DIOS NOS PRUEBA

INTRODUCCION: No podemos dejar de hablar de Dios sin referirnos a lo que es su voluntad, y hay un aspecto de ella que nosotros no podemos predecir; sólo podemos saberlo después de que ha sucedido. Se trata de la voluntad decretal de Dios, aquella voluntad soberana, determinada y que no cambia. Hay ocasiones en que esa voluntad decretal nos toma por sorpresa, como por ejemplo cuando nos ocurre una tragedia. Pudiera parecer que Aquel que nos formó está demasiado distante para ocuparse de los detalles mínimos de la vida en este viejo planeta. Pero ese no es el caso ya que su plan misterioso sigue su curso tal y como ha sido previsto, y exactamente como El lo ha decretado. En Isaías 45:5-7, el Señor declara que El es quien “forma la luz y crea las tinieblas, quien hace la paz y crea la adversidad”. Cosas que son inexplicables para nuestro razonamiento. El Señor no está sentado en el extremo del cielo preguntándose que sucederá después. A Dios no lo toma por sorpresa ningún desastre, aunque nosotros no comprendamos el “porqué” nos sucede lo que nos sucede. Y para nosotros, como hijos suyos, Jesús decía: “En el mundo tendrán aflicción”, “tendrán problemas”, “tendrán luchas”, “tendrán pruebas”. Hechos 14:22. Muchos predican hoy en día un evangelio que no es toda la verdad que Dios nos dice en su Palabra. Un evangelio que dice que si te entregas al Señor se te terminaron los problemas y las circunstancias adversas. Esto es algo que no es la verdad. Dios nos trata como a hijos, y dentro de su voluntad hay un plan y un propósito para cada uno de nosotros. Por ello es que Dios nos prueba y nos examina. Nuestra fe tiene que ser probada, nuestra confianza en el Señor será puesta a prueba tarde o temprano.

 

TEXTO: Exodo 17:1-7, Salmos 81:7 (b)

 

DESARROLLO:

 

  1. En la prueba Dios nos deja sin recursos propios (vs. 1) En este pasaje dice que “no había agua para que el pueblo bebiese”. Muchas veces Dios nos deja así, sin recursos, sin que podamos hacer nada para que aprendamos a depender de Él. Como seres humanos y al tener nuestra naturaleza caída por el pecado, nuestro corazón está lleno del orgullo humano y de independencia, y la única forma en que podemos recurrir a Dios es cuando ese orgullo es destrozado; es allí que nos damos cuenta que necesitamos de Dios. En Jeremías 13:15-17, el profeta habla de la soberbia de Israel y le dice al pueblo: “Si no escuchan esto, en secreto llorará mi alma a causa de vuestra soberbia”. En el llanto del profeta se ve reflejado el llanto de Dios. Él dice: “Estoy llorando por causa de tu soberbia”. Dios resiste la soberbia, pero también lo entristece. Pero Dios no se queda allí solamente. El, en su sabiduría actúa a fin de perfeccionarnos. En el libro de Daniel, dice el rey Nabucodonosor: “El sabe humillar a los que andan con soberbia”. Jesús decía: “Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”, es decir, “muy felices los que reconocen su necesidad espiritual”. El problema del hombre de hoy es que no reconoce su necesidad del Señor, su orgullo humano no lo deja ver más allá de sus narices. Sólo el Espíritu Santo es el único que puede cambiar un corazón de piedra. Nosotros, los hijos de Dios, sólo cuando pasamos por situaciones límite y de angustia podemos estar dóciles para obedecer y escuchar la voz de Dios, que quiere guiarnos.

