RENUÉVAME, SEÑOR

INTRODUCCION: Hay una verdad que Cristo le dijo a sus discípulos y que se encuentra en Juan 15:5. Ese versículo termina: “porque separados de mí nada podéis hacer”. Por mucho tiempo nosotros nos empeñamos en vivir lejos de Dios, independientes del Señor y esta situación nos llevó a experimentar un gran vacío que nada de este mundo lo pudo llenar, hasta que nos encontramos con Él, con el Autor de nuestra vida, y todo cambió. Por eso tenemos que vivir agradecidos a Dios. En este mismo pasaje de Juan 15, Jesús les dice a los discípulos que es necesario que permanezcan unidos a Él. La invitación de Cristo es a perseverar, es a permanecer, es a continuar apegados a Él. Pero la realidad de la vida nos hace ver que muchas veces aflojamos, que muchas veces nos cansamos, que muchas veces desmayamos; y es en esos momentos que necesitamos un renuevo espiritual, un refrigerio en nuestro espíritu. Dios ha provisto para ello al Espíritu Santo para que esté con nosotros para siempre (Juan 14:16). Muchas veces nos olvidamos de esto y vivimos la vida cristiana desganados, sin motivación, tibiamente y livianamente. El Señor quiere renovar nuestro espíritu, nuestra vida; Él quiere que no nos conformemos como estamos sino que busquemos más de su renuevo y de su presencia para nuestras vidas. Estos últimos tiempos que estamos viviendo, como sabemos, son muy peligrosos y por lo tanto, necesitamos más que nunca la obra y el renuevo del Espíritu Santo en nuestros corazones. Hoy quisiera que meditemos acerca de un hombre que en un momento de su vida flaqueó igual que nosotros pero Dios renovó sus fuerzas.

TEXTO: 1ra. Reyes 19:1-18

  1. CUANDO DEJAMOS DE MIRAR AL SEÑOR Y A SU PALABRA, Y MIRAMOS LO QUE EL DIABLO QUIERE QUE MIREMOS, COMENZAMOS A FLAQUEAR (vs.3-4).- Dice la Palabra que Elías “viendo el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida”. Elías huyó al ver el peligro. Si leemos el capítulo 18, veremos todas las proezas que este hombre hizo, como por ejemplo enfrentarse a los profetas de Baal y matarlos, siendo ellos mayoría y como oró por la lluvia y llovió;  podríamos decir: “¿Qué le pasó a Elías?” La Biblia nos responde diciéndonos que él vio el peligro antes que al Dios Todopoderoso que lo había ayudado. En corto tiempo se olvidó del poder de su Dios. Y sentándose debajo de un árbol, deseando morirse, le dijo a Dios que le quite la vida. ¿Cuántas veces a nosotros nos pasa lo mismo: vemos lo que el diablo nos muestra y no vemos al Señor como poderoso gigante a nuestro lado y a su Palabra? En algún momento bajamos la mirada para observar el problema, y cuando vemos ese problema, el diablo nos pone una lupa para que lo veamos más grande, y así, comenzamos a flaquear y a perder la confianza en Dios, como le pasó a este varón; y deseamos morirnos.  Pero lo que dice la Biblia en Santiago 5:17, que Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, nos trae el consuelo de saber que Elías era igual que nosotros. No por ser profeta de Dios estaba exento de flaquezas.  Aquí podemos aprender que tenemos que estar preparados para los ataques del enemigo cuando quiere hacernos poner la mirada en los problemas. Él quiere hurtar la fe de nuestro corazón, que dejemos de confiar en el Señor y cuando esto ocurre, pone el pensamiento de muerte. Resistamos todo espíritu de muerte sobre nuestra vida, no dejemos que el diablo quite la fe de nuestro corazón. Tenemos que tener nuestra mirada firme en el Señor y en su provisión y salvación.

 

