CAMINANDO EN SU TEMOR

INTRODUCCION: La Biblia nos revela algunas de las características de la persona de Dios. En ella podemos destacar su amor, su misericordia, su benignidad, pero también encontramos su santidad, su juicio y su ira. En la Palabra de Dios encontramos que Él ama al pecador, pero aborrece el pecado. En Romanos 1:18 leemos: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad”. Dios manifiesta su ira en contra de la maldad y la injusticia que los hombres cometen. Así como muchas veces es necesario extirpar un tumor para que la vida de una persona continúe, es necesario quitar el pecado de en medio de nuestra vida. Cuando persistimos en la práctica del pecado, es seguro que en algún momento nos encontraremos con el juicio y la ira de Dios. Esto ha ocurrido también en la historia humana. Vamos a ver solamente dos casos: Martinica es una isla francesa del archipiélago de las Antillas. Su capital es Saint Pierre. El Viernes Santo de 1906 gran parte de la ciudad, que tenía 25.000 habitantes, blasfemó de Dios de un modo horrendo. En una plaza pública, como burla de la muerte redentora de Jesucristo, se crucificó a un cerdo y se le enterró solemnemente. Se quería ver si al tercer día resucitaba por Pascua. En aquel momento empezó a humear el monte Pelé, que desde 1851 estaba quieto, y catorce días después empezó una erupción como nunca se había visto. La ciudad fue completamente destruida y sepultada por el fuego y la lava.

El Titanic era el transatlántico más grande del mundo, orgullo de la técnica y del poder económico. Ofrecía todos los placeres y comodidades: piscina, pista de patinaje, teatro, café, jardín, grandes salones…Fue presentado al mundo como el “busque indestructible”. Tenía en sus planchas innumerables blasfemias que los obreros habían escrito entre risotadas impías; una de ellas decía: “NI EL MISMO CRISTO PODRA HACERTE NAUFRAGAR”. Un oficial cristiano escribía: “Estoy convencido de que este vapor no llegará a América a causa de las horribles blasfemias que lleva estampadas en toda su quilla”. Efectivamente, en su primer viaje, un iceberg, cuya punta apenas asomaba en el agua, lo partió en dos hundiéndolo para siempre. Entre escenas horribles se ahogaron 1500 pasajeros.

Si observamos por un momento en la Biblia algunos acontecimientos en los cuales la ira y el juicio de Dios se manifestaron, podemos concluir que a Dios en algún momento se le termina la paciencia, como por ejemplo en el caso de Sodoma y Gomorra, donde dice la Palabra que su pecado había cansado al Señor (Génesis 19:13) y tuvo que destruirla enviando fuego y azufre desde el cielo; o en el caso de Ananías y Safira en Hechos 5, donde dice la Palabra que ambos cayeron muertos por haber mentido al Espíritu Santo, sustrayendo del dinero de la heredad. Y culmina el pasaje en Hechos 5:11 diciendo: “Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas”.  El temor a Dios es la actitud con que una persona reconoce el poder y la autoridad de Dios, a quien reverencia y le rinde el debido respeto. Dios quiere que caminemos en su temor. El temor reverencial a Dios nos marca los límites dentro de los cuales debemos ubicarnos. El temor a Dios nos hace vivir humildes porque entendemos que nuestra vida depende de Él. Cuando el pecado está presente no vemos que nos estamos rebelando contra Aquel que puede enviar nuestras vidas a la condenación eterna, ni más ni menos. Debemos volver a sembrar en nosotros y en los corazones de nuestros hijos, vecinos, amigos y hermanos la reverencia y el temor a Dios.

TEXTOS: Job 28:28; Salmo 19:9; Proverbios 1:7; Proverbios 8:13; Prov. 10:27; Prov. 14:26; 2ª Corintios 7:1; Filipenses 2:12; Hebreos 12:28.

  1. EL TEMOR A DIOS ES LA VERDADERA SABIDURIA (Job 28:28; Prov. 1:7).- La sabiduría humana no es igual a la sabiduría de Dios. Santiago 3:17 dice que la sabiduría que es de lo alto es pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia, llena de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Job dice que el temor del Señor es la sabiduría y el apartarse del mal la inteligencia. Cuando leemos esto nos damos cuenta que el conocimiento puramente intelectual no nos salva. El verdadero conocimiento es el que adquirimos por una relación de comunión con Dios, caminando en su verdad y obedeciendo sus mandamientos. Al conocer a Dios nos damos cuenta que es un Dios temible, es decir, digno de que temblemos ante su Presencia. La verdadera sabiduría es darnos cuenta que debemos temer a Dios obedeciéndole porque nos conviene. El salmo 93:5 dice “la santidad conviene a tu casa”, es decir a tu familia, a tu pueblo. En Proverbios 1:7 leemos: "El principio de la sabiduría es el temor de Jehová". Podríamos interpretarlo como que el que es verdaderamente sabio comienza por temerle a Dios. O también que el fundamento o el origen de ser sabios comienza por el temor reverente al Señor. Enseñemos el temor a Dios a nuestros hijos.

