UN CORAZÓN LIMPIO

INTRODUCCIÓN: Cuando la Palabra dice: “Porque Dios no mira lo que mira el hombre, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón”, es porque le da a esto una importancia relevante y fundamental. Para Dios lo íntimo de nuestra vida es lo que determina lo que somos en realidad. En Proverbios 23:7 dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Al diablo le interesa mantenernos alejados y distraídos de lo que es evaluar nuestras conductas y pensamientos a la luz de Dios y su Palabra. El salmista decía: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y mira si en mí hay camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24). Jesús también habla acerca de que lo que nos contamina, sale de nuestro corazón (Mateo 15:11-20). ¿A qué se refiere la Palabra cuando habla acerca del corazón? En el antiguo y en el nuevo testamento una de las referencias que tiene el corazón expresa la idea de “conciencia”. Como sabemos la conciencia es puesta por Dios y es inherente a todos los seres humanos; la conciencia es la capacidad moral del hombre de darse cuenta de sus hechos, aprobando los que sean correctos y condenando los que crea equivocados. La conciencia necesita una dirección a fin de que los hechos de la persona sean evaluados a la luz de ese patrón o medida. Por causa del pecado nuestra conciencia se encuentra afectada y en tinieblas antes de conocer a Cristo. Cuando entregamos nuestra vida a Dios, nuestra conciencia encuentra la dirección o el patrón correcto que debe seguir; comienza a ser educada y purificada; en otras palabras el Evangelio es el que ilumina y limpia nuestra conciencia, nuestro corazón. Dentro de la voluntad de Dios se encuentra el deseo de que como hijos de Dios mantengamos un corazón limpio que refleje su gloria para que el mundo crea en la obra poderosa que El puede hacer en una vida.

 

TEXTO: Mateo 5:8 – Salmos 51:10

 

¿Qué ocurre cuando mantenemos un corazón o conciencia limpios?

 

  1. ANDAMOS EN LA LUZ COMO NUESTRO SEÑOR (1ª Juan 1:7).- El pasaje dice aquí: “si andamos”. El andar es una expresión metafórica para expresar todo un estilo de vida. Jesús dijo “Yo soy la luz del mundo”. Juan 1:4-5; 9. La luz hace huir las tinieblas y revela todo. Cuando la luz llega a nuestras vidas, ilumina nuestro entendimiento entenebrecido y oscuro, y saca a relucir toda nuestra maldad. La luz de Dios es vida para nosotros porque cuando se establece en nuestro corazón, nos libra de la esclavitud y de la influencia del pecado que nos lleva a la muerte. El andar en la luz es vivir cada día en integridad. Ser íntegros significa que somos de una sola pieza, que en todos lados somos iguales: en nuestra casa, en el trabajo, en la iglesia, etc.  El salmo 101:2, en su segunda parte dice: “en la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa”. Nuestra casa, donde vivimos, es figura de nuestra intimidad. Allí donde podemos estar a solas y con nuestra familia, donde nos mostramos tal como somos. En nuestra intimidad es donde aprendemos a ser íntegros. Cuando estamos a solas con Dios es cuando tenemos la oportunidad de abrirle nuestro corazón y decirle: "Señor, mírame, mi corazón así es. Quiero que lo hagas como está en tus planes. Crea en mí, Señor, un corazón limpio". Si no hemos aprendido a ser íntegros en nuestra intimidad, y con los más cercanos, todo lo que hagamos para aparentar será como algo hueco. Para poder entender el camino de integridad es necesario que el Señor venga a nuestras vidas, es necesario que Él haga una residencia permanente en nosotros a través de su Espíritu Santo y su Palabra. Cuando esto pasa, es cuando podemos entender su voluntad y su camino, y mantenemos nuestro corazón limpio como Dios quiere.  

 

  1. NO HAY ENGAÑO EN NUESTRAS VIDAS (Juan 1:47).- Aquí nos muestra la Palabra que Jesús se refiere acerca de Natanael como un verdadero israelita, en quien no hay engaño. En un corazón limpio no hay lugar para el engaño. Engañar es dar a la mentira apariencia de verdad. En Génesis 3:1-6, podemos ver como el diablo engañó a Eva a través de medias verdades. “¿Con que Dios os ha dicho: No coman de todo árbol del huerto?” Con esta pregunta sutil el enemigo comienza el diálogo con Eva cambiando lo que Dios había dicho. Y Eva responde: “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comerán de él, ni lo tocarán, para que no mueran” Entonces el diablo le responde con una mentira: “No morirán”, negando de esta forma la palabra y la sentencia que Dios había dado. Pero le agrega una media verdad que siembra en el corazón de Eva la codicia: “sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos (verdad), y seréis como Dios (mentira), sabiendo el bien y el mal (verdad)”. El enemigo siembra mediante el engaño la incredulidad y la duda acerca del propósito que Dios tiene con ellos. Y hoy en día la fórmula del diablo sigue siendo la misma: quitar de nuestros corazones la fe en Dios. Cuando hay engaño en nuestro corazón, vivimos ocultándonos de Dios y aparentando una fe que no tenemos. En Efesios 4:25, dice que desechemos la mentira y hablemos verdad. La hipocresía también es una forma de mentira. La hipocresía es fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.  Jesús condenaba la hipocresía de los fariseos (Lucas 12:1-3) y en Gálatas 6:7 el apóstol Pablo nos dice que Dios no puede ser burlado. Por lo tanto debemos desechar y quitar de nuestro corazón todo engaño que nos impide ser genuinos y cambiarlo por la sinceridad con Dios y con los demás. Un corazón limpio es un corazón que no engaña ni vive engañado por el enemigo.

