LA BUENA OBRA

INTRODUCCION: Cuando una persona se acerca a Dios y le entrega toda su vida, pasa a estar en las mejores manos. De esta forma Dios confía en lo que ella puede llegar a ser. Aún el más despreciable de los seres humanos si se arrepiente y se entrega de todo corazón a Dios tiene esperanza. Por eso me atrevo a decir que Dios tiene más fe que nosotros en las personas. Lo que pasa que aquí hay un ingrediente muy importante y es la suficiencia de Dios. O sea, que Dios es el único que tiene la capacidad y el poder de transformar las vidas. Por eso es que Él puede decir: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”. Isaías 44:22. Dios tiene confianza en su poder. Por eso es que, si somos sinceros con Dios, y deseamos agradarle, tenemos que confiar que Él puede cambiarnos, que Él puede transformarnos. No nos podemos quedar amasando las acusaciones del diablo en nuestra mente y decir: “yo no puedo cambiar”. Démosle lugar al Señor para que ponga su mano sobre nosotros y comience a sacar todo lo malo de nuestro ser. Hoy quisiera que meditemos sobre un pasaje que nos muestra el deseo de Dios sobre sus hijos.

TEXTO: Filipenses 1:3-11

DESARROLLO:

  1. DEBEMOS DAR GRACIAS A DIOS POR LOS HERMANOS (VS. 3).- En el vs. 3 leemos como el apóstol Pablo oraba por los hermanos y daba gracias al Señor por ellos.  Dice: "Doy gracias siempre que me acuerdo de vosotros". Seguramente que habrá habido entre los hermanos de Filipos algunos que le hayan hecho sacar, como se dice vulgarmente, "canas verdes", pero él a pesar de eso, daba gracias a Dios por ellos siempre que se acordaba. La pregunta cabe para nosotros: ¿Cómo nos acordamos de los hermanos? ¿Con acción de gracias o con quejas hacia ellos? Pablo nos da el ejemplo: "con acción de gracias al Señor". La oración es una oportunidad de acordarnos de los hermanos; no debe ser tan sólo para pedir por nosotros y nuestras cosas. Ese que está a mi lado está en la misma que yo: está luchando, está buscando del Señor, está tratando de salir de sus debilidades y pecados. No podemos ser tan egoístas y olvidarnos de los demás. Muchas veces menospreciamos y hacemos acepción de personas y decimos: “a este sí lo acepto, a este no”. La verdad es que tendríamos que preguntarnos: ¿Quiénes somos nosotros para despreciar a otros, siendo que Dios nos aceptó a nosotros? Cambiemos nuestra actitud de egoísmo y acordémonos siempre de los hermanos dando gracias a Dios por ellos.
  2. DEBEMOS ORAR UNOS POR OTROS CON GOZO (VS. 4).- Luego dice: "rogando con gozo por todos vosotros". El gozo es un movimiento agradable del ánimo, producido por la comunión con Dios, en dependencia de Él. El gozo es parte del fruto del Espíritu Santo. Para Pablo era muy agradable recordar, orar y rogar por los hermanos. Aquí aprendemos también como tienen que ser nuestros ruegos por otros: "con gozo". Cuando oremos debemos recordar a nuestros hermanos con la alegría de que sean nuestros hermanos. Me tengo que alegrar porque lo veo crecer, me tengo que alegrar porque está progresando en todo sentido, me tengo que alegrar porque su vida me bendice. ¿Cuántas veces le decimos al hermano: tu vida me bendice y estoy orando por vos? La oración con gozo tiene fuerza, porque la Palabra dice que el gozo del Señor es nuestra fuerza. En Daniel 11:32, leemos: “El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. Un pueblo que se esfuerza es un pueblo gozoso porque el gozo es lo que hace que nos esforcemos. Pidámosle al Espíritu Santo que cambie nuestra actitud de negativismo por una actitud de gozo.
