SANTIFIQUEMOS A DIOS CON NUESTRO OBRAR

INTRODUCCION: La Biblia dice que Dios no mira lo que mira el hombre, porque el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira lo profundo de nuestro ser. Por eso el dicho “las apariencias engañan”, para Dios no se aplica. La palabra también dice que “Dios no puede ser burlado porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Es muy importante que cuidemos nuestra vida interior, allí donde nadie nos ve, nuestra intimidad. El salmista nos enseña a pedirle a Dios que nos evalúe, que nos examine: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24). Cuando descuidamos esta parte de nuestra vida entramos en una religiosidad que sólo busca aparentar lo que somos y nos conformamos con acallar nuestra conciencia cumpliendo con prácticas externas y costumbristas. Para Dios, dice la Biblia, eso no tiene ningún valor. Hoy vamos a ver un pasaje que nos muestra cómo Dios tiene sus ojos puestos en todas las actitudes y conductas, y más aún, en aquellos que tratamos de servirle y agradarle.

 

TEXTO: Números 20:1-13

 

DESARROLLO:

 

  1. LAS QUEJAS PONEN DE RELIEVE NUESTRA FALTA DE FE (vs. 1-5).- Dice la palabra que Israel llegó al desierto de Zin. En este lugar, el pueblo comenzó a quejarse nuevamente contra Moisés, aunque estas quejas también estaban dirigidas hacia Dios ya que Moisés estaba haciendo lo que Dios le había ordenado. Una de las definiciones que el diccionario da acerca de la queja, es que es una manifestación de disconformidad contra algo o alguien. En este caso contra Dios y su obrar. Dios es un Dios de propósitos y cuando nos quejamos, le estamos atribuyendo a Él despropósito (Job 1:22). En la queja irreverente le decimos a Dios que no estamos de acuerdo con lo que Él determina acerca de nosotros, que no queremos que Él gobierne. En otras palabras una vida llena de quejas ponen de relieve nuestra incredulidad y falta de fe. Sin fe es imposible agradar a Dios, por lo tanto debemos cambiar nuestra vida de queja por una vida de alabanza y de reconocimiento a sus propósitos, los cuales tenemos que entender que siempre son para nuestro bien (Rom. 8:28) (Heb. 13:17) (Santiago 5:9).

 

  1. DIOS ES SIEMPRE CLARO Y PRECISO EN LO QUE PIDE DE NUESTRAS VIDAS (vs. 8).- Dice la Biblia que Dios le da instrucciones a Moisés acerca de cómo debía obrar para que el pueblo bebiera del agua de la roca, y cuando observamos esas instrucciones nos damos cuenta que son instrucciones claras y precisas. Moisés tenía que adoptar en su obrar lo que Dios le estaba pidiendo acerca de esta situación; y a nosotros Dios siempre nos habla y nos instruye, ya sea en su palabra, o a través de consejos de otros hermanos, o a través de circunstancias que vivimos que tienen que ser de alerta para nosotros. Dios quiere que entendamos bien sus consignas, por eso es tan claro en sus mandatos. Él quiere que en nosotros no haya lugar a dudas en lo que tenemos que ser y hacer. Dios dice que debemos prestar atención (1ra. Samuel 16:22), y velar (Mateo 26:41). Jesús también nos habla acerca del siervo vigilante que mientras espera a su Señor se encuentra haciendo lo que El quiere (Lucas 12:35-40). Al tener instrucciones y mandamientos tan precisos Dios espera que respondamos con toda obediencia y fe. Para poder obedecer necesitamos conocer al que da las órdenes. Cuando no hay confianza no podemos obedecer. “Sin fe es imposible agradar a Dios”.

 

  1. NUESTRAS CONDUCTAS DE PECADO DESACREDITAN EL NOMBRE DE DIOS (vs. 10).- Cuenta el relato que Moisés y Aaron reunieron a la congregación y hablaron: “¡Oigan bien rebeldes! ¿Acaso quieren que saquemos agua de esta roca para que beban?”. Parece que Moisés había dado lugar a su enojo y se había olvidado lo que Dios le había dicho y a quien estaba representando. Moisés perdió el dominio propio. Dice la palabra que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía sino de poder, de amor y de dominio propio. En Gálatas 5:22-23, encontramos que el Dominio propio se encuentra dentro de lo que todos bien conocemos como el fruto del Espíritu Santo. Templanza. (dominio propio). Proverbios 25:28 Como ciudad sin defensa y sin murallas  es quien no sabe dominarse. El dominio propio es algo así como el motor de todo el fruto del Espíritu.