 

  1. En la prueba aprendemos a conocernos a nosotros mismos porque nos damos cuenta que nuestra fe no es tanta como parece (vs. 2-3) Aquí dice que el pueblo añoraba lo que había vivido en Egipto, aunque habían sido esclavos. Aunque físicamente estaban libres de la esclavitud, su mentalidad era la de esclavos. Preferían estar bajo el yugo y el látigo de los egipcios, que disfrutar el don de la libertad, y al haber visto los hechos prodigiosos que Dios había hecho por ellos. Muchos cristianos, cuando la prueba se presenta en sus vidas, comienzan a añorar el mundo, y a dudar de la vida cristiana, y empiezan a decir: “¿Para qué me hice cristiano?, ¿Por qué no me quedé como estaba?, Si viviera como antes no tendría los problemas que tengo ahora. Hay muchos que no soportan la prueba. Lucas 8:13. Ser un verdadero cristiano en esta tierra requiere de mucha confianza en el Señor y de fidelidad a Él. Dios dice que nuestra fe tiene que ser puesta a prueba (1ª Pedro 1:6-7). Job decía: “Me probará y saldré como el oro”(Job 23:10). El oro para ser purificado de las impurezas se pasa por el fuego. Podemos deducir entonces que la prueba nos purifica de nuestros torcidos caminos y de nuestros conceptos errados, nos mantiene humildes. En las pruebas Dios quiere ver como reaccionan sus hijos, quiere ver que hay en nuestro corazón (Dt. 8:2)

 

  1. En la prueba Dios siempre muestra a sus hijos que Él tiene el control de toda la situación (vs. 5-6) En estos versículos vemos que Dios instruye a Moisés acerca de los pasos a seguir, mostrando que Él tiene todo el control. Con las pruebas Dios quiere que aprendamos a conocerle, a saber como Él actúa y a esperar sólo en Él. En muchos pasajes de las Escrituras se nos instruye a “Esperar en el Señor”: Salmos 119:166; Job 13:15; Salmos 25:3; Salmos 31:24; Salmos 32:10; Salmos 39:7. La acción de “esperar en el Señor” es un ejercicio de fe. Digamos como el Salmista: “Señor enséñame a esperar en Ti”. A lo mejor nos muramos y no veamos lo que esperábamos (Hebreos 11:39), pero quedará el perfume de nuestro testimonio de haber agradado al Señor.

 

 

  1. Cuando la prueba termina podemos decir “Dios está con y entre nosotros”(vs. 7) Aquí en este lugar de Meriba, el pueblo se preguntaba si Dios estaba con ellos. ¿Cuántas veces nos hemos hecho esta pregunta? ¿Estará Dios conmigo o con nosotros? Salmo 91:15; Juan 14:23. Dios nos dice en este día: “Yo estoy contigo, y la prueba es para tenerte más cerca de mí, para que aprendas que yo tengo el dominio en el reino de los hombres, para que sepas que mi pensamiento hacia ti es de bien y no de mal para darte el fin que esperas, y para que crezcas en tu confianza hacia mí”. Seguramente hay muchas cosas incomprensibles para nuestra mente finita en las pruebas, pero encomendemos nuestras vidas a nuestro fiel Creador y sigamos haciendo el bien (1ª Pedro 4:19).

 

CONCLUSION: Himno de John Newton.

 

Le pedí al Señor que pudiese crecer

En fe, en amor, y en toda gracia;

Que pudiese conocer de su salvación,

Y buscar más intensamente su rostro

 

Tenía esperanza de que en alguna hora feliz

Habría de contestar al instante mi súplica

Y mediante el poder compulsivo de su amor

Dominar mis pecados, y brindarme descanso

 

En lugar de esto me hizo sentir

El mal escondido en mi corazón;

Y permitió que coléricos poderes del infierno

Asaltaran mi alma por todas partes

 

No sólo eso; con su propia mano parecía

Decidido a agravar mi dolor;

Contrariaba todos los planes honestos que me trazaba,

Marchitaba mis huertas, y me dejaba tendido.

 

“Señor, ¿por qué es esto?” gemí tembloroso,

“¿perseguirás a tu gusano hasta la muerte?”

“Es de este modo”, contestó el Señor,

“que yo contesto la oración que pide gracia y fe

 

“Utilizo estas pruebas interiores

para liberarte de ti mismo y de tu orgullo

y para deshacer tus proyectos de gozo terrenal

Para que busques en mí el todo para ti”.

 

Hoy es un día para que le digamos al Señor: “Voy a seguir confiando en ti. Si vivo, para ti vivo; si tengo que seguir pasando por pruebas, yo sé que seguirás estando conmigo y si muero, será para mí el día más glorioso porque por fin veré tu rostro. No voy a volver atrás, no voy a mirar al mundo, porque tu amor me ha cautivado”.