HABLEMOS SÓLO SUS PALABRAS

INTRODUCCION:   Una de las cosas que todo hijo de Dios tiene que saber es que Él quiere usarnos como instrumentos en sus manos para transmitir su voluntad a este mundo. Pedro dice que somos “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Pero en un mundo acostumbrado a escuchar muchas voces, también se levantan aquellos que “aparentan” ser parte del pueblo adquirido por el Señor, pero que no transmiten el mensaje verdadero sino un mensaje que no es la voluntad de Dios. En un tiempo en el cual el mundo se ha llenado de falsos profetas, es necesario que aparezcan los verdaderos profetas, aquellos que han estado en el secreto de Dios y han recibido de su parte instrucciones y palabras precisas que deben ser conocidas para que las personas abandonen el pecado y se vuelvan a Dios en arrepentimiento y confesión. Estos profetas no hablan por su cuenta, sino que hablan sólo lo que Dios quiere que digan.

TEXTO: Jeremías 1 – 2:3

DESARROLLO:

  1. HAY UN PROPOSITO DE DIOS PARA CADA VIDA.- Dios conocía a Jeremías aún antes de su gestación, antes de formarlo en el vientre de su madre. Asimismo lo santificó, es decir, lo consagró y lo separó para Él. También lo preparó como instrumento para que fuera un mensajero de parte suya para las naciones. Dios dice que Él tiene misericordia del que quiere tener misericordia y en este caso sus ojos se posaron sobre el profeta. En el versículo 5 del capítulo 1 vemos que había un propósito de su parte para Jeremías que se fundamentaba en:

 

  • El conocimiento por parte de Dios desde antes de su gestación.
  • La consagración de su vida como pertenencia de d Dios.
  • La misión de comunicar la voluntad de Dios a las naciones.

Esto nos muestra que no estamos en esta tierra por una casualidad, sino que la vida de cada ser humano responde a un propósito de Dios, y ese propósito se desarrolla en su corazón, en lo más íntimo de su ser, es algo preparado por Él. Durante el transcurso de nuestra vida Dios nos lo quiere revelar. El problema que tenemos es la influencia del pecado sobre nuestro ser que nos quiere alejar del propósito que Dios quiere cumplir en cada uno. Lo primero que toda persona debe hacer para que ese propósito se desarrolle en su vida es cambiar su actitud, es decir, arrepentirse de sus pecados, confesarlos y abandonar su práctica pecaminosa. Por eso Jesús decía: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado”. Este es el comienzo para desterrar de nosotros la maldición del pecado y la separación de Dios, manifestada en una mente reprobada y entenebrecida que no puede percibir la obra de Dios. Cuando Dios ve nuestro corazón arrepentido y con el deseo de entregarnos a su voluntad y propósito, Él comienza a revelarse y a mostrarse a nuestras vidas para que nos alineemos en su propósito  y nos encaminemos hacia lo que Él quiere.

