VASIJAS VACÍAS

INTRODUCCION: Una de las revelaciones que la Biblia nos da acerca del Dios Todopoderoso es el amor que Él tiene por los seres humanos que ha creado. Aunque el sistema de este mundo y el diablo nos haga pensar que para Dios no valemos, y que el sufrimiento existente en este mundo producido por el pecado nos haga dudar muchas veces, lo cierto es que Él nos habla a través de su Palabra y quiere llamar nuestra atención para despertar nuestra fe, y cuando recibimos esa palabra con fe, esa palabra tiene poder, porque Pablo dice que el evangelio es poder para todo aquel que cree. Uno de los deseos que Él tiene, es la de morar en la vida y el corazón de su pueblo; y vez tras vez lo declara. La Palabra dice que Dios ha elegido a su pueblo para morar en él (Salmos 132:13); y lo hace a través de la Presencia de su Espíritu Santo (Juan 14:17). En Santiago 4:5, dice que “el Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente”.

 

TEXTO: 2da. Reyes 4:1-7

 

  1. AUNQUE CREAMOS QUE NO TENEMOS NADA, PARA DIOS LO QUE IMPORTA ES NUESTRA VIDA. Tu sierva ninguna cosa tiene, sino una vasija de aceite. Esta mujer estaba en necesidad. Su esposo había muerto y los acreedores habían llevado como siervos a sus hijos para cobrarse las deudas. Es decir estaba viviendo en pobreza. Ser pobre es ser necesitado, carente de algo. Impacta su declaración: tu sierva ninguna cosa tiene, sino una vasija de aceite. Aunque seamos pobres siempre alguna cosa tendremos. Esta mujer tenía sólo una vasija. Una vasija es un recipiente para contener algo; en este caso, la vasija contenía el aceite. Aquí aprendemos que nuestras vidas son como vasijas que tienen la capacidad de contener. Como sabemos, el aceite en la Palabra es figura del Espíritu Santo. Y el Nuevo Testamento habla de que nosotros somos templo de Espíritu, es decir, nuestras vidas son las vasijas que pueden contener el aceite celestial. Esta mujer tenía su vasija con aceite, y el deseo de Dios es que nuestras vasijas, que son nuestras vidas, contengan el aceite que es figura del Espíritu Santo. Pablo dice “Sed llenos del Espíritu”. El deseo de Dios, como dijimos, es hacer su morada en nuestras vidas. Podemos a lo mejor decir como esta mujer, “tu siervo ninguna cosa tiene”, pero Dios aún de la nada puede hacer milagros porque Él es Creador. Cuando miramos nuestras vidas miserables y necesitadas pareciera que es lo único que tenemos, pero Dios nos mira y nos dice: es lo único que necesito: tu vida. Nuestra vida tiene que ser la vasija que contenga el aceite celestial.

 

  1. DEBEMOS VACIARNOS PARA SER LLENOS DE ÉL. Vasijas vacías. El varón de Dios dijo a la mujer que consiguiera vasijas vacías para que pudiera llenarlas con el aceite. Para que Dios pueda llenarnos necesitamos ser vaciados de nuestras miserias humanas: pecados, conductas erradas, iras, enojos, mal carácter, celos, malas palabras, vicios, pensamientos que están fuera de la voluntad de Dios, es decir, de las obras de la carne que batallan contra el espíritu. Dios está buscando vasijas vacías para llenarlas de su presencia, de su amor y de su voluntad. Hoy el Señor nos invita a vaciarnos de todo el peso que nos asedia y que no nos deja correr la carrera que tenemos por delante. Vaciarnos significa renunciar a todo lo que impide que obedezcamos. Jesús decía que todo el que no renuncia no es digno de Él. Roguemos al Espíritu Santo que nos ayude a entender lo que Dios nos está pidiendo. Cuando Pablo tiene su encuentro con el Cristo Resucitado, tiene la expresión de un hombre que ha sido vaciado de sí mismo. Este hombre que era un religioso lleno de conocimientos y maestro de la ley, que había estudiado con el gran maestro de la ley Gamaliel, tiene que exclamar al encontrarse con el Señor : “Señor, ¿Qué quieres que haga?”  Es que Cristo no busca a aquellos que confían en sus conocimientos y capacidades, sino a aquellos que han aprendido el camino de la humildad y del reconocimiento de sus limitaciones; Cristo busca a aquellos que no confían en sí mismos sino que ponen su confianza Él. La única forma de ser llenos de la Presencia del Señor es vaciarnos de nosotros mismos. El Señor no fuerza a nadie y si nuestro corazón está lleno de nosotros mismos, no hay lugar para Él. Seamos vasijas vacías para que Él nos llene.

 

  1. LA COMUNIÓN Y LA UNION AL SEÑOR ES LO QUE HACE QUE EL ACEITE DEL ESPIRITU ABUNDE. Enciérrate y echa en todas las vasijas. Cuando Jesús les enseñaba a orar a sus discípulos les decía que entraran a su cuarto y cerrada la puerta oraran a su Padre Celestial. Este encerramiento nos habla de comunión. El varón de Dios le dijo a la mujer que se encerrara. Y, como habíamos visto, nosotros también necesitamos la comunión y el estar a solas con el Padre. Jesús nos muestra su ejemplo cuando la Palabra dice que iba a lugares desiertos y allí oraba. El relato continúa diciendo que le dijo a la mujer que echara en todas las vasijas el aceite. Cuando hay comunión, hay aceite del cielo, hay presencia del Espíritu Santo, y esa presencia no sólo puede inundar nuestras vidas sino otras vasijas que se encuentran vacías y listas para recibir de Dios. Notemos que dice “echa en todas” las vasijas. Dios quiere “echar” en todas las vidas de su Presencia. Para Dios no hay acepción de personas. Dios desea que todas las vidas sean llenas de su Espíritu. Nosotros podemos hacer acepción de personas pero Dios no. Debemos preguntarnos si deseamos la bendición para nosotros y para los demás. 

 

  1. DEBEMOS BUSCAR LA CONSAGRACIÓN Y LA ENTREGA A ÉL. Y cuando una esté llena, ponla aparte. La indicación de Eliseo es que cuando una vasija ya estuviera llena de aceite, había que separarla, ponerla aparte. Esto nos enseña que una vida llena del Espíritu Santo, es consagrada para Él, es puesta aparte. La consagración es el acto por el que una persona o un objeto son separados para el servicio  y el culto al Señor. Debemos buscar y anhelar la consagración a Él. No es necesario ser pastor para ser una persona consagrada al Señor. En el Nuevo Testamento la palabra que corresponde a “consagración” es “santificación” y en 1ra. Tesalonicenses 4:3, Pablo dice: “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” y en 4:7, “pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación”. En su voluntad y en su corazón Dios espera que busquemos la santificación. La llenura del Espíritu Santo en nuestra vida nos lleva a buscarla. La consagración al Señor nos hace entender que ya no tenemos libertad para hacer lo que a nosotros nos parece sino lo que al Señor le agrada; no podemos usar nuestra boca livianamente, sino hablar lo que el Señor quiere que hablemos. En 1ra. Pedro 4:11 leemos “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios”. En la consagración a Dios descubrimos que cada día Dios nos pide que le entreguemos más de nuestra vida y tiempo. Entregarle nuestra vida al Señor es sujetar nuestra voluntad a la suya. Cabe la pregunta: ¿cómo le vamos a responder al Señor?  

 

  1. DIOS NOS MANDA TRAER LAS VIDAS A SUS PIES PARA QUE EL LAS LLENE. Y ellos le traían las vasijas y ella echaba del aceite. Las vasijas que sus hijos traían a esta mujer estaban vacías. La función de sus hijos era traer las vasijas. Esto nos habla de la misión que tenemos: traer las vasijas delante del Señor para que Él las llene y esas vasijas son las vidas de personas necesitadas de Cristo. Dios nos manda traer las vidas a sus pies para que Él las llene. En Juan 1:40-42 leemos lo siguiente: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). Y le trajo a Jesús”. Lo que hizo Andrés, es lo que todos los que formamos parte de la iglesia debemos hacer: traer a Jesús a las personas para que Él las llene. ¿Vamos a ser obedientes?

 

  1. CUANDO NO HAY VIDAS VACIAS EL ESPIRITU SANTO NO PUEDE OBRAR. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite. Llegó el momento en que las vasijas vacías se acabaron, y dice la Palabra que cesó el aceite. Esto nos trae una enseñanza: que cuando no hay vidas vacías el Espíritu Santo no puede obrar. El aceite cesó y la obra del Espíritu Santo cesa cuando se encuentra con vidas que están llenas de sí mismas, que no tienen lugar para el obrar de Dios, porque están llenas de argumentos humanos que alimentan su incredulidad. En Marcos 6:1-6 leemos el relato de la visita de Jesús a su tierra, Nazaret. En esa ciudad, ellos no le creían, sino que se escandalizaban de Él. Y termina el relato diciendo: “Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos; … Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos”. Estas personas no daban lugar al obrar de Dios por causa de su incredulidad. Ellos estaban llenos de sus propios argumentos, de sus propios pensamientos, de sus propios pareceres. Estas vidas no se habían vaciado de sí mismas y por lo tanto la obra del Espíritu Santo estaba siendo resistida. Si no nos vaciamos de nosotros mismos y de nuestra propia prudencia no podremos darle lugar al obrar de Dios en nuestras vidas. El secreto para que el Señor nos llene de su Espíritu Santo está en vaciarnos y humillarnos delante de su Presencia. ¿Qué vamos a hacer?

 

CONCLUSION: El Señor nos está llamando a ser vasijas vacías que sólo se dejen llenar por el Espíritu Santo; que sólo se consagren para Él y para honrarle. El Señor hoy nos llama a caminar en la dirección que el Espíritu Santo nos muestra y esa dirección implica humillarnos delante de Él y deponer toda actitud de soberbia y orgullo; y estar dispuestos a darle al Señor todo lo que somos y tenemos.