CONOCI√ČNDOLE EN MEDIO DEL DOLOR

INTRODUCCION: Muchas de las vivencias que tenemos son difíciles de olvidar. Algunas de ellas quedan grabadas a fuego en nuestro corazón produciéndonos heridas y rencores que arrastramos por años y que no nos traen paz. Sólo el amor de Dios puede curar las heridas del alma. Por eso es que necesitamos acercarnos a Dios. No podemos vivir la vida siguiendo al Señor de lejos, sin un compromiso real y verdadero porque de esa forma no podremos ver cambios en nuestras vidas. Tenemos que tomar la decisión de seguirle bien de cerca, bien comprometidos, bien tomados de su mano, porque de esta forma podremos enfrentar y superar las situaciones difíciles de la vida. Dios quiere ayudarnos, fortalecernos y consolarnos en nuestras angustias y pesares, en nuestros dolores y sufrimientos, pero muchas veces nosotros no lo dejamos por no tener una actitud correcta para con Él. Hoy quisiera que aprendiéramos que esos momentos de dolor y sufrimiento son los que más nos ayudan a conocer a Dios, siempre y cuando los aceptemos con la actitud correcta. Hoy vamos a ver algo de un varón que aprendió a conocer a Dios en medio de la aflicción, y que nos ayudará a nosotros a conocer algo más de nuestro Padre Celestial.

 TEXTO: Job 1-2; 42.-

DESARROLLO:

 En el libro de Job, y luego de que este varón sufriera la primera parte de sus calamidades, leemos en el capítulo 1:20-22, lo siguiente: "Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno". No sé cuántos de los que estamos aquí podríamos actuar como Job, pero lo cierto es que este varón nos deja enseñanzas muy profundas que tenemos que considerar porque se tratan de cosas que a cualquiera le puede pasar.

  1. LA ADORACION PARA DIOS TIENE UN VALOR INCALCULABLE Y CONSISTENTE CUANDO SE LA DAMOS EN MEDIO DEL DOLOR PORQUE ES MUESTRA DE QUE LE AMAMOS (Job 1:20).-  Cuando vemos todo lo que le ocurrió a este hombre (unos forajidos mataron a sus criados mientras trabajaban en sus tierras, un fuego del cielo cayó y quemó sus ovejas y a los pastores, los caldeos se robaron sus camellos y mataron a los criados y un viento derribó la casa donde estaban sus hijos y los mató) lo que se nos ocurre en primera instancia es decir: ¡pobre hombre! Pero lo que podemos observar detenidamente de este hombre y como una enseñanza para nuestra vida es su actitud hacia Dios: aparte de rasgar su manto y rasurar su cabeza, se postró en tierra y adoró. No es fácil adorar a Dios en medio del dolor y el sufrimiento, porque estas situaciones afectan nuestro estado de ánimo; pero cuando vemos a Job aprendemos que esos momentos son para postrarnos y adorar al Señor, son para hacer silencio y solamente humillarnos, son para llorar y  reverenciarle a Él como nuestro Hacedor y Dueño.  Dice Job: “desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá”. Cuantas veces nos aferramos a las cosas de este mundo. Nos olvidamos que un día dejaremos esta tierra, nos olvidamos que un día volveremos allá, como decía Job. Jesús decía: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?”. En la vida, no todo es lo material, lo que tenemos o lo que podemos ver que otros tienen y nosotros no. Lo más importante son las realidades espirituales, los valores que Cristo nos enseña en su Palabra. No vale la pena malgastar nuestra vida detrás de los placeres o de lo que no aprovecha. Job sabía bien de que se trataba el día de su nacimiento y el día de su muerte: “desnudo salí y desnudo volveré allá”. Que podamos vivir sobre esta tierra, conscientes y lúcidos de nuestra realidad de seres débiles y humanos, de seres limitados a los cuales un día la vida sobre esta tierra se les acabará, para que podamos estar preparados para todo en la vida porque no sabemos que nos tocará a la vuelta de la esquina. Cuando nos humillamos y adoramos al Señor en los momentos de dolor Él puede ver que nuestra confianza y fe en Él es verdadera y que no confiamos en nuestras fuerzas ni en lo que podemos llegar a tener. El que adora en espíritu y en verdad, adora a Dios en las buenas y en las malas.

 

