CONFIAR EN DIOS O EN NOSOTROS

INTRODUCCIÓN: Uno de los problemas más frecuentes que tenemos en nuestra relación con Dios es la falta de confianza. La confianza, según el diccionario, es la esperanza firme que se tiene en algo o en alguien. La confianza para Dios tiene mucha importancia. Él siempre espera que confiemos en Él. Nosotros tenemos el dicho: “la confianza mata al hombre”. Pero en el caso de Dios nuestra confianza en Él nos trae vida eterna. Así dice Cristo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36) y Juan 14:1 “No estéis angustiados. Confiad en Dios y confiad también en mí”. Las situaciones adversas de la vida y también el pecado pueden alejarnos de la confianza en el Señor. Sin fe o sin confianza es imposible agradarle, dice su Palabra. También puede ocurrir que confiemos más en una o más personas de este mundo que en Dios. Lo cierto es que al problema de la falta de confianza en el Señor lo acarreamos, y tiene que ver con que no oímos con atención sus palabras ni sus consejos. Dice que por oír su palabra viene la confianza (la fe bien por el oír la palabra de Dios). Y si somos sinceros y nos preguntamos a nosotros mismos ¿cuántas veces leímos la Biblia esta semana?, seguramente que nos encontraremos en falta. Quisiera meditar en esta mañana en dos pasajes que nos muestran la diferencia entre confiar en Dios y confiar en fuerzas humanas.

TEXTO: Proverbios 28:25-26

DESARROLLO: En esta parte del libro de proverbios vemos aquellos que se llaman “proverbios antitéticos”, es decir aquellos que muestran frases una de la otra, como significando lo contrario.

1.- LA ALTIVEZ ES LO CONTRARIO A LA CONFIANZA EN DIOS (vs. 25).- Como sabemos, el pecado en nuestra naturaleza humana se muestra a través de nuestra altivez u soberbia. La altivez es el impulso desordenado a ser el preferido. Muchas veces preferimos nuestros propios puntos de vista que los puntos de vista de Dios; en otras palabras, confiamos más en nosotros que en Dios. Esto manifiesta la