  1. EL EFECTO DE LA CULPA CONTRIBUYE A ALEJARNOS DEL PROPOSITO DE DIOS.- En el versículo 6 , vemos como Jeremías quiso excusarse argumentando que era muy joven y no sabía hablar. Esto ocurre porque Dios no se queda sólo en revelarse al hombre. Dios espera algo más de él y eso que Dios espera es una respuesta de obediencia y de sujeción a ese propósito. La respuesta en este caso de Jeremías muestra lo que hay en cada hombre que comienza a rozar con Dios: excusas, disculpas y alejarse de Él, como consecuencia de su pecado y mente entenebrecida. Querer alejarnos del propósito que Dios tiene es consecuencia de la culpabilidad del hombre. El libro de Romanos 2:15, Pablo dice que la conciencia da testimonio de nuestros hechos y pensamientos, y cuando Dios no está, la conciencia es implacable y agobia al hombre mostrándole esa culpabilidad. Por eso es que a la larga una persona alejada de Dios, ya no gusta de la vida sino que desea morir, pero Jesús dice: “Vengan a mí los que están trabajados y cansados que yo os haré descansar”. En ese descanso la carga de la culpa es quitada y somos libertados por Cristo para que podamos recibir la bendición del perdón de Dios.
  2. DIOS ESPERA DE NOSOTROS OBEDIENCIA Y QUE SEAMOS PORTADORES DE SU MENSAJE.- Dios le dice a Jeremías: “No digas soy un niño”, es decir, “no te des por vencido de entrada, no rechaces la gracia ni el amor que tengo por ti; no te excuses, no te pierdas lo que te estoy ofreciendo, no confieses lo negativo sobre tu vida, no te subestimes aunque el mundo lo haga, porque en esa debilidad me glorificaré”. “Porque a todo lo que te envíe irás tú”. Dios no le da opciones a Jeremías: “Yo te envío y vas a hacer todo lo que te diga”. Jeremías tiene que entender que ya no puede hacer lo que le parece ni lo que su voluntad quiere. Él le pertenece a Dios. Él es su Amo, su Dueño, su Señor, su Padre, su Autoridad. En otras palabras, Dios le dice: “Jeremías, ahora vas a ser mi colaborador en la tierra. Necesito que me obedezcas. Vos sos el instrumento que tengo para llegar a este pueblo”. Obedecer implica una responsabilidad, pero esa responsabilidad tiene de parte de Dios su premio. Cuando la palabra dice que Dios es galardonador de los que le buscan, se refiere a aquellos que buscan agradarle y hacer su voluntad. Hay de parte de Dios bendición en la obediencia. Tenemos que obedecer aunque nos cueste por amor a Dios y para que nuestra vida en esta tierra se encuentre bajo la bendición de Dios (Deuteronomio 28). Dentro de la obediencia que debía tener Jeremías se encuentra algo más específico que debía hacer: “Dirás todo lo que te mande”, es decir, “el mensaje para este pueblo, Jeremías, lo tengo solamente Yo y sale de mi boca, por lo tanto no puedes hablar lo que se te antoje, sino todo lo que yo quiero”. El medio de comunicación que Dios ha provisto al ser humano es la palabra, y la palabra tiene tanta implicancia sobre la vida que puede bendecir, herir, maldecir, destruir, edificar, sanar, convencer, ministrar, etc. El poder que Dios ha puesto en nuestras palabras es palpable en cada relación que establecemos con los demás. Por lo tanto es necesario poner suma atención en lo que hablamos y en lo que decimos (Santiago 3:1-12; Salmos 141:3). Aquí Dios le da el termómetro que debe usar Jeremías: “Dirás todo lo que te mande”. Y esta es una palabra que debemos guardarla en nuestro corazón. Si es Dios el que gobierna nuestras vidas, vamos a decir lo que Él nos mande.
  3. DIOS NOS DA UNA PALABRA DE ANIMO PARA QUE SAQUEMOS DE NOSOTROS EL TEMOR AL HOMBRE.- Dios le da una palabra a Jeremías que es de ánimo y de descanso: “No temas delante de ellos”; “Jeremías, no te amedrentes delante de los demás seres humanos”. El salmista decía: “No temeré lo que pueda hacerme el hombre”. Hay un temor que se produce en medio de las relaciones con las demás personas, cuando nos sentimos avasallados y superados por el temperamento fuerte y dominante de otros. Cuando esto pasa hay un mecanismo de autodefensa que se activa a fin de que nuestras vidas no sean heridas y a esto todos estamos expuestos. Por eso Dios en su Palabra nos habla para que no nos dejemos anular por esas personas que son usadas como instrumentos del diablo. El Salmo 27 es un refrigerio para nuestras almas porque nos recuerda acerca del Dios grande que tenemos y que es Él quien defiende nuestra causa. El miedo a los hombres no nos sirve para cumplir la misión de ser luz en este mundo. Debemos desterrarlo de nuestras vidas con la ayuda del Espíritu Santo. En Lucas 12:4 Jesús nos dice que no temamos a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. El temor del que habla Jesús en este pasaje se define como un pánico que se apodera de una persona y la hace correr o escapar; estar alarmada, espantada, desmayada, llena de terror, intimidada y ansiosa. Jesús nos insta a no tener esta clase de temor a los hombres lo cual es destructivo para nuestras vidas. Dice la Palabra en 2ª Timoteo 1:7: “porque no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Aquí Pablo le recuerda primeramente a Timoteo y luego a nosotros que el Espíritu Santo y los dones que éste da es lo que necesitamos para servir a Dios con poder. Pero también le dice a Jeremías: “Porque contigo estoy para librarte”. En otras palabras, “aquí estoy Jeremías para defenderte del mal que quieran hacerte. Yo soy el que te envío, pero te doy la garantía de que voy a estar a tu lado siempre”. Jeremías, al igual que nosotros, necesitaba esta palabra de parte de Dios. La tarea que Dios nos da es para poner de manifiesto que detrás de nosotros es Dios el que está como poderoso gigante. Y Dios nos dice esto para que depositemos toda nuestra confianza en Él, para que aprendamos a descansar en Él. Cuando Dios nos dice “contigo estoy yo para librarte” es para que experimentemos su respaldo por el hecho de ser obedientes y ser fieles. De esta forma Dios se muestra para que nosotros le glorifiquemos y también los demás, los que nos rodean.