  3. DEBEMOS MANTENERNOS FIELES EN LA COMUNION (VS. 5).- En el vs. 5 dice que ese ruego con gozo, tiene un motivo: "por vuestra comunión en el evangelio desde el primer día hasta ahora". Vemos aquí la perseverancia de los hermanos filipenses en permanecer firmes en la comunión. Esto también nos enseña cómo debe ser nuestra comunión con Dios y con los hermanos: "desde el primer día hasta ahora". Esto se llama fidelidad. Los filipenses eran ejemplo de fidelidad. La persona fiel es aquella que es constante en sus afectos y en el cumplimiento de lo que le corresponde y no defrauda la confianza depositada en ella. Tenemos que ser fieles en nuestra comunión con Dios y con el cuerpo de Cristo. Uno de los dardos que nos arroja el enemigo se llama "falta de comunión", y nosotros debemos esquivar ese dardo.  La falta de comunión con Dios y la falta de comunión con el pueblo de Dios nos seca el espíritu. Por nuestro bien, no dejemos de caminar en comunión con el Señor y  con su iglesia.
  4. DEBEMOS CONFIAR QUE DIOS TERMINARÁ LA OBRA QUE UN DIA COMENZÓ EN NUESTRAS VIDAS (VS. 6).- Luego Pablo anima a los hermanos diciéndoles: "estoy persuadido de esto: que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". Muchas veces pensamos y comentamos: ¡cuánto nos falta! Pero Pablo hablaba con fe, mirando lo que Dios podía llegar a hacer con una vida y resalta la obra de Dios en esa vida. Esta declaración de Pablo, nos trae esperanza al corazón de que Dios está obrando, y si lo dejamos terminar, por supuesto que nos hará mejores hijos suyos, mejores hermanos, mejores padres, mejores hijos, mejores empleados, mejores patrones, mejores pastores, etc. Por lo tanto les ruego de todo corazón que no bajemos los brazos, amemos al Señor con todo nuestro ser, obedezcamos y hagamos todo lo que Él nos pida aunque nos duela, por favor, porque esto es la buena obra y la que se desarrolla en las manos del Maestro.
  5. DEBEMOS PONER EN PRÁCTICA EL AMOR (VS. 7-8).- En los vs. 7 y 8, el apóstol muestra el amor que tenía por los hermanos y dice: "porque Dios me es testigo de cómo os amo  a todos vosotros, con el entrañable amor de Jesucristo". La oración de Pablo tenía un ingrediente: el amor de Jesucristo. Sin amor no hay bendición, sin amor podemos hacer mucho ruido, pero el resultado no se verá. El apóstol Juan dice en su primera carta vs. 18 “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”. Romanos 12:9 “El amor sea sin fingimiento”. Caminar en amor es caminar con Dios. Pidámosle al Espíritu Santo un bautismo de amor, pidámosle que quite toda indiferencia y dureza de corazón. Una vida sin amor es fría y apática, pero una vida con el ingrediente del amor es muy diferente, por eso es que aprendemos aquí que nuestras oraciones no deben ser mecánicas, sino oraciones llenas de amor, pero amor del bueno, y ese amor es el de Jesucristo, es el que viene a nuestras vidas por la presencia del Espíritu Santo.
  6. DEBEMOS APROBAR EN NUESTRAS VIDAS SIEMPRE LO MEJOR (VS. 10).- Y termina Pablo diciendo: "para que aprueben lo mejor" y más adelante: "llenos de frutos de justicia". Aprobar lo mejor significa aprobar lo que Dios aprueba, lo que está bajo su voluntad. No demos lugar en nuestras vidas a las conductas que al Señor no le agradan. No nos resignemos a vivir en la desobediencia. Tenemos que cambiar con la ayuda del Espíritu Santo. No permitamos que el mundo invada nuestra habitación espiritual, ya que somos el templo del Espíritu Santo. No aprobemos en nosotros lo opuesto a la voluntad de Dios, porque sufriremos dolor y sequedad espiritual. Aprobemos en nuestras vidas sólo lo que le agrada a Él; y la rectitud sea nuestro diario caminar.

CONCLUSION: La buena obra dentro del corazón sólo la hace nuestro buen Dios, por lo tanto no nos desanimemos ni desesperemos porque la buena obra ya ha comenzado en nosotros. Lo que tenemos que hacer es darle lugar en nuestro corazón siendo humildes, arrepintiéndonos de nuestros pecados y volviendo a sus brazos.