RENUNCIANDO A LA MURMURACION

INTRODUCCION: En su primera carta, Pedro nos recuerda que somos pueblo escogido y adquirido, nación santa y sacerdotes del Rey para que anunciemos sus virtudes a este mundo. También dice que en otro tiempo, tiempo pasado, no éramos su pueblo y no habíamos alcanzado misericordia, pero que ahora sí. Esta palabra es muy importante y nos tiene que hacer reflexionar acerca de nuestra manera de vivir en medio de esta sociedad y en medio de la iglesia. Debemos prestar atención a lo que Dios nos dice para no errar el camino y poder cumplir nuestra misión de luz y sal. Y una de las cosas que forman parte del consejo de Dios para su pueblo tiene que ver con la manera como hablamos y como nos comunicamos. Hoy vamos a ver algo que a Dios no le gusta y que hace un tremendo mal no sólo a nuestras vidas, sino también a nuestro prójimo: me refiero a la murmuración. La murmuración es la conversación denigrante, es decir hablando mal de alguien, en voz baja, en ausencia de la persona denigrada y con un tanto de exageración en el comentario sobre el ausente. En la murmuración se tira abajo la buena fama de las personas, sin ningún tipo de razón y con cierta mala voluntad sobre ellas. La murmuración tiene muchos nombres: maledicencia, chismes, calumnias, sacar el cuero o despellejar; la murmuración es prima de la mentira y del engaño. Otro sentido que se le da a la murmuración es la de una pelea secreta entre algunos en contra de otros. También el sentido de desagrado o de quejas más bien en privado que en público; y el sentido de calumnia secreta. La realidad es que no se miden las consecuencias cuando se murmura, tanto en nuestra relación con Dios como con el prójimo. Muchas veces nos creemos con el derecho y la autoridad de hacer comentarios sobre otras personas, hablando mal, menospreciando y hasta calumniando, con una tranquilidad pasmosa; pero esto ocurre porque no queremos admitir que a tal acción sin misericordia Dios le llama el pecado de la murmuración, el cual tiene graves consecuencias. Cuando se toca a una persona para hablar mal sobre ella, está saliendo a relucir la falta de integridad y de amor de aquel que murmura. Generalmente, el que se respeta y se estima a sí mismo considera a los demás en esa misma dimensión. Mientras que el que tiene poca estima de sí mismo, recurre a ese mal y feo hábito, juzgando y condenando, acarreando para sí mismo condenación. Es la murmuración la plaga de los grupos y la que ataca en forma directa la unidad de los mismos; sea en la familia, en el trabajo, en el vecindario, en las diferentes organizaciones, y hasta en la iglesia. ¡Tenga Dios misericordia y a tiempo redarguya a todo aquel que usa su lengua para murmurar!

 

DESARROLLO:

 

¿Qué nos dice la Biblia acerca de la murmuración?

 

a)   LOS QUE NO TIENEN EN CUENTA A DIOS MURMURAN (Rom. 1:28-30).- Las personas a las cuales se refiere aquí el apóstol, no aprobaron el tener en cuenta a Dios. Tener en cuenta a Dios significa que le hemos dejado que intervenga en nuestra vida, entregándosela y reconociendo que el es el Señor y el dueño. Por lo tanto los que tienen en cuenta a Dios, atienden a su palabra y la ponen por obra. Mateo 7:24. Atender a su palabra significa escucharla y ponerla por obra. El que atiende a su palabra y tiene en cuenta a Dios no practica la murmuración.

 

b)   LA MURMURACION Y EL JUICIO CONTRA EL PROJIMO VAN DE LA MANO (Santiago 4:11-12).- El apóstol dice aquí a la iglesia que no murmuren los unos de los otros. Dios es el que dice que no practiquemos la murmuración. Como hijos de Dios tenemos que someter nuestra vida cada día a lo que El nos pide. Del mundo traemos muchas mañas y prácticas entre las cuales se encuentra ésta, la de murmurar y que sólo el Espíritu Santo a través de su obra y el poder de la Palabra de Dios pueden quitarnos. Jesús cuando oraba le pedía al Padre: Padre, santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad. Y en otra oportunidad Jesús les dice a sus discípulos: Ustedes ya están limpios por la palabra que os he hablado. Para que la palabra nos limpie, tenemos que someternos a ella. Continúa diciendo aquí el pasaje que el que murmura del hermano o lo juzga, murmura de la ley y la juzga. El juicio va de la mano con la murmuración. Mateo 7:1-5. Jesús dice que no debemos juzgar para que no seamos juzgados. Muchas veces juzgamos las acciones de los demás, y no solamente eso, sino que prejuzgamos. El prejuicio es una evaluación preconcebida de las personas, una idea preconcebida que se tiene sobre los otros. El prejuicio es tener una opinión o idea acerca de un miembro de un grupo sin realmente conocer al individuo. El prejuicio surge para discriminar, descartar o dominar a otras personas o aceptarlas preferentemente, sin tener remordimientos y sin pararse a pensar si eso es bueno o malo, o si es una opinión objetiva o subjetiva. En este plano podríamos incluir lo que dice Santiago acerca de la parcialidad o acepción de personas en el capítulo 2. Nuestra fe tiene que ser sin acepción de personas. Debemos aceptar a todas las personas, no aceptar sus prácticas pecaminosas, pero aceptar a todos. Dios aborrece el pecado pero ama al pecador. Dice el versículo 9 que si hacemos acepción de personas cometemos pecado. Pidámosle al Espíritu Santo que nos prepare cada día para aceptar a aquellas personas que Dios nos envía para que las bendigamos.