  4. NECESITAMOS QUE DIOS LIMPIE NUESTROS LABIOS PARA QUE EL MENSAJE QUE DEMOS SOLO SEA SU PALABRA.- Aquí Jeremías cuenta la experiencia que tiene con Dios y dice: “Extendió Jehová su mano y tocó mi boca”. Este es un momento muy sublime y solemne: El Dios Santo, el Todopoderoso toca la boca de un hombre pecador y débil como muestra de confirmación y propósito de parte de Dios. Algo parecido le pasó a Isaías (Isaías 6:5-7). En ambos casos vemos que es necesario un toque de Dios sobre nuestras bocas. Tenemos que encontrarnos con el Dios Santo para que sea quitada nuestra culpa y limpio nuestro pecado, como le dice el ángel a Isaías. Habíamos dicho que hay poder en las palabras que hablamos ya sea para bien o para mal. El pecado que contamina nuestros pensamientos, también contamina nuestro hablar y es usado por el enemigo para herir y matar. Cuando Dios toca nuestros labios, nos usa para bendecir, para dar vida y sanar heridas. Jesús sabía qué era lo que contaminaba al hombre (Mateo 15:10-20). Entonces si lo que nos contamina es lo que sale de nuestra boca, necesariamente necesitamos un toque del Señor (Efesios 4:29). Esta expresión de Jeremías también es una guía para que cuando se presente la oportunidad, podamos decirles a las personas: “Ahora hablo así, porque Dios extendió su mano de misericordia y tocó mi boca, cambiando mi manera de hablar”. Otra cosa que cuenta Jeremías, es que Dios le dice: “He aquí he puesto mis palabras en tu boca”. “Mira Jeremías, toco tu boca no solamente para limpiarte, sino para que tu boca y tu corazón sean un depósito de mis Palabras”. Debemos valorar el privilegio que tenemos de que Dios confíe en nosotros para que transmitamos su Palabra. Por eso dice que somos cartas abiertas al mundo (2ª Corintios 3:2-3). Dios nos recuerda que pone sus palabras en nuestra boca, por eso dice Jesús a sus discípulos que no se preocupen por lo que han de hablar, porque el Espíritu Santo les revelaría lo que habrían de decir (Lucas 12:11). Aunque aquí la Palabra se refiere a la persecución creo que también vale la aplicación a nuestras vidas en el día de hoy. Debemos decirle: “Señor, revélame lo que tengo que decir, lo que tengo que hablar”, y el milagro del Espíritu Santo será que su ley estará escrita en nuestras mentes y corazones. Aparte de tener el privilegio de ser depositarios de la Palabra del Dios llevamos también la responsabilidad de transmitirá de manera fidedigna, es decir, libre del ingrediente de nuestros argumentos, prejuicios y mañas. Debemos temer y respetar el mensaje de Dios tal cual como Él lo ha dejado. Por eso Pablo le dice a Timoteo: “Cuídate de ti mismo y de la doctrina”, es decir, “de lo que enseñas y transmites”. Como cristianos Dios nos exige que seamos fieles en transmitir y vivir la Palabra de Dios (Lucas 16:10; Lucas 12:35-44).
  5. DIOS NOS REVISTE DE PODER Y FORTALEZA PARA SER SUS TESTIGOS.- En el vs. 18 Dios le dice a Jeremías: “Porque yo te he puesto como ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce”. Imaginemos por un momento que puede haber pensado Jeremías. “Señor, ¿a mí me dices esto?”, y el Señor le responde: “Si, a vos”. “¿Por qué me dices esto, si me siento un cobarde y débil?” Seguramente que sus limitaciones pasaron rápidamente por su mente. Y era cierto, porque si Jeremías se apoyaba solamente en sus capacidades y fortaleza, iba a fracasar. Pero lo que Dios confiesa aquí sobre la vida de este hombre lleva impregnado la investidura de su poder sobre él. Dios le dice: “Jeremías, conmigo por delante, eres como una ciudad fortificada, una columna de hierro, un muro de bronce, cosas casi imposibles de derribar”. Esta declaración de Dios sobre Jeremías denota poder, y poder de lo alto. Esto nos enseña que cuando Dios toma una vida que se entrega íntegramente Él, la llena de poder y de su respaldo. Y el poder que Dios nos da no es para que hagamos alarde de nosotros, sino que exaltemos su Nombre (2ª Corintios 4:7) y bendigamos a los demás. Estas tres expresiones sobre Jeremías nos dan la idea de firmeza, de permanencia, de estabilidad, de fortaleza espiritual, provistas por Dios. Jeremías es un baluarte de Dios que lo representa y vence a sus enemigos. Jeremías tenía que luchar contra la corrupción de dirigentes políticos y religiosos, y del mismo pueblo que se había entregado a la idolatría. Por lo tanto necesitaba de la fortaleza y del respaldo de Dios. Nosotros como cristianos, hoy en día tenemos desafíos y luchas que se nos presentan, donde se pone a prueba nuestra fe, nuestra lealtad y nuestro amor al Señor. Y en medio de esas luchas escuchamos la voz del Señor que nos dice: “Mantente firme en mis principios; no cedas ante la tentación ni ante la corrupción. Tú eres como una columna que sostiene esta sociedad para que no se derrumbe”.
  6. EL SEÑOR QUIERE HACERNOS INSTRUMENTOS PARA HACER VOLVER EL CORAZON DE LOS HOMBRES A ÉL.- El Señor le encarga a Jeremías que le diga a Jerusalén que Él se acuerda de su fidelidad y compromiso del pasado. Dios quería hacer reflexionar a su pueblo para que se volviera de su pecado. Para ello Jeremías tenía que decirles que el Señor recuerda su primer amor y devoción. Y Dios ha puesto en nosotros la capacidad de recordar. Muchas veces esa capacidad es usada por el enemigo para traernos recuerdos de nuestra pasada manera de vivir y nos hace tambalear nuestra fe y nos hace mirar atrás como el pueblo de Israel cuando miraba hacia Egipto. Pero en este caso Dios desea que recordemos nuestro amor primero, nuestros primeros pasos, de dónde nos sacó el Señor, de nuestro compromiso pasado y que reflexionemos acerca de nuestra necesidad de andar y caminar con Él, porque muchas veces en la vida se nos presenta la oportunidad de volver a Egipto y la pregunta es: ¿cómo respondemos a esa tentación? Debemos recordar para valorar lo que Dios ha hecho por nosotros. Jeremías de parte de Dios al pueblo diciéndole: “Cuando andabas en pos de mí”. Esto nos trae a la mente la figura del Buen Pastor (Juan 10:27). La oveja sigue al pastor. Tenemos que predicar que cuando seguimos al Buen Pastor tenemos seguridad porque Él nos muestra dónde tenemos que pisar y por dónde tenemos que ir (1ª Pedro 2:21). Notemos que Dios habla a su pueblo en tiempo pasado: “Cuando andabas”. En medio de esta exhortación podemos observar el amor de Dios que no olvida a su pueblo, porque Él podría decir: “Ustedes me dieron la espalda; ahora yo también”. Pero Dios es Amor, y nos atrae con cuerdas de amor: “¿Recuerdas cuando andábamos juntos y conversábamos y yo guiaba tus pasos?”. En el capítulo 2, vs. 3, Dios dice: “Santo era Israel a Jehová”, “primicias de sus nuevos frutos”. La santidad de su pueblo es voluntad de Dios (Lv. 11:44; Salmos 93:5; 2ª Corintios 7:1; Hebreos 12:14; 1ª Pedro 1:15).
  • Ser santos porque nuestro Padre Dios es Santo
  • Ser santos nos conviene
  • Debemos perfeccionar la santidad (la santidad de manifiesta en actos de obediencia)
  • Sin santidad nadie verá al Señor (testimonio de vida para que los demás vean a Jesús en nosotros)
  • Nuestra conducta debe mostrar santidad

