LIMPIEMOS NUESTRO CORAZÓN

INTRODUCCION: Ninguno de nosotros puede dudar los tiempos difíciles que vivimos. Los acontecimientos que se suceden a nuestro alrededor muestran lo cerca que está el final de los tiempos que nos anuncia la Palabra de Dios.

Pero al observar todo esto, no debemos descuidar nuestra vida de devoción al Señor ni nuestra comunión con El. En esta época de apuros, de corridas y de presiones lo que el diablo quiere es alejarnos de la presencia de nuestro Dios y desgastarnos. Quiere que nos perdamos de escuchar la voz de nuestro Dios llamándonos para mostrarnos el camino a seguir y que nuestras vidas no sean fructíferas para El.

Es necesario mirarnos al espejo de la Palabra de Dios y ver como estamos, es necesario hacer un alto en el camino de nuestras actividades y discernir las intenciones de nuestro corazón, es menester ponernos a cuenta con nuestro Dios antes de que llegue la noche en que nadie puede obrar.

Hemos oído hablar muchas veces del corazón del hombre, y quisiera que reflexionemos una vez más sobre este tema que para Dios es de suma importancia, ya que El no mira lo que está delante de sus ojos, las apariencias o lo externo que podemos mostrar. El mira nuestro corazón, nuestro ser interior. El corazón es a menudo mencionado en las Escrituras como el asiento de los afectos y de las pasiones, y también de la sabiduría y del entendimiento. Es el centro del ser del hombre.

Alguien escribió: “Misterioso es el corazón del hombre, como una piedra sepulcral sin nombre”. Muchas veces no entendemos actitudes y hechos de personas que ni hubiésemos imaginado que pudieran ocurrir. ¿Por qué esa persona hace lo que hace? ¿Por qué vive de tal o cual forma? Esto es porque el corazón del hombre es misterioso y extraño. Nadie puede saber lo que pasa por la mente y el ser interior de una persona, pero Dios sí lo sabe. ¿Quién conocerá el corazón humano? Yo Jehová que escudriño la mente, que pruebo el corazón para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.-

 

TEXTOS: Mateo 15:1-20.

 

DESARROLLO:

 

  1. Podemos vivir engañados por nuestro corazón (1-6).- En Jeremías 17:9 Dios dice: “Engañoso es el corazón del hombre más que todas las cosas, y perverso”. Esta gente religiosa, los fariseos, vivía en el engaño de su corazón, de que al cumplir la tradición eran salvos. Una de las situaciones más desdichadas para nosotros es que vivamos engañados por nuestro corazón; que creamos que todo está bien en nosotros, que si estoy metido en alguna actividad en la iglesia, estoy bien con Dios; que mis conceptos son los correctos, que lo que yo pienso es la voluntad de Dios, que si las cosas no se hacen como yo digo y pienso, no está nada bien, que el pastor no hace nada ni sabe lo que hace. La Palabra de Dios nos exhorta a salir de nuestros engaños (1ª Corintios 3:18) (lª Juan 1:8). Pobres de nosotros, que hacemos oídos sordos a la voz de Dios y escuchamos más los consejos de nuestro engañoso y pervertido corazón. Dios nos dice hoy: “Destierra el engaño de tu corazón y reemplázalo por mi palabra, que es la Verdad, humíllate delante de mí y deja que te hable yo”.
  2. Nuestro corazón puede estar lejos de Dios, a pesar de que nuestros labios le honran (7-9).- En Isaias 29:13 dice: “Y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado”. Los fariseos habían incorporado mandamientos humanos como doctrinas, como si fuera palabra de Dios, pero cuan errados estaban. Su corazón estaba lejos de agradar a Dios. Podemos cantar canciones de honra a nuestro Dios, pero nuestro corazón puede estar en otro lado, estar lejos de su Presencia, y cuando esto ocurre si damos lugar al orgullo espiritual, hasta podemos enseñar cosas que no están en el corazón de Dios. Ej.: (Jeremías 23:21-32).Todos los que tenemos el privilegio de compartir la Palabra del Señor, temamos y escuchemos en lo secreto lo que El tiene para su pueblo.
  3. Lo que nuestra boca habla, es lo que contamina (11).- Santiago 3:2;5-10. En la expresión “todos ofendemos muchas veces” pareciera que nos escudamos para justificar todo lo que decimos. La lengua contamina todo el cuerpo. El salmista decía: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; guarda la puerta de mis labios” (Salmos 141:3) ¡Qué rápidos somos para hablar, para prejuzgar, para herir! ¡Como cambiaría nuestra vida si fuésemos así de rápidos para humillarnos delante del Señor y de los demás! (Mt. 12:35-37). Aquí dice el Señor que por nuestras propias palabras seremos justificados o condenados. Es importante tener en cuenta entonces que no podemos hablar livianamente ni a boca de jarro como se dice. Jeremías 8:7- El pueblo de Israel, en este relato dice el profeta, no conoce el juicio de Dios. Muchas palabras ociosas salen de nuestra boca porque no conocemos o nos hemos olvidado de que vamos a ser juzgados. Decimos que Dios es amor, pero nos hemos olvidado de que a Dios hay que temerle, y no digo esto para infundir miedo, sino para que reaccionemos a la realidad espiritual en la cual nos movemos. La gente del mundo se está perdiendo y Dios quiere utilizar bocas y corazones purificados. ¿Queremos ser purificados por el Señor? Ante la Santidad de nuestro Dios nos vemos como Isaias, tal cual somos: “Impuros de labios”. Hoy es tiempo de clamar: “Toca Señor mi boca con brazas de tu altar”.-
  4. Lo que sale de nuestra boca, primeramente estuvo anidado en nuestro corazón (18-19).“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale”. Ya conocemos el dicho de Jesús que dice: “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mt. 12:34). De nosotros depende como alimentamos nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestra alma. De la forma como alimentamos nuestro interior, así serán nuestras intenciones. La Palabra de Dios discierne esas intenciones (Hebreos 4:12-13). Las intenciones se mantienen dentro de nosotros de la misma manera en que guardamos algo en un recipiente. Están agazapadas y se manifiestan cuando abrimos nuestra boca. Tenemos que corregir nuestro corazón con la Palabra de Dios y mediante la obra de su Espíritu Santo, porque es engañoso. No creas todo lo que piensas acerca de ti mismo, cuídate, porque puede ser que tu corazón esté lejos de Él. Cuidemos lo que sale de nuestra boca, pero también cuidemos los pensamientos, porque es allí donde se originan nuestras palabras y tarde o temprano si no los corregimos y nos arrepentimos, se manifestarán en nuestra vida contaminándonos y siendo tropiezo para otros.

 

CONCLUSION: Esta es la Palabra del Señor para hoy:  “Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad?” (Jeremías 4:14). Iglesia, lava tu corazón.

Si tus pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana (Isaías1:18).

Los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos, por lo tanto si estamos dispuestos y necesitados de un corazón limpio y restaurado, este es el día que ha provisto el Señor para nosotros, para que nos reencontremos con Él, para que seamos bendición, para que su Nombre sea levantado por sobre nuestras cabezas. Su amor de Padre es tan grande que no nos deja sin corrección.

Salmos 139:23-24.- “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.-