 

c)   LA MURMURACION PUEDE VOLVERSE EN CONTRA NUESTRA (Números 14:26-35; 14:2-3).- En muchas partes del Éxodo y de Números leemos que el pueblo se rebelaba y murmuraba contra Dios y contra sus líderes. Aquí parece que a Dios el pueblo le colmó la paciencia y hace esta tremenda declaración: ¿Hasta cuándo oiré a esta depravada multitud que murmura contra mí? Esta declaración es muy dura porque veamos que se está dirigiendo a su pueblo; un pueblo que había visto milagros y maravillas como ningún otro; la división de las aguas del mar Rojo es uno de los milagros más grandes registrados en la Palabra de Dios, y estas personas tuvieron el privilegio de poder verlo. Dios les dice: depravada multitud que murmura contra mí. Dios es bueno, nos extiende su mano de misericordia cada día, nos provee para nuestras necesidades, El permanece fiel, pero el mantenernos en una práctica pecaminosa en forma permanente y sostenida, tarde o temprano nos dejará fuera de su cobertura y padeceremos la muerte espiritual que es nuestra separación de Dios. Tomar conciencia de que Dios es el amo y dueño de nuestras vidas y de que El puede hacer lo que quiera, nos ayudará a mantener vivo en nuestros corazones el temor y la reverencia a su Nombre. Continúa diciendo el pasaje que conforme a lo que ellos habían declarado, así haría El con ellos. ¿Y qué es lo que habían declarado? Números 14:2-3. Dios lo repite en los versículos 29-35. Esto nos trae una enseñanza: Dios toma muy en serio lo que decimos, ya sea para edificar o para destruir. El problema es que lo que decimos puede volvérsenos en contra como le ocurrió al pueblo de Israel.  1ª Cor. 10:6;10. Dice el escritor que estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros para que no murmuremos como algunos de ellos murmuraron y perecieron. Cuando caminamos en su temor podemos decir como el salmista: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová, guarda la puerta de mis labios” (Salmo 141:3).

Algunas consecuencias de la murmuración son:

1.- El rencor y la falta de perdón.- Dios nos pide que no guardemos rencor (Lv. 19:18) y que perdonemos a los hombres sus ofensas (Mateo 6:14). Con nuestras murmuraciones estamos dejando una puerta abierta para que el hermano guarde rencor y falta de perdón.

2.- Enemistades.- La enemistad es obra de la carne dice Gálatas 5:20. Así es que con nuestros comentarios detractores podemos dar lugar a las enemistades que están fuera de la voluntad de Dios.

3.- Divisiones y rupturas.- Tanto en la iglesia como familiares por comentarios y chismes malsanos. (Lv. 19:16).

4.- Pérdida de confianza e incredulidad.- Así como con palabras edificantes sembramos fe, con nuestros comentarios destructivos sembramos incredulidad y pérdida de confianza, tanto en Dios como en su pueblo.

5.- Falta de comunión con Dios.- La murmuración al ser un pecado, siembra en el corazón herido falta de fe y hace tropezar al hermano. Esto hace que se aleje de su comunión con Dios.

Cuando nosotros somos los causantes de estas consecuencias, Dios dice que daremos cuenta de nuestros hechos (Mateo 18:6-7).

 

d)   DEBEMOS ERRADICAR LA MURMURACION DE NUESTRO VOCABULARIO Y DE TODO LO QUE HAGAMOS (Filipenses 2:14).- Pablo le dice a los Filipenses: Hagan todo sin murmuraciones y sin contiendas, sin peleas. Hay un versículo en 1ª Tes. 4:3 que dice “porque la voluntad de Dios es vuestra santificación”. Tenemos que santificar nuestra forma de hablar. Si decimos que somos un pueblo diferente donde Dios mora debemos hablar de una manera diferente y para ello tenemos que erradicar de nuestra vida la murmuración. Observemos que el versículo dice: Hagan todo. Está hablando de acción y en la vida del servicio a Dios permanentemente estamos haciendo algo. Dios nos dice aquí: “a todo tu servicio hazlo sin murmurar”. En las muchas palabras existe el pecado. Nuestras palabras tienen mucho poder pero a ese poder debemos saber canalizarlo para edificación. Rom. 15:2. Agradar para edificación. 2ª Corintios 12:19. Delante de Dios permaneciendo en Cristo debemos hablar para edificación. En Efesios 4:29 el apóstol dice “ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

Algunas recomendaciones que nos ayudaran a evitar caer en la murmuración son:

        Ver a las otras personas con ojos de misericordia como Dios las ve y saber que si El nos aceptó a nosotros, quienes somos nosotros para no aceptar a los demás.

        Huir de los lugares donde se este denigrando a una persona para no formar parte ni directa ni indirectamente de esa murmuración.

        Saber que el sometimiento a Dios atrae su bendición.

        Pensar conforme a la Palabra de Dios antes de hablar.

 

 

CONCLUSION: Dios no quiere que murmuremos porque la murmuración es pecado y se da en lo secreto y en lo oculto. Pero si andamos en luz, en la claridad del día, en la transparencia de vidas transformadas por el Espíritu Santo, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Hoy hagamos un pacto con Dios diciéndole que nos arrepentimos de toda palabra ociosa y que de ahora en más vamos a caminar a la luz de su Palabra, y si tengo que decirle algo al hermano, se lo voy a decir en la luz y practicando el amor de Dios que ha sido derramado en mi vida.