LA BENDICIÓN DE PERDONAR

INTRODUCCION: Estos son los días que habló el profeta Daniel, y que dijo que la maldad se multiplicaría. Hay una invasión de pecado por todas partes que ejerce una presión sobre todos los hijos de Dios como nunca antes. El medio en el cual nos desenvolvemos quiere llevarnos y arrastrarnos para que nos conformemos a este siglo, para que nos acomodemos y nos codeemos con el pecado. Este tiempo demanda de los hijos de Dios consagración y santidad como nunca antes. Como dice Hebreos 2:1: “Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”.

Atender a las cosas que hemos oído significa poner en práctica, obedecer todo lo que es la voluntad de Dios. En cierta ocasión Jesús dijo que el que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos (Mt. 7:21), por ello es necesario hoy ser entendido de cual es la voluntad de Dios para nuestras vidas. Hoy vamos a ver algo que forma parte de su voluntad revelada para sus hijos y que se encuentra en la naturaleza de Dios. Pedro dice que somos participantes de la naturaleza divina por lo tanto debe estar incorporado a nuestras vidas como parte de nuestro carácter. Se trata del PERDON. Si tenemos que dar una definición podemos hablar de varios términos que se traducen perdón:

  1. Kaphar, “cubrir”. Este término también se traduce como expiación. Sal. 78:38
  2. Nasa, “llevar, quitar (culpa)”. Fue usado por los hermanos de José cuando le pidieron que les perdonara.
  3. Salach, “perdonar” referido solamente al perdón que da Dios. Jer. 31:34.

En el NT:

  1. Aphesis, “liberar, remitir, remisión”.
  2. Aphiémi, “perdonar” “despedir, entregar”.

 

El perdón de Dios es el acto por el cual Dios absuelve al hombre del pecado que lo separa de Él, y le devuelve su amistad. Recibimos el perdón por la fe, después de haber confesado nuestros pecados y presentado a Dios el sacrificio de Cristo.

 

TEXTO: Mateo 18:23-35

 

DESARROLLO:

 

  1. Dios es un Dios que pide cuentas (vs. 23-25).- Aquí podemos ver que Dios es Rey, y en su reino el gobierna. Todo gobierno humano necesita que el pueblo pague sus impuestos para hacer frente a sus gastos y erogaciones. Cuando alguien no paga sus impuestos el gobierno hace acciones judiciales contra los deudores a fin de cobrarse la deuda. En muchas partes de la Biblia se nos dice que Dios pide y pedirá cuentas de las obras de cada uno. Isaías 1:18 (Estemos a cuenta). Rom. 14:12 (Cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí). Heb. 4:13 (Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta). 1ª Pedro 4:3-5 (Ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos). Heb. 13:17 (Como quienes han de dar cuenta). Así es, Dios va a pedir cuenta de nuestras acciones. El rey en este pasaje revisa sus cuentas y aquello que tiene para cobrar y nota que hay uno que le debe 10.000 talentos. Un talento equivalía a 21.600 grs., o sea 21 kg con 60 grs., por lo tanto lo que este hombre le debía al rey eran 216.000 Kg de plata. Al ver el rey que este hombre no podía pagarle, ordena venderle como esclavo a él y a su familia. Podemos ver aquí como se exalta la justicia de Dios. Llegará el día en que Él dará a cada uno lo que le corresponde. Nunca debemos perder de vista la realidad del juicio de Dios. Por eso dice Dios: “Mía es la venganza, yo pagaré”. Rom. 12:19. Rom. 2:16.

 

  1. La misericordia es lo que hace perdonar (vs. 26-27).- Este siervo se postro y comenzó a   suplicarle al señor para que le tuviera paciencia, prometiéndole que iba a pagar todo. Y el señor movido a misericordia le perdonó la deuda. Imaginemos por un momento el estado de alegría de este hombre. Debiéndole 216.000 kg de plata al rey, toda su deuda es perdonada. La Biblia exalta en forma permanente la misericordia de Dios, como parte de su carácter y naturaleza benevolente. Dios perdona porque es misericordioso. El salmo 136 es una muestra de ello, donde se repite sucesivamente la frase “porque para siempre es su misericordia”. Nuestra vida en Cristo es el resultado de la obra de su misericordia. En nosotros no había ningún mérito para ser salvos. Tito 3:5. “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo”. Ahora bien, en 2ª de Pedro dice: “3Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; 4por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones”. Es decir que somos participantes de la naturaleza divina. Por la obra del Espíritu Santo somos como un espejo que refleja la gloria del Señor y vamos siendo transformados en la misma imagen de nuestro Salvador (2ª Cor. 3:18). Somos depositarios de un tesoro que es su misma presencia en nosotros. Por lo tanto como cristianos normales nuestro carácter debería reflejar el carácter de Dios. ¿Y cómo es Dios de acuerdo al pasaje que estamos meditando? Misericordioso. Lucas 6:27-36. »Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; 28bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. 29Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. 30A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. 31Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.