La expresión “primicias de sus nuevos frutos” nos da la pauta que para Dios su pueblo era especial, era de lo mejor de sus frutos, había sido producido por Él. En Juan 1:13 nos dice que Dios engendra sus hijos en su voluntad, y en este caso, Israel había sido engendrado por Dios y era como su precioso fruto, así como un hijo es el fruto del vientre de su madre. Y en ese tiempo, dice Dios, venía mal sobre tus enemigos por causa de tu obediencia. Debemos enseñar acerca de los alcances que puede tener nuestra obediencia: así como produce lucha y prueba en nosotros, nuestra obediencia a Dios derrota a nuestros enemigos. Hay poder de Dios cuando obedecemos (1ª Sam. 15:22; Heb. 5:9; Heb. 12:9; 1ª Pedro 1:2; 2ª Cor. 10:5; 1ª Pedro 1:14). Jeremías fue un instrumento útil en las manos del Señor como ejemplo de fidelidad, lealtad y obediencia. Dios nos llama a ser esta clase de instrumento: El mensajero que no se corrompe con el falso mensaje de los hombres, sino que proclama solamente el mensaje verdadero que viene del Dios Santo y dice solamente lo que Él quiere que diga. 

 

CONCLUSION:   Para hablar su Palabra y no hablar de más, debemos estar en su secreto. Estar en su secreto es escuchar el susurro de sus Palabras hablándonos al corazón, viviendo en perfecta comunión con Él y respaldados por una vida entregada solamente a hacer su voluntad. Hacemos su voluntad cuando la conocemos y sólo conocemos su voluntad a través de su Palabra, bajo la guía del Espíritu Santo.