 

  1. VIVIMOS DELANTE DE DIOS CON HUMILDAD Y RECONOCIMIENTO (Isaías 57:15).- Aquí dice el profeta que Dios habita con el quebrantado y humilde de espíritu para hacer vivir el espíritu de los humildes y vivificar el corazón de los quebrantados. Ser humildes consiste en reconocer nuestras propias limitaciones y debilidades y en obrar conforme a ese reconocimiento. Jesús en Mateo 11:29 nos dice que aprendamos de El que es manso y humilde corazón. También el apóstol Santiago nos habla en el capítulo 4:6 que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Uno de los impedimentos que tiene el hombre es el orgullo humano. Cuando Dios nos llama lo primero que hay que vencer es nuestro orgullo y soberbia. En la humildad reconocemos que sólo Él es grande, y que en comparación con esa grandeza, todas las grandezas humanas están vacías y no son sino mentira. La humildad se fundamenta en la verdad, sobre todo en esta gran verdad: es infinita la distancia entre la criatura y el Creador. Por eso, frecuentemente hemos de detenernos para tratar de persuadirnos de que todo lo bueno que hay en nosotros es de Dios, todo el bien que hacemos ha sido sugerido e impulsado por Él, y nos ha dado la gracia para llevarlo a cabo. Quien es humilde no necesita alabanzas y elogios en su tarea, porque su esperanza está puesta en el Señor; y Él es, de modo real y verdadero, la fuente de todos sus bienes y su felicidad: es Él quien da sentido a todo lo que hace. Quien lucha por ser humilde no busca ni elogios ni alabanzas; y si llegan procura enderezarlos a la gloria de Dios, Autor de todo bien. La humildad se manifiesta no tanto en el desprecio como en el olvido de nosotros mismos, reconociendo con alegría que no tenemos nada que no hayamos recibido, y nos lleva a sentiremos hijos pequeños de Dios que encuentran toda la firmeza en la mano fuerte de su Padre. En el Salmo 51: 17, el salmista dice que Dios no desprecia al corazón contrito y humillado. El que tiene un corazón humilde sabe identificar y reconocer su pecado, y se acerca a Dios con toda reverencia para que El lo purifique. Un corazón limpio es también un corazón humilde.

 

  1. TENEMOS UN ESPÍRITU MISERICORDIOSO QUE PERDONA (Marcos 11:25).- Aquí Jesús nos dice que mientras oramos, debemos perdonar para que Dios también nos perdone. En Mateo 18:27 Jesús habla de que el señor “movido a misericordia”, soltó al siervo y le perdonó la deuda. La Biblia exalta en forma permanente la misericordia de Dios, como parte de su carácter y naturaleza benevolente. Dios perdona porque es misericordioso. El salmo 136 es una muestra de ello, donde se repite sucesivamente la frase “porque para siempre es su misericordia”. Nuestra vida en Cristo es el resultado de la obra de su misericordia. Por lo tanto para poder perdonar tenemos que ser misericordiosos como nuestro Padre Celestial. Mt. 5:7. Jesús dice que los misericordiosos son dichosos, ¿por qué? porque tienen incorporada la naturaleza misericordiosa de Dios.  Mt. 9:13. Aquí Jesús les dice a los fariseos que aprendan lo que significa “misericordia quiero”. La revelación de Dios en este pasaje para nosotros es que es el deseo de Dios que seamos misericordiosos y que nos compadezcamos de las miserias de los demás. Si no somos misericordiosos nunca podremos perdonar. Por lo tanto nuestra oración primordial antes de “Señor, ayúdame a perdonar” debe ser “Señor, hazme más misericordioso como tú para poder de esa forma pueda perdonar a mi prójimo”. Un corazón limpio es un corazón misericordioso que perdona.

 

 

  1. BUSCAMOS HACER Y SEMBRAR JUSTICIA PORQUE SOMOS NACIDOS DE DIOS (1ª Juan 2:29).- Aquí dice el pasaje que nosotros sabemos que Dios es justo pero también que todo el que hace justicia es nacido de él. Ser nacido de El significa que nuestra naturaleza pecaminosa ha sido cambiada por la naturaleza de un hijo de Dios. 2ª Pedro 1 nos dice que somos participantes de la naturaleza divina. En Efesios 5:11 el apóstol le dice a la iglesia que no participe de las obras infructuosas de las tinieblas, sino que las reprenda. Una de los nombres que da Jesús a sus discípulos es la sal de la tierra. La sal impide la corrupción de los alimentos. Y nosotros como sal de la tierra debemos impedir que el enemigo siga destruyendo las vidas, las familias y las naciones. Tenemos que ocupar nuestro lugar en esta sociedad sembrando la justicia y la rectitud desde nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestro vecindario, nuestra escuela. Tenemos que reprender las obras de las tinieblas mediante nuestro aporte de justicia y rectitud.  Cuando tenemos un corazón limpio nos indignamos y levantamos contra todo lo que sea injusticia y maldad.

 

CONCLUSIÓN: Jeremías 4:14. Lava tu corazón, Iglesia. ¿Hasta cuando permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad? Hagamos pacto delante de Dios, diciéndole que deseamos que nuestro corazón sea limpio y pidámosle que El complete su obra de purificación en nosotros a través de su Espíritu Santo.