  1. SOLO EN MEDIO DEL DOLOR ENTENDEMOS QUE DIOS ES SOBERANO (Job 1:21).- Por lo que podemos ver, Job era un varón que temía al Señor y le reverenciaba con todo su corazón. Podemos ver en versículos anteriores como clamaba por sus hijos e intercedía por ellos. Padres: tenemos que aprender de Job. Aunque no veamos resultados ahora, si perseveramos, las puertas de los cielos se abrirán sobre nuestros hijos y veremos la obra de Dios sobre ellos. Nuestra obligación es clamar y no desmayar, es clamar y no bajar los brazos, es clamar y temerle a Dios. Podemos ver también que Job dice: "Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito". Esta es una frase que expresa su conocimiento de la soberanía de Dios. La soberanía de Dios es el ejercicio de su Autoridad Suprema. Job sabía que Dios tiene todo derecho sobre sus criaturas aunque nosotros no lo entendamos; Job sabía que el control de su vida estaba en las manos de Dios y que Él sabía lo que hacía. Cuando el dolor llega a nosotros, si estamos dispuestos a aceptar la voluntad de Dios, podremos entender más claramente lo que es su Autoridad y su soberanía. Si nos hemos entregado totalmente a Cristo, si hemos entendido que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, si nos hemos dado cuenta que ya no podemos hacer lo que se nos da la gana porque tenemos un Dueño que está por sobre nosotros y que puede hacer con nosotros lo que quiera, es porque hemos entendido su soberanía. En medio del dolor podemos entender que Dios es la Autoridad máxima y que no hay nada que pueda detener sus propósitos y voluntad.  Aunque la palabra soberano para referirse a Dios no figura en la Biblia, hay otras palabras que sí figuran, como “autoridad”, “poder”, “dominio” y “gobierno”, que nos dan a entender que nuestro Dios es un Dios soberano. Sólo en medio del dolor, nosotros, los hijos de Dios, podemos entender que Dios es soberano.

 

  1. EN MEDIO DEL DOLOR PODEMOS TOMAR DOS CAMINOS: JUSTIFICAR O NO JUSTIFICAR A DIOS EN LO QUE PERMITE QUE NOS SUCEDA (Job 1:22; Job 2:9-10).- En el versículo 22 del capítulo 1 y en el vs. 10, dicen los pasajes: "en todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno”. Es decir que no le recriminó a Dios nada de lo que estaba viviendo, sino que justificó a Dios, es decir que con su actitud, declaró que Dios es dueño de hacer lo que quiera y que sus designios siempre tienen el ingrediente de su justicia. Aún vemos cómo defendió a Dios delante de su esposa, que le decía: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete”. ¿Cuántas veces escuchamos estas voces que vienen de aquellos instrumentos del diablo que quieren llevarnos a destruir nuestra vida cuando nos ven en la mala? Estos son los momentos en que Dios está expectante viendo que vamos a hacer,  que camino vamos a tomar. Y en medio del dolor podemos escoger dos caminos: justificar a Dios o enojarnos contra Él. Que cuando el dolor llegue nuestra  integridad hacia Dios se haga manifiesta. Job no pecó, ni tampoco le atribuyó a Dios despropósito. Atribuirle a Dios despropósito es argumentar contra Él, es querer mostrarle que está fuera de nuestra razón, y que lo que hace no tiene sentido, es como decirle: “Dios, vos no sabés lo que hacés”. Muchas veces podemos actuar así contra Dios. Por eso tenemos que prepararnos para esos momentos alimentando nuestra confianza en Él mediante su Palabra. Por eso es un desperdicio no asistir a una reunión o a un grupo casero, o a un grupo de estudio, porque estamos perdiendo preparación para los momentos duros de la vida. Cuando el dolor llegue no le atribuyamos al Señor despropósito; cuando el dolor llegue, no dejemos que nuestro estado de ánimo impida la adoración y el respeto que le debemos al Señor. Queridos amigos y hermanos cuando el dolor llegue, solamente callemos, lloremos y adoremos. Que el Señor nos ayude.

 

  1. CUANDO EL DOLOR HA PASADO, NOS DAMOS CUENTA DE NUESTRA DEBILIDAD Y DE NUESTRA FALTA DE CONOCIMIENTO DE LOS DESIGNIOS DE DIOS, PERO TAMBIEN DE QUE HEMOS ROZADO Y HEMOS ESTADO CON EL EN MEDIO DE NUESTRA ANGUSTIA (Job 42:1-6).- En este capítulo llegamos al momento en que Dios le hace entender a Job lo grande que Él es. Y Job dice aquí: “Yo conozco que todo lo puedes y que no hay pensamiento que se esconda de ti”. “Por tanto yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que y  que yo no comprendía”. Job se humilla delante del Señor y reconoce su falta de entendimiento y comprensión de lo que Dios hace. Y luego le ruega al Señor que lo deje hablar y preguntar, y que Él le responda. Y dice que de oídas lo había conocido, pero al pasar por el dolor, él ahora podía ver a Dios. Cuando nos mantenemos fieles en medio de las tribulaciones y pruebas, en adoración y reverencia, nos daremos cuenta al final de ellas que hemos podido ver a Dios, que hemos estado con Dios, que hemos rozado con Él, que hemos percibido de cerca su consuelo y su compañía porque las fuerzas no nos han faltado. El dolor por el que pasamos es un escalón más para estar más cerca del Señor y de su Presencia. Pero dice también: “me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza”. Si hemos tenido una actitud de enojo por lo que Dios ha permitido que nos pase, hoy es el momento de arrepentirnos y adorarle, y decirle: “Tú eres Dios y puedes hacer lo que quieras. Limpia mi vida para conocerte más y acompáñame en el dolor”. Que podamos aprender de Job y de su actitud reverente y sumisa.

CONCLUSION: No bajemos los brazos a pesar de lo que estemos viviendo, no dejemos de adorarle aún en medio de la lucha y el dolor, porque una vez que todo haya acabado, nos daremos cuenta que nos hemos acercado más al Señor, nos daremos cuenta de lo poco que aún le conocemos y nos daremos cuenta que Él aún sigue a nuestro lado.