SEÑOR: DESPIERTA MI ESPÍRITU

INTRODUCCIÓN: Es muy fácil distraernos y perder nuestra vista de la voluntad de Dios. Esa “voluntad, la de Dios, es la que marca la dirección que debe seguir todo cristiano. El mismo Jesús nos enseñó con su ejemplo que Él vivía para escuchar y obedecer la voluntad de su Padre. Ahora, cuando nos encontramos con nuestra realidad, nos damos cuenta cuán lejos estamos de hacer lo que a Dios le agrada. Es que la lucha con nuestra carne y nuestros malos deseos es muy intensa; y si a eso le sumamos las tentaciones que el diablo nos presenta y las luces que el mundo nos ofrece pareciera que nunca podemos llegar a obedecer a Dios. Pero hay algo muy importante: Dios nos da su provisión para ayudarnos en nuestra debilidad. El Espíritu Santo y su bendita palabra están al alcance de nuestra mano para que emprendamos el camino de la obediencia. Pero seamos sinceros: nos cuesta tremendamente obedecer. Mientras esto no ocurra, es decir, mientras no nos decidamos a buscar la ayuda de Dios, viviremos como si estuviéramos con nuestro espíritu dormido, ajenos de lo que Dios dice y aconseja. En Juan 4:24 la Biblia dice: “Dios es Espíritu; y los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que le adoren”. Somos espíritu, alma y cuerpo. Nuestro espíritu es lo que se comunica con Dios. Cuando nuestro espíritu duerme o entramos en el sueño espiritual, no reaccionamos a la palabra de Dios; no tenemos estímulo alguno; la indiferencia se instala en nuestro ser y no nos importa nada. Es que el diablo nos acuna para que nuestro sueño nunca termine y, si lo dejamos, nuestra vida será y vacía, sin motivación y poco a poco nos secaremos espiritualmente. Nos hace falta la obra soberana del Señor sobre nuestras vidas, un toque de su mano y una obra de su misericordia. Tenemos que clamar: “despiértame Señor”.

TEXTO: Hageo 1:12-15

DESARROLLO: 

Dice en estos pasajes que Zorobabel y Josué oyeron la voz del Señor a través del profeta Hageo, y temió el pueblo delante del Señor. En los  pasajes anteriores podemos ver la dureza con la cual Dios les habla, haciéndoles ver su desidia y su indiferencia por la casa del Señor, y les muestra por qué sus vidas no prosperan tanto en lo material como en lo espiritual. Dios muchas veces tiene que hablarnos duramente para que reaccionemos. Hace falta que nos dé un codazo para que nos despertemos así como sabemos hacerlo nosotros con otras personas. Pero inmediatamente Dios les dice: “Yo estoy con ustedes”. Dios nos reprende pero no nos abandona. Tenemos que saber que aunque tengamos que pasar por diversas pruebas Él seguirá estando a nuestro lado. Y dice el relato que Dios despertó el espíritu de Zorobabel, de Josué  y el espíritu del resto del pueblo, y vinieron y trabajaron en la casa del Señor. Cuando Dios interviene y despierta nuestro espíritu ocurren cosas sorprendentes. Algunas de ellas son las siguientes:

a)  SOMOS MÁS SENSIBLES Y COMENZAMOS A PRESTARLE MÁS ATENCIÓN A DIOS Y A SUS COSAS.- La sensibilidad es la capacidad de respuesta a los pequeños estímulos o causas que nos impulsan a no quedarnos quietos y a hacer algo como respuesta a esos estímulos. En el pasaje que estamos leyendo el estímulo es producido en nuestro ser por el mismo Dios eterno despertándonos de nuestro sueño espiritual. En 1ra. Samuel 15:22, segunda parte, el profeta le dice a Saúl luego que había desobedecido que era mejor prestar atención que la grasa de los sacrificios. Cuando nuestro espíritu está dormido no podemos prestar atención. Es como si estuviéramos sumergidos en la más densa oscuridad y sin reacción. Nos hablan, nos exhortan, nos aconsejan pero es como si fuera más importante la nube de nuestros pensamientos. Cuando esto ocurre, Dios tiene que intervenir así como lo hizo en la vida de Zorobabel, Josué y del pueblo. Tiene que despertar nuestro espíritu. Para ello tiene que sacudirnos así como lo hizo aquí con su pueblo mostrando las consecuencias de su negligencia. Cuando Dios nos sacude, nuestro espíritu reacciona y se despierta. La prueba y el quebrantamiento son formas que Dios usa para despertarnos por eso prestemos atención cuando esto sucede en nuestras vidas.