 

  1. EL TEMOR A DIOS ES PURO Y LIMPIO (Salmos 19:9).- La palabra “puro” significa libre y exento de toda mezcla. Exento de imperfecciones morales. Y “limpio” significa que no tiene mancha o suciedad. Así es el temor a Dios: en él no hay corrupción, no está regido por parámetros humanos, sino por los que Dios determina. Cuando caminamos en su temor nuestras ropas permanecen blancas; hay en nosotros un resplandor que no es de este mundo sino que es producido por la vida de Dios que está en nosotros a través de la obra del Espíritu Santo. En Apocalipsis 8:9 leemos acerca de la multitud vestida de ropas blancas y en el vs. 14 leemos: “estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. ¿Cuántos queremos formar parte de esta multitud que está vestida de ropas blancas? Para ello debemos caminar en su temor.

 

  1. EL TEMOR A DIOS ES ABORRECER EL MAL (Prov. 8:13).- A partir desde el momento que nuestros padres pecaron, sus ojos fueron abiertos y conocieron tanto el bien como el mal. Pero no sólo esto ocurrió, sino que el mal se apoderó de ellos porque el pecado entró a formar parte de sus vidas. Del mismo modo, a partir que nacemos, acarreamos la maldición del pecado. Así dice Romanos 5:12: “Por lo tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Pero así como los ojos de Adán y Eva fueron abiertos al pecado, también nuestros ojos espirituales son abiertos cuando le entregamos nuestra vida a Cristo. Y cuando eso ocurre, aprendemos a vivir dentro de los límites que Dios nos pone, porque es el temor a Dios el que nos marca los límites para no pecar. El temor a Dios nos marca la cancha para no salirnos fuera. Dentro de esos límites aprendemos que tenemos que aborrecer el mal, y el mal que está dentro nuestro. Tenemos que desecharlo y rogarle al Espíritu Santo que nos fortalezca para obedecer. En Romanos 12:9, en la segunda parte dice: “Aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Cuando tememos a Dios huimos de todo mal. Génesis 39:9.

 

  1. EL TEMOR A DIOS PROLONGARA NUESTRA VIDA (Prov. 10:27).- Este versículo dice que “el temor de Jehová aumentará los días”. Cuando Dios ve que caminamos en su temor, está dispuesto a darnos más días de vida sobre esta tierra. Incluso es una promesa de parte de Dios de que participaremos de la vida eterna. Dios es fiel y cumple sus promesas y aquí Él promete añadir tiempo a nuestra existencia. Cuando caminamos en su temor hablamos con nuestros hechos y esto le agrada al Padre que quiere tenernos sobre la tierra para que su nombre sea glorificado a través de nuestra vida. Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien has enviado”. El conocimiento de su persona nos da eternidad y ese conocimiento significa caminar con Él cada día, como Enoc que caminó con Dios y fue llevado a su presencia sin conocer muerte. También podemos decir que cuando el temor de Dios está en nosotros, Él puede usarnos a para que otras personas reciban vida eterna y así sus días serán prolongados sobre esta tierra.  

 

  1. VIVIR EN EL TEMOR DEL SEÑOR PRODUCE EN NOSOTROS UNA FUERTE CONFIANZA (Prov. 14:26).- Este versículo dice que en el temor de Jehová está la fuerte confianza. Tener confianza es tener seguridad, es tener una esperanza firme. Temer al Señor nos permite disfrutar de su protección. Dice el Salmo 91:1 “el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” y 91:4 dice “con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro”. Podemos ver el ejemplo de Daniel en el foso de los leones, o la protección del Señor sobre los tres jóvenes que fueron echados al horno de fuego. El temor a Dios trae sobre nuestra vida una cobertura que nos permite vivir seguros. Al saber que estamos seguros bajo la sombra del Omnipotente nuestra fe y confianza en el Señor se renueva.

 

CONCLUSION: Dice la Palabra “el que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí Yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según su obra”. Debemos mantenernos limpios de toda maldad y en el temor de Dios procuremos alcanzar una completa santidad (2ª Corintios 7:1). Agrademos a Dios con temor y reverencia (Hebreos 12:28).