SOPORTÁNDONOS EN AMOR

INTRODUCCION: Una de las cosas que tenemos que aprender a ver en la vida es la paciencia que Dios nos tiene, cómo Dios nos tolera, cómo Él aún sigue teniendo misericordia de cada uno de nosotros. En 2da de Pedro 3:9, leemos que “Él es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Dios espera ver cambios en nosotros como resultado de nuestro arrepentimiento. Si miramos para atrás nuestra vida nos daremos cuenta todo lo que Dios nos ha soportado y nos sigue soportando hasta llegar a este día. Debemos humillarnos delante de Él y ser agradecidos de que aún nos extienda su misericordia, ya que todavía falta que le entreguemos cosas de nuestra vida que muchas veces nosotros y Dios sabemos cuáles son, pero que nos cuesta rendir. Dios es Padre y nos soporta. Pero Él demanda de nosotros, sus hijos, que, así como Él nos soporta, nosotros también soportemos a los demás. “Soportar” significa sostener o llevar sobre sí una carga o peso. “Soportar” también significa aguantar, tolerar, sujetar, sustentar, mantener, sobrellevar, tener. El apóstol Pablo habla en dos pasajes que hoy vamos a ver acerca de soportarnos.

TEXTOS: Efesios 4:2; Colosenses 3:13

DESARROLLO:

Efesios 4:2 “Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. Pablo dice “con toda humildad y mansedumbre”. La humildad y la mansedumbre la  corazón”. Dijimos en alguna oportunidad que un discípulo de Cristo es un aprendedor de Cristo, es decir, uno que está dispuesto a aprender. Entre las cosas que tenemos que aprender, se encuentran la mansedumbre y la humildad. Ser manso significa ser benigno, tranquilo, apacible y amable con los demás.  Y humilde, significa dócil, que reconoce sus limitaciones, que es enseñable, que es accesible, que es sencillo. Muchas veces aprendemos de la Palabra de Dios un montón de cosas pero no aprendemos a ser humildes ni mansos. Aparentamos que somos humildes y mansos pero en realidad nos falta mucho. Si vamos a ser discípulos de Cristo, seamos humildes y mansos cuando somos enseñados, porque dijimos que una persona humilde es alguien enseñable, que está dispuesta a aprender, que no se cree que se las sabe a todas. Pero dice Pablo también “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. Una de las cosas que dijimos acerca de “soportar” es que significa tolerar. Dice Pablo: “tolérense con paciencia los unos a los otros”. ¡Qué intolerantes somos muchas veces! ¡Qué flojos somos en nuestro amor al prójimo, y aún, en nuestro amor al hermano! También dice el apóstol en 1ra. Corintios 13 “el que tiene amor todo lo soporta”. Queridos hermanos: si no nos soportamos entre nosotros, es porque nos falta amor entre nosotros, y si nos falta amor tenemos que pedirle perdón al Señor, porque no estamos cumpliendo el segundo gran mandamiento: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay ninguno mejor que otro.  No menospreciemos ni despreciemos al hermano. Si Dios no nos despreció a nosotros, nosotros tampoco menospreciemos al prójimo. 

Colosenses 3:13  “Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la misma manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. En este pasaje Pablo vuelve a exhortar a los hermanos diciéndoles que se soporten los unos a los otros, pero le agrega: “y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro”. La iglesia es un lugar de relaciones y Dios es un Dios de relaciones. En la iglesia nos relacionamos con muchas personas y en esas relaciones es natural que aparezcan roces y diferencias de opinión, pero no debemos dejar que estas cosas construyan en nuestro corazón rencores ni amarguras. Si tenemos queja contra alguno, debemos ir y hablar con esa persona a solas y no por detrás. Debemos hablar con esa persona con todo respeto y no faltándole el respeto. Debemos hablar con esa persona y arreglar toda diferencia. Tenemos que perdonar y pedir perdón. Hay personas que no saben pedir perdón. Pareciera que no necesitan pedir perdón, pareciera que todo está bien porque a ellas no les duele, pero sí le duele a la persona que han ofendido. La iglesia es una comunidad de perdón y debemos poner en práctica el perdón. El perdón desata, el perdón libera, el perdón sana, el perdón es una de las columnas de una conciencia limpia y de un corazón humilde. Pablo dice: “De la misma manera que Cristo los perdonó, así también háganlo ustedes”. Lo que se siembra se cosecha. Si perdonamos, Dios nos perdona; si pedimos perdón por nuestras ofensas al hermano, Dios nos libera y lo libera a él también.

¿Qué impide que nos soportemos?

1.- El orgullo y la autocompasión.- Santiago 4:6.- El orgullo es arrogancia, es exceso de estimación propia. La autocompasión es la costumbre de tenernos lástima a nosotros mismos y de echarles la culpa a los demás. La autocompasión nos mantiene atrapados, sin que nos demos cuenta de ello y nos impide avanzar por la vida y disfrutar de la misma con la bendición de Dios. Tenerse lástima a uno mismo es orgullo. Todo esto nos impide que soportemos a los demás porque para tolerar y sobrellevar nuestro trato con otros hace falta el amor de Dios. Y si hay orgullo, seguramente que no hay amor.

2.- Los celos y la envidia.- Pr. 14:30.- Santiago 3:14.- La envidia son la tristeza o pesar del bien ajeno. Los celos son la desconfianza que alguien siente de que cualquier afecto o bien que disfrute o pretenda llegue a ser alcanzado por otro. Estas dos cosas son destructivas para nuestra relación de hermanos e impiden que aprendamos a soportarnos en amor. Estas cosas, dice la Biblia, son obras perversas que no vienen de Dios.

3.- La ira y el enojo.- Mateo 5:22.- La ira es una pasión del alma que produce el enojo. Enojarse es disgustarse con alguien. Estas emociones no nos dejan pensar en el prójimo. Cuando hacemos del enojo nuestra forma de vida y vivimos la vida amargados, estamos impedidos de aprender a soportar a los demás. Vivimos enojados con la vida, con el tiempo, con el trabajo, y algunas veces, hasta con Dios.

4.- Falta de perdón.- Lucas 6:37.- La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando. La falta de perdón expresa todo lo contrario al carácter de Dios. La falta de perdón nos ata a las personas con resentimientos. Un resentimiento es el odio imponente contra la causa de un mal recibido y consumado. Consecuencia de la ira. El odio es lo contrario al amor, por lo tanto el resentimiento y la falta de perdón son un impedimento para cumplir con el mandato de Dios de soportarnos en amor.

¿Qué tenemos que hacer si tenemos alguno de estos impedimentos?

a.- Arrepentirnos.-

b.- Acercarnos los unos a los otros conversando en paz y con respeto.-

c.- Perdonar en oración y perdonar cara a cara a la otra persona.-

d.- Pedir asistencia y sabiduría al Espíritu Santo.-

e.- Actuar con sinceridad y sin doblez.-

CONCLUSIÓN.- El Señor quiere que aprendamos a soportarnos los unos a los otros. No podemos guardar rencor ni resentimientos entre nosotros. Dios quiere que aprendamos a aceptarnos con nuestras diferencias y respetándonos. Si Cristo nos soporta a nosotros, soportemos también nosotros a los demás, sostengamos nuestras relaciones en un ambiente de amor y de respeto. No dejemos que el diablo nos divida. No seamos flojos echándoles la culpa a los demás. Aceptemos nuestras fallas y pecados y arrepintámonos pidiendo perdón y apartándonos de toda falta de tolerancia y de amor.