DE RELACIONARNOS CON DIOS.- El salmista está orando aquí de una manera que nosotros también podemos aprenderla: rogándole a Dios que se acuerde de su Palabra dada a él. ¿Será que Dios se olvida de lo que promete o dice en su Palabra? No creo. Lo que sucede es que Él prueba nuestro corazón para que le demos lugar en nuestra vida, el lugar que le corresponde, o sea, el primero. Así nos revela la Palabra de Dios. En cada una de las situaciones difíciles hay un trato suyo para cada uno de sus hijos. (Dt. 8:2-3). Dios desea que clamemos a Él buscando la ayuda que necesitamos no porque sea cruel, sino porque quiere que nos relacionemos con Él. En Jesús vemos el ejemplo perfecto. Él estaba en permanente comunicación y relación con su Padre. Muchas veces nosotros no nos relacionamos con Dios porque dudamos; a lo mejor pensamos que Él no nos tiene en cuenta. La manera en que David aquí se dirige al Señor muestra su confianza. Hay una sola forma de relacionarnos con Dios y es con confianza, con fe; porque si lo hacemos de otra forma no seremos escuchados. A Dios le agradamos solamente cuando confiamos en Él; cuando tenemos la seguridad de que nos escucha y que no estamos relacionándonos con al aire. Para nosotros siempre es difícil confiar en alguien al cual no vemos; pero la Biblia dice que el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu. Hay en lo profundo de nuestro ser una voz que viene del Espíritu del Señor para revelarnos que Dios está presto a obrar sobre nuestras vidas. Solamente tenemos que prestar atención.

 

HAY PALABRAS DE DIOS SOBRE NUESTRAS VIDAS Y SIEMPRE NOS HABLA.- Otra cosa que podemos ver es que había una palabra que Dios le había hablado a David. Y queridos hermanos, Dios siempre nos habla; permanentemente nos está hablando. Nos habla cuando leemos, cuando venimos a la reunión, a través de una predicación, a través de lo que se nos presenta en la vida, etc. Lo que sucede es que no prestamos la atención debida o no queremos escucharle; y cuando esto ocurre experimentamos bastantes dolores de cabeza porque sufrimos más de la cuenta; porque hay sufrimientos que los causamos nosotros mismos y tienen que ver con las veces que nos rebelamos contra los consejos de Dios. En Proverbios 2:1-5 dice: Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios”. La prudencia es aquella virtud que nos hace ser sensatos y tener buen juicio. El sabio dice aquí que lo que nos transforma en personas prudentes es recibir la Palabra de Dios; y este “recibir” significa aceptar y poner por obra el consejo. Eso es lo que nos ayuda a caminar en el temor del Señor, a caminar dentro de los límites que Él establece y también a conocer su persona y su voluntad. 

 

DIOS EN ALGÚN MOMENTO NOS HACE EXPERIMENTAR LA ESPERA.- Pero vemos además que según el versículo David estaba esperando una respuesta de parte de Dios de acuerdo a la palabra que Él le había dado. A lo mejor hoy estemos esperando una respuesta de parte de Dios. Esperar es una de las cosas más difíciles de la vida. Esperamos en las colas de trámites, esperamos el colectivo, esperamos cobrar, esperamos alguna sanidad, esperamos que se termine algún problema, esperamos ser restaurados, etc. La espera es uno de los ingredientes que la vida tiene y que ponen a prueba nuestra confianza en el Señor. 1ra. Pedro 1:13 “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado…” Para esperar en Dios hace falta estar despiertos, estar sobrios. En la Nueva Versión Internacional la frase “ceñid los lomos de vuestro entendimiento”, se traduce de la siguiente manera: “dispónganse a actuar con inteligencia”. La disposición de voluntad es muy importante para saber esperar en Dios. Ponemos voluntad para muchas cosas que tienen nuestro interés pero cuando se trata de disponernos a confiar en Dios no. Pedro también dice que nuestra espera tiene que ser completa, poniéndole todas las fichas al Señor que un día nos responderá y se manifestará sobre nuestras vidas con poder. Por lo tanto no desmayemos; así dice el escritor a los Hebreos en 10:35 “Así que no pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada”. Dios tiene preparada una recompensa para aquellos que en el transcurso de sus vidas aprendieron a confiar en Él.

 

EL CONSUELO DE DIOS ES NUESTRO DESCANSO ANTE LAS AFLICCIONES DE LA VIDA.- Luego el salmista habla de que esa Palabra que salió de la boca de Dios es su consuelo en medio de su aflicción, de su dolor, de su desesperación. La palabra “consuelo” significa “descanso y alivio de la pena que aflige y oprime el ánimo”. En Mateo 11:28 Jesús dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. En otras palabras, “vengan a mí los agobiados y afligidos que les daré mi consuelo”. Cada palabra que sale de su boca tiene poder e impacta en nuestro corazón y suaviza nuestras heridas como el aceite. En 2da. Corintios 1:4 dice “Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros”. El consuelo de Dios es el mayor descanso que puede encontrar nuestra alma ante las adversidades de la vida. No hay ninguna situación que el Señor no pueda consolar. Todas están bajo su señorío y poder. El deseo de Dios de consolarnos es tan grande que nos ha dado a su Santo Espíritu a quién Jesús llamó “El Consolador” para que more en nosotros continuamente (Juan 14:16). Hay una invitación de parte de Dios a entrar en su descanso, en su consuelo. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia.

 

CONCLUSIÓN:                                  TU PALABRA

            En la sequedad de un desierto oscuro me encontraba,

Mi garganta anhelaba frescas aguas.

Sola, angustiada, sedienta,

Rodeada de chacales que me acechaban.

≈≈≈

De pronto, encontré aquél oasis,

Eran aguas puras y frescas,

Surgían de un manantial de Vida Eterna,

Quitaron mi sequedad y saciaron mi sed.

≈≈≈

También fui consolada,

Mi angustia se convirtió en confianza,

Mi miedo en seguridad,

Los chacales huyeron y desaparecieron.

≈≈≈

Es que tu Palabra es como una espada,

Es el agua que calma la sed,

Es el cerco protector que rodea,

Es la esperanza que hace renacer.