PADECER PARA OBEDECER

INTRODUCCION: Uno de los mayores problemas que tenemos en la vida y desde pequeños es que nos cuesta obedecer, y si no, miremos a nuestros hijos cuando le ordenamos algo como dan vueltas y vueltas para obedecernos.  De la misma manera pasa en nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Por causa del pecado nuestra obediencia a Dios se encuentra limitada. Por eso dice Pablo en Romanos 7:19 “porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. El pecado está arraigado en nuestro corazón y sólo Dios es el que puede intervenir en nuestras vidas para cambiar nuestra actitud. Él tiene que tratar con nuestro corazón duro y hacernos entender que en la obediencia hay bendición. Por eso dice la Palabra que “el obedecer vale más que los sacrificios y el prestar atención más que la grasa de los carneros”. Hay un concepto en el mundo que cuando uno pasa a formar parte de la iglesia comienza a perder la libertad; pero la realidad es que somos verdaderamente esclavos cuando vivimos conforme a los deseos pecaminosos de este mundo. Jesús decía que el que practica el pecado, esclavo es del pecado. Y podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que somos verdaderamente libres cuando nos sometemos al señorío de Cristo Jesús. Por lo tanto viviendo en la obediencia a Dios somos libres de verdad. Hoy quisiera que viéramos un pasaje que nos habla de Jesús y que nos enseña como Dios contribuye a nuestra obediencia.

 

TEXTO: Hebreos 5:7-9

 

DESARROLLO:                                       

 

Dice el escritor a los Hebreos aquí que Cristo ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que lo podía librar de la muerte. En el original dice. “Cristo en los días de su carne ofreció ruegos, peticiones suplicantes, clamor fuerte y lágrimas al que podía estarlo librando de la muerte”.  Este pasaje nos muestra que Cristo sabía a quién tenía que recurrir para ser librado. Muchas veces nosotros no recurrimos a Dios, sino que confiamos más en hombres o en otras cosas para ser librados. Tenemos que estar seguros y saber a quién tenemos que ir en clamor y oración. No nos dejemos engañar por el enemigo que quiere que no oremos y que miremos los problemas como más grandes que el poder de Dios. Y continúa diciendo el pasaje que Cristo fue oído a causa de su temor reverente. En el original dice que Cristo fue oído desde su temor reverente. Dios contestó la oración de su Hijo librándolo de la muerte a través de su resurrección. Pero es interesante ver aquí que fue oído a causa de su temor reverente. Si queremos que Dios oiga nuestras oraciones tenemos que tener en nuestro corazón el temor reverente a Dios. El temor reverente es el respeto que tenemos que tenerle al Señor, es saber que Él tiene en sus manos nuestras vidas, y que aunque es Dios de amor también es fuego consumidor.  Pero llegamos al versículo 8 y dice. “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia”. En el original este “aprendió” también significa “entendió, supo”. Es decir que Cristo por su padecimiento supo lo que es la obediencia, porque lo que el Padre le encomendó, Él lo cumplió al pie de la letra. Aquí podemos ver un elemento que Dios usa y que contribuye a nuestra obediencia, y ese elemento es el padecimiento. Jesús estando en esta carne, por su padecimiento, aprendió a obedecer. Y hermanos, Dios tiene que intervenir en nuestras vidas para que nosotros aprendamos a obedecer y lo hace a través de nuestros padecimientos. Padecer es sufrir algo. Y la vida viene cargada de padecimientos, de dolor y de angustias. Lo importante es que aprendamos a ver en cada sufrimiento, la oportunidad que tenemos de ser obedientes a Dios. Pero ¿qué es lo que Dios permite que padezcamos para hacernos más obedientes? Vamos a ver algunas cosas:

 

