TENGAMOS CONCIENCIA DE SU PRESENCIA

INTRODUCCION: Seguramente que en algún momento de nuestra vida nos ha pasado que hemos estado delante de personas que conocemos y que por distracción, no las hemos tenido en cuenta o las hemos ignorado; o viceversa, en algún momento hemos estado delante de personas que conocemos y ellas por algún motivo nos han ignorado. Es decir, no hay conciencia de la presencia de otra persona cerca de nosotros. Esto muchas veces ocurre por causa de que nuestra atención se disipa y se pierde. En nuestra relación con Dios también nos pasa que los afanes de esta vida, las preocupaciones y los problemas que tenemos, nos desvían de la atención que tendríamos que tener en el Señor y en sus cosas. Estando en el mundo, podríamos decir que hay mucho de qué preocuparse, pero esto como personas que hemos conocido a Dios no tiene que alejarnos de lo que verdaderamente tiene importancia que es poner nuestra mirada en las cosas de arriba (Colosenses 3:1) “Si pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado, a la diestra de Dios”. Y aunque Cristo está sentado a la diestra de Dios, Él se encargó de enviarnos al Consolador, al Espíritu Santo que vive y se mueve en medio de su pueblo. Pero lamentablemente nos pasa que perdemos la conciencia de esta realidad espiritual, perdemos de vista que tenemos que vivir en una relación constante con nuestro Dios. Perder la conciencia de la Presencia de Dios es lo que hace que muchas veces metamos la pata. Alguien que vivía con plena conciencia de la Presencia del Señor, era David. En los Salmos podemos ver que Él dice: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmos 16:11). “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”(Salmos 139:7). “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23-24). Tomar conciencia de su Presencia es darnos cuenta de que estamos continuamente a la vista de Él. Los profetas de la antigüedad decían: “Vive Jehová, delante de cuya presencia estoy”. Hoy deseo que meditemos acerca de la necesidad de que mantengamos la conciencia de que no entramos y salimos de la presencia del Señor, sino de que siempre estamos delante de Él, siempre sus ojos nos están viendo: nuestros pensamientos, nuestras actitudes, nuestros deseos, nuestro corazón.

TEXTO: Hebreos 12:28-29; Santiago 1:12; 1ra. Pedro 4:7; Jeremías 7:23-24; Salmos 51:1-4; 1ra. Juan 4:16.-

DESARROLLO:

Conforme a esta introducción, quería meditar acerca de “¿qué ocurre cuando tenemos conciencia de su Presencia?”

  1. CAMINAMOS EN EL TEMOR DE DIOS Y RESISTIMOS A LA TENTACION (Hebreos 12:28-29; Santiago 1:12).- En Hebreos leemos: “Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella, sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia, porque nuestro Dios es fuego consumidor”. Si somos conscientes de que Dios siempre está en todo lugar y en todo momento, si no dejamos que el diablo nos engañe con esa frase: “total ahora nadie te ve”; si hemos guardado sus mandamientos en nuestro corazón, caminaremos agradando y sirviendo al Señor con todo temor y reverencia. El temor a Dios es la actitud con que una persona reconoce el poder y la autoridad de Dios, a quien reverencia y le rinde el debido respeto. Dios quiere que caminemos en su temor. El temor reverencial a Dios nos marca los límites dentro de los cuales debemos ubicarnos. Pero también, cuando somos conscientes de la presencia del Señor, tenemos la fortaleza para poder resistir la tentación. Dice Santiago 1:12 “Bienaventurado el varón que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman”. La tentación es una provocación o estímulo que nos lleva al pecado. Santiago dice que la tentación nace en nuestra concupiscencia. La concupiscencia es el apetito desordenado de placeres deshonestos. En otras palabras, son los malos deseos que se encuentran en nuestra naturaleza pecaminosa. Cuando resistimos acceder a esos placeres deshonestos por nuestra propia voluntad y ayudados por el Espíritu Santo, estamos haciendo que Dios comience a preparar nuestra corona de vida. Jesús nos enseñó a orar en el Padrenuestro “no nos dejes caer en la tentación”. Quiero decirte que las tentaciones van a venir siempre y hasta el último momento de nuestras vidas, pero no debemos dejar de resistir porque el Señor está presto para ayudarnos. Confiemos y no fallemos.

 

  1. COMENZAMOS A TENER MÁS COMUNIÓN Y VIDA DE ORACIÓN (1ra. Pedro 4:7).- Pedro dice que ante la inminencia del fin de todas las cosas, seamos sobrios y velemos en oración. Una de las cosas que ocurre cuando tomamos conciencia de la  presencia del Señor, es que comenzamos a orar más, a tener más comunión, a darnos cuenta que necesitamos del Señor. Pedro dice que seamos sobrios, es decir, que estemos despiertos, que no nos durmamos y que permanezcamos en oración. Muchas veces las tinieblas avanzan porque nosotros se lo permitimos a través de nuestra falta de oración. Pero Dios nos habla en este día para que tomemos una actitud diferente: levantémonos como baluartes de oración y clamor a Dios. Nuestra comunión con Dios debe comenzar en lo secreto porque eso quiere decir que para nosotros Él es nuestro especial tesoro, así como nosotros lo somos para Él. Buscar a Dios en lo secreto significa que su Persona para nosotros es algo valioso y que merece nuestra máxima atención. Es como darle nuestro lugar y nuestro tiempo a la Persona más importante.

           

c)      ESTAMOS MAS ATENTOS PARA ESCUCHARLE Y OBEDECERLE (Jeremías 7:23-24).- Dice el Señor en este pasaje: “Sino que esto es lo que les mandé, diciendo: "Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis en todo camino que yo os envíe para que os vaya bien." Más ellos no escucharon ni inclinaron su oído, sino que anduvieron en sus propias deliberaciones y en la terquedad de su malvado corazón, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”. Aquí el Señor por boca del profeta le recuerda a su pueblo lo que Él les mandó:   escuchar su voz y andar en todo el camino por el que Él los envió para que les fuera bien. Pero dice la Palabra que ellos no inclinaron su oído, es decir, no escucharon, sino que se fueron tras su terco corazón y se volvieron para atrás y no marcharon hacia adelante. Y esto muchas veces nos pasa a nosotros: vamos para atrás y no avanzamos. Esto ocurre porque perdemos la conciencia de su presencia, como estamos hablando. El pueblo de Israel había perdido la conciencia de todo lo que el Dios Poderoso había hecho por ellos y cómo los había librado. Tenemos que cambiar nuestra actitud y rogarle al Espíritu Santo que nos de conciencia de su presencia. De esta forma estaremos más atentos para escucharle y obedecerle. Dios promete bendecir a los obedientes. No vamos para atrás, sino para adelante, porque nosotros no somos de los que retroceden para perdición sino de los que tienen fe para preservación del alma.

 

d)      APRENDEMOS A RECONOCER NUESTRAS DEBILIDADES Y PECADOS (HUMILDAD) (Salmos 51:1-4).- David fue un hombre, que por tener conciencia de la presencia de Dios en su vida, también tenía conciencia de que era débil y pecador y aprendió el arrepentimiento y el volver al Señor. Este Salmo fue escrito luego de que había cometido tremendos pecados: había adulterado y había matado. Y él se humilla ante el Señor, sabiendo que merecía la muerte y dice: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones, y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti sólo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que eres justo cuando hablas, y sin reproche cuando juzgas”. Queridos hermanos: si cuando pecamos no nos afecta, si cuando pecamos no lloramos y nos arrepentimos, si cuando pecamos no nos apartamos luego de esas conductas sino que persistimos en ellas, es porque no tenemos conciencia de la Presencia del Señor, es porque no tenemos conciencia de que aún lo que hacemos a escondidas Él lo está viendo. David sabía que había manchado el nombre de su Señor con su pecado, sabía que él merecía la muerte y la separación de Dios; pero a través de este salmo busca una nueva oportunidad y dice: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú oh Dios. David se humilló y esto es lo que Dios valora: el corazón humillado, contristado por el pecado, por haber manchado su nombre. Si tenemos conciencia de su presencia, nos arrepentiremos y nos apartaremos de todo lo pecaminoso de nuestras vidas.

 

e)      PERCIBIMOS QUE SU AMOR ESTA EN NOSOTROS Y NOS RODEA (1ra. Juan 4:16).- Dice el apóstol Juan: “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él”. Cuando tomamos conciencia de su presencia sobre nuestras vidas, comenzamos a percibir que su amor está en nosotros y nos envuelve. Muchas situaciones difíciles que vivimos nos hacen dudar del amor de Dios; nos hacen dudar de que Dios realmente nos ame. Esto produce en nosotros heridas y raíces de amargura que nos hacen enojarnos contra Dios, que nos hacen recriminarle cosas a Dios, que nos hacen decir: “¿por qué Señor tengo que pasar por esto?” Y el Señor con todo amor nos habla y nos dice: “Cuando yo fui a la cruz lo hice por vos. En ese momento yo me quedé solo; todos me abandonaron, aún el Padre. Pero ahora vos estás en esta tierra y sé que estás sufriendo y padeciendo, pero no estás solo, no estás sola; el Consolador, el Espíritu Santo que he enviado, está a tu lado para ayudarte; mi Presencia estará con vos para fortalecerte hasta el fin”.

 

CONCLUSION: No perdamos la conciencia de que su Presencia está con nosotros, no perdamos la confianza que tiene de parte de Dios una gran recompensa; sigamos adelante confiando en que lo que Él dijo: “Y he aquí yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” es una realidad que nos acompañará hasta el fin de nuestros días.