  1. EL SEÑOR TIENE LA PROVISION QUE NECESITAMOS PARA SER RENOVADOS (vs. 5-6).- El relato dice que Elías se quedó dormido debajo del enebro. Y que luego un ángel le tocó, y le dijo: “Levántate, come”. Y había en su cabecera una tora cocida y una vasija con agua. Y dice la Palabra que el comió y bebió. Queridos hermanos: cuando nosotros le decimos al Señor que nos quite la vida porque ya no damos más, Él se calla la boca y solamente nos despierta para darnos el alimento y renovar nuestras fuerzas. Él tiene la provisión, el alimento que necesitamos para ser renovados en nuestras fuerzas: Su bendita Palabra y la presencia de su Espíritu Santo. El alimento y el agua están puestos a nuestra cabecera; sólo tenemos que comer y beber. Notemos que Dios tampoco lo condena a Elías por sus palabras. Él calla por amor y opera con su poder para renovar la fe y las fuerzas de Elías. Si hoy has venido con esta sensación de muerte en tu corazón, quiero decirte que Dios en este momento te dice: “Levántate y come de mi Palabra y la fe volverá a tu corazón”. “No pierdas tu confianza que tiene gran galardón”. El salmista David dice en el salmo 51:10 “y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Esta tiene que ser nuestra oración: “Señor, renueva, haz de nuevo mi espíritu que está roto por mi pecado y mi falta de confianza en ti”. Hoy es día de renuevo, de restauración espiritual para nuestras vidas. Él tiene la provisión que necesitamos para ser renovados. Clamemos: Renuévame, Señor”.

 

  1. EL SEÑOR ES EL UNICO QUE SABE CUÁNTO SERÁ NUESTRO TIEMPO SOBRE ESTA TIERRA (vs. 7).- Dice la Biblia que el ángel volvió por segunda vez, lo tocó y le dijo: “Levántate y come, porque largo camino te resta”. Con esta respuesta el Señor le estaba diciendo a Elías que no iba a cumplir sus deseos de morirse, porque le quedaba un largo camino por recorrer. Muchas veces el enemigo pone en nuestras mentes el pensamiento de que ya hemos vivido suficiente, de que ya está basta; pero el Señor nos dice: “aún te resta un largo camino, porque mi obra en tu vida todavía no se ha terminado”. Él Señor es el único que sabe cuánto nos queda de tiempo sobre esta tierra. Nosotros no tenemos que preocuparnos de eso, sino de vivir fielmente las horas, los días o los años que nos queden; nuestra obligación es vivir en la voluntad del Señor hasta el último aliento de nuestra vida. No le demos lugar al diablo con pensamientos destructivos.

 

  1. CUANDO EL SEÑOR NOS RENUEVA Y NOS FORTALECE, BUSCAMOS ESTAR Y VIVIR DELANTE DE SU PRESENCIA (vs. 8).- Cuenta la palabra que Elías se levantó fortalecido por la comida y el agua. Y caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Esto nos enseña que cuando Dios completa su obra de renovación en nuestras vidas, nos fortalece y esa fortaleza nos lleva a buscarle, a ir al monte de Dios, a ir a su presencia. El resultado de la obra del Señor en nuestros corazones es una renovación de nuestra relación con Él, de querer buscarle, de querer amarle, de querer servirle. En esa renovación de nuestras vidas interviene el Espíritu Santo guiándonos a toda la verdad de Dios, guiándonos a tener el testimonio dentro de nuestros corazones de que somos hijos de Dios, guiándonos a saber y a entender que Dios nos ama y que no quiere que ninguno se pierda sino que todos se arrepientan. El Salmo 25:4 dice: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen”. Cuando nuestras fuerzas son renovadas entendemos que Dios quiere tener con nosotros una comunión íntima, una relación de amor. En 1ra. Cor. 1:9 dice que fuimos llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor. Vivamos pues en esa comunión.

 

  1. CUANDO HEMOS VUELTO A LA COMUNION CON EL SEÑOR, ÉL PUEDE CONFIARNOS NUEVAMENTE SUS PROPÓSITOS (vs. 15-18).- Cuenta el relato que Elías se metió en una cueva y Dios le preguntó: “¿Qué haces?”Y Elías le dice al Señor que estaba escapando porque Israel había dejado el pacto con Dios y se sentía solo. Pero el Señor le dice que salga afuera y cuando sale, le da instrucciones acerca de la obra que él tenía que hacer: ungir a dos reyes y a un profeta. Cuando hemos sido renovados y volvemos a la comunión con el Señor, queremos hacer su voluntad y servirle. Y Dios mira ese deseo y nos hace parte de sus propósitos y nos encarga su obra. Él nos renueva no solamente para que estemos bien nosotros sino para que podamos afectar a otras vidas. Pongámonos en sus manos con todo nuestro corazón.

CONCLUSIÓN: Clamemos al Señor para que hoy nos renueve. Su renuevo significa poner más de su presencia en nosotros, significa que seremos como árboles plantados junto a corrientes de aguas, que sus hojas no caen, su renuevo en nuestras vidas significa que el Espíritu Santo nos capacitará para que seamos más obedientes. Digámosle al Señor: “Renuévame”.