 

b)  TOMAMOS CONCIENCIA DE SU TEMOR.- El temor a Dios es la actitud con que una persona reconoce el poder y la autoridad de Dios, a quien reverencia y le rinde el debido respeto. Dios quiere que caminemos en su temor. El temor reverencial a Dios nos marca los límites dentro de los cuales debemos ubicarnos. El temor a Dios nos hace vivir humildes porque entendemos que nuestra vida depende de Él. Cuando el pecado está presente no vemos que nos estamos rebelando contra Aquel que puede enviar nuestras vidas a la condenación eterna, ni más ni menos. Cuando Dios despierta nuestro espíritu el temor reverencial a Dios vuelve a nuestras vidas, así como leemos aquí, que el pueblo temió delante Él. En Proverbios 8:13 leemos que “el temor a Jehová es aborrecer el mal”. Cuando estamos dormidos no aborrecemos el mal, sino que por el contrario, le damos lugar en nuestra vida y dejamos que el enemigo nos engañe. En Malaquías 1:6, Dios le dice a su pueblo: “El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honor? Y si yo soy señor, ¿dónde está mi temor? —dice el Señor de los ejércitos a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi nombre—. Pero vosotros decís: “¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” Dios pregunta: “¿Qué lugar tiene mi temor en sus vidas?” Muchas veces nos relajamos en nuestro espíritu y nos olvidamos de la reverencia que le debemos al Señor. Clamemos al Altísimo para que nuestro espíritu despierte.

                                                                                    

c)   TENEMOS PAZ EN NUESTRO CORAZÓN.-  Cuando Dios despierta nuestro espíritu, su paz nos inunda. Su paz es una señal de estar a cuentas con Dios, de estar reconciliados con el Señor. Isaías 26:3. Nuestra mente debe mantenerse despierta para poder perseverar en los pensamientos de Dios. Uno de los símbolos con los cuales Dios compara a sus hijos vencedores es con una columna en su templo (Apocalipsis 3:12). La perseverancia nos habla de estabilidad, fidelidad, lealtad y permanencia. Esto es perseverancia, mantenernos inconmovibles en El como un árbol. Así dice en Salmos 1:3. Nuestras victorias están en perseverar en su pensamiento. La paz que da Jesús es la verdadera.

d)  COMENZAMOS A OBEDECER Y A BUSCAR LA SANTIDAD.- Un espíritu que ha sido despertado por Dios tiene el deseo de obedecer. La obediencia es una actitud del corazón. Una persona puede aparecer obediente por fuera, pero en su interior tener odio hacia todo lo que sea obedecer. Muchas veces hemos pensado que la obediencia es algo así como nuestra parte en la salvación. Hemos pensado que la salvación tiene dos partes: la parte de Dios y nuestra parte. El hecho es que toda la salvación es parte de Dios, no sólo me perdona mis pecados, sino que también me da una actitud de obedecer a cualquier cosa que Él quiera. Todo el plan de salvación tiene como primer propósito crear en nosotros un corazón nuevo, que ama obedecer. Mateo 7:21-23. Estas personas no hacían lo que Dios les estaba pidiendo. La obediencia no consiste en hacer lo que a nosotros nos parece bueno o efectivo, sino en hacer lo que Dios nos está pidiendo. (Saúl). Cuando hablamos de ser fieles a Dios, hablamos de ser obedientes a lo que Dios requiere. La obediencia tiene que ser vista desde el punto de vista de Dios.

 

e)  EL AMOR DE DIOS APARECE CON MÁS FUERZAS.-  Cuando Dios despierta nuestro espíritu el amor a Dios y a los hermanos se hace real en las vidas. 1ra. Juan 4:7.- Un hijo de Dios ama como su Padre ama.

 

CONCLUSIÓN: Hoy el Señor quiere despertar el espíritu de su pueblo como lo hizo en la antigüedad. Para ello desea ver nuestros corazones anhelantes y con el deseo de servirle. Clamemos con todo nuestro ser.