PADECEMOS TRIBULACIONES (Romanos 12:12).- Pablo dice aquí a los hermanos que deben vivir sufridos en la tribulación. “Tribulación” significa “congoja, pena, aflicción”. Esta expresión “sufridos en la tribulación” significa “aguanten la aflicción”. Como sabemos, Jesús ya nos advirtió que en el mundo tendríamos aflicción. Aprendemos a convivir con la aflicción. Una aflicción es un sufrimiento, ya sea físico o emocional, es una molestia, es una tristeza o angustia moral, es una preocupación o una inquietud, es un pesar. La aflicción es como una materia de la escuela de Dios que debemos rendir. Y para que aprendamos a obedecerle Él permite que padezcamos aflicción. Deuteronomio 8:2. ¿Cómo puede ser que la aflicción haga que seamos obedientes? Es que cuando las cosas se salen de nuestro control y no podemos dominarlas, es cuando generalmente reconocemos a Dios como Señor, y que Él es el que tiene el control de todas las cosas que nos pasan. En la aflicción estamos sensibles para escuchar a Dios porque estamos débiles, y el poder de Dios para obedecer se perfecciona en nuestra debilidad.

 

PADECEMOS EL QUEBRANTAMIENTO DE NUESTRO ORGULLO (Proverbios 16:18).- La obediencia implica reconocimiento de quien es la Autoridad suprema en mi vida: Yo o el Señor. Mientras seamos nosotros mismos nuestra autoridad, es porque nuestro orgullo está entronizado en nuestro corazón. El orgullo es un impedimento para que podamos obedecer y Dios tiene que hacer algo. En este versículo leemos lo que pasa con nuestra soberbia y nuestra altivez. Nuestra soberbia es quebrantada y nuestra altivez es tirada por el suelo. Dios resiste a los soberbios y habita con el quebrantado de corazón, con aquel que sabe reconocer su necesidad espiritual. Tenemos que erradicar la soberbia de nuestra vida, el mirar a nuestro prójimo con altivez de corazón, porque de esa forma alejaremos la obra del Espíritu Santo de nosotros y Dios tendrá que tratar con nosotros drásticamente. Hay situaciones en nuestras vidas en las cuales Dios permite que seamos humillados. En Daniel 4:37 leemos lo que dice el rey Nabucodonosor luego de que fue quebrantado por Dios a causa de su soberbia: “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos, y él puede humillar a los que andan con soberbia”. Humillémonos voluntariamente antes de que Dios baje su mano de disciplina sobre nosotros.

 

PADECEMOS LA TENTACION (Hebreos 2:18).- En este pasaje nos dice que Cristo padeció siendo tentado. Y si el diablo no dejo tranquilo a Cristo tentándolo, a nosotros tampoco nos va a dejar tranquilos, y esto es parte del propósito de Dios para que aprendamos a obedecer. No podemos evitar que la tentación venga sobre nosotros pero si podemos evitar caer en la tentación. La tentación es una instigación o un estímulo, en nuestro caso, al pecado. En Santiago 1:13-14, dice que Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie, y que cada uno es tentado cuando de sus propios malos deseos es atraído y seducido. La tentación también es una prueba de fe, porque si resistimos dice la Palabra que recibiremos la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman. En la tentación tenemos la oportunidad de demostrarle a Dios que le amamos mediante nuestra obediencia. Génesis 39:7-12.

 

PADECEMOS EL RECHAZO Y LA PERSECUCION (Juan 15:18-27).- Jesús les habla aquí a sus discípulos y les dice que van a ser aborrecidos y rechazados por el mundo, así como lo hicieron con Él. Y quiero decirles que este es el precio que vamos a tener que pagar nosotros por seguir a Cristo: el rechazo y la persecución. Padecer este rechazo también nos ayuda a obedecer más al Señor. Pero tenemos que entender que este rechazo no es porque estamos en pecado, sino porque estamos haciendo la voluntad del Señor. En Marcos 6:1-6 vemos a Jesús en la ciudad de su crianza, en Nazaret, y como su propios vecinos lo rechazaban y no creían en Él. 1ª Pedro 4:14-19. Si somos deshonrados, afrentados por causa del nombre de Cristo, somos bienaventurados, es decir, somos afortunados, muy felices.

 

CONCLUSION: El Señor nos muestra en este día que vamos a tener que padecer para aprender a obedecer así como Cristo. Lo importante es que no reneguemos del sufrimiento o padecimiento, sino que lo veamos como la oportunidad de aprender a obedecer. La obediencia es lo que Dios busca en nuestras vidas y por ello a través del padecimiento nos va a moldear hasta que aprendamos.