 

  1. Sin dominio propio el amor se vuelve una pasión desordenada.
  2. El gozo en una fiesta inmoral.
  3. La paz en una actitud indiferente ante la vida.
  4. La paciencia en tolerancia alcahueta.
  5. La benignidad en falta de disciplina.
  6. La bondad en permisividad.
  7. La fe en superstición y sincretismo. (Esclavismo).
  8. La mansedumbre (humildad) en miseria y pobreza.

 

El dominio propio en nuestra vida, es semejante a la pericia que debe de tener un conductor profesional de autos de carrera. Nuestra vida se mantiene en la pista o se destroza contra los muros de contención con el más mínimo movimiento del volante. Los resultados del dominio propio son confianza y un sentido interior de seguridad. El dominio propio y la auto-disciplina son también factores clave para alcanzar la meta en cualquier actividad en esta vida. Es difícil alcanzar algo que tenga valor perdurable a menos que lo alcancemos con disciplina y dominio propio. 1ra. Corintios 9:25.  Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. ¿Cómo obtenemos ese dominio propio? La Palabra de Dios es bien clara en este tema. Hay que vivir en el Espíritu para dar el fruto del Espíritu. Debemos andar en el espíritu, que significa que somos gobernados en todo por el Espíritu de Dios. Podríamos justificar a Moisés diciendo que ante un pueblo como el de Israel, cualquiera pierde la paciencia. Pero es que Moisés había recibido mucha revelación de Dios; dice la palabra que él podía hablar cara a cara con Él, y lo que estaba ocurriendo en ninguna manera le agradaba a Dios porque lo estaba desacreditando delante del pueblo. Esto nos enseña que debemos ser responsables con toda la revelación que tenemos de Dios, porque al que mucho se le haya dado, mucho se le demandará, dice Jesús. Por lo tanto  aquellos que creemos conocer a Dios debemos andar con gran temor y reverencia; no sea que con nuestras conductas y actitudes estemos desacreditando el Nombre de nuestro Dios, y nuestro testimonio esté pisoteando al Hijo de Dios y teniendo por inmunda la sangre del pacto. (Hebreos 10:29).

 

  1. DEBEMOS SANTIFICAR EL NOMBRE DE DIOS CON NUESTRAS CONDUCTAS (vs. 12; Deuteronomio 4:23-29).- Dice la Palabra que Dios desaprobó la conducta de Moisés y de Aaron porque no le creyeron y no santificaron su nombre delante del pueblo. Santificar a Dios significa honrarle y glorificarle. Fijémonos que Dios les dice a Aaron y Moisés “no creísteis en mí”. ¿Qué te pasó Moisés?, podríamos preguntarle. Dando lugar a su enojo e incredulidad se olvidó de las instrucciones de Dios y a quien estaba representando. La incredulidad manifestada en nuestras vidas impide que Dios se lleve la gloria. “Moisés, te olvidaste de glorificar mi nombre. Yo confiaba en que nunca me desacreditarías delante de mi pueblo. Por lo tanto no serán ustedes los que introduzcan a mi pueblo a la tierra prometida”. Podríamos pensar: ¡Qué duro que fue Dios con Moisés! Toda una vida de servicio dedicada a llevar al pueblo a la tierra de Canaán, y justo cuando falta poco para entrar, Dios disciplina a Moisés por esta actitud que a nuestros ojos puede parecer insignificante. Lo que pasa que cuando hablamos de seguir y servir a Dios estamos tocando cosas sagradas y santas. Si hemos decidido seguir a Cristo y le hemos entregado todo, debemos  estar dispuestos a no quitarle la gloria que El se merece a través de nuestras actitudes y conductas que no contribuyen a santificar su Nombre delante de los demás.  La conducta de Moisés tuvo consecuencias para él. Y nuestros pecados también traerán como consecuencia la disciplina de Dios sobre nuestras vidas. Debemos santificar su nombre, así como lo declaramos en el Padre Nuestro.

 

CONCLUSIÓN: Servir a Dios es cosa seria. Dios es un Dios de palabra. Todo lo que le decimos y le prometemos, Él lo toma en cuenta. Debemos buscar siempre que Él sea el glorificado en nuestras vidas. Tiene que llegar el momento en que nuestro deseo sea solamente obedecer todo lo que nos pide y no reservarnos nada para nosotros. Los demás tienen que glorificar a Dios a través de nuestras vidas. Eso es lo que Dios le pidió a Moisés en esta circunstancia. Moisés no pudo y perdió la bendición de poder entrar a la Tierra Prometida. El solamente la vio de lejos. La pregunta es: ¿podremos nosotros? 1ra. Pedro 3:8-17.-