32»Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. 33Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.” Por lo tanto para poder perdonar tenemos que ser misericordiosos como nuestro Padre Celestial. Mt. 5:7. Mt. 9:13. Sgo. 2:13. Si no somos misericordiosos nunca podremos perdonar. Por lo tanto nuestra oración primordial antes de “Señor, ayúdame a perdonar” debe ser “Señor, hazme más misericordioso como tú”.

 

  1. La falta de perdón es consecuencia de olvidarnos de la misericordia de Dios (vs. 28-30).- Este siervo dice que se encontró con otro consiervo suyo, un colega, uno que servía junto con él, y no le perdonó su deuda. Este consiervo suyo dice que le debía 100 denarios, es decir el equivalente a 400 grs. de plata. Si comparamos la deuda que él tenía con el rey, esto era muy ínfimo. Pero vemos como muy pronto se olvidó de la misericordia que su señor había tenido con él, así como muchos de nosotros también nos olvidamos. La falta de perdón es una deuda. Este siervo estaba reclamando que su consiervo le pagase la deuda que tenía con él, sin darse cuenta que él se estaba endeudando con su señor. Cuando nosotros no perdonamos, nuestra cuenta en el cielo queda en rojo. Nos convertimos en deudores morosos de Dios. Mateo 6:15. “15pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. La falta de perdón hace que raíces de amargura aparezcan en nuestro corazón. Heb. 12:15. “15Mirad bien, para que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz de amargura que os perturbe y contamine a muchos”. La amargura por causa de la falta de perdón no sólo nos hace mal a nosotros sino que los demás también son afectados. Efesios 4:31. “31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”. La falta de perdón es una sombra que se cierne sobre nuestra vida quitándonos el gozo de la salvación. La falta de perdón nos enferma el cuerpo. El rencor es un sentimiento de enojo persistente. El rencor se guarda y lo más triste de todo es que crece y se hace como una bola de nieve, y endurece el corazón. Este es un impedimento del enemigo para que el pueblo de Dios no crezca. Cuando guardamos rencor en nuestro corazón y no lo confesamos a Dios y a la persona afectada, nos enfermamos. Salmo 32:3. “3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”. Santiago 5:16. “16Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. El Espíritu Santo quiere sanar la enfermedad causada por al falta de perdón.

 

  1. Debemos perdonar de todo corazón. (vs. 31-35).- El rey le recrimina a su siervo diciéndole: “Siervo malvado”. La falta de perdón no le agrada a Dios. Para El es maldad y pecado. “¿No debías tú también tener misericordia como yo tuve misericordia de ti?” El rey había dejado una enseñanza a su siervo, que esperaba que éste aprendiera. El perdón que Dios nos ha dado es para que recordemos de dónde nos ha sacado el Señor: de la muerte eterna. El saber perdonar es aprender a valorar lo que Dios ha hecho por nosotros. Nuestro perdón debe ser “de todo corazón”. Del corazón mana la vida dice Proverbios. Por lo tanto cuando nosotros perdonamos de todo corazón significa que transmitimos vida. Algo para meditar: ¿Cómo es nuestro perdón? Un corazón perdonador es para nuestro Padre como un perfume grato. En el Padre Nuestro decimos: Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos. Es decir que de la manera que nosotros perdonamos, Dios nos perdonará a nosotros. Perdonar de todo corazón es poner en práctica el amor. Dado que el amor es fruto del Espíritu Santo, mi corazón debe estar limpio para que el Espíritu y el amor fluyan. En 1ª Timoteo 1:5 Pablo habla del “amor nacido de un corazón limpio, y de buena conciencia y de fe no fingida”. También en 1ª Pedro 1:22 leemos del “amor fraternal no fingido”. El amor se desarrolla en el perdón. Efesios 4:32. “32Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Col 3:13. “32Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

 

CONCLUSION: Aprender a perdonar es una de las bendiciones más grandes que Dios da a una vida. No seamos como el siervo que no supo perdonar y se olvidó de la misericordia de Dios. Porque Dios es misericordioso perdona. Nosotros debemos ser como Él. Jesús exhortó a que así sea. Si tienes alguna raíz de amargura, falta de perdón o rencor que te impida crecer, hoy es un día de restauración y renovación.

Necesitamos el perdón para la relación:

  1. Entre padres e hijos
  2. Entre hermanos
  3. Entre esposos
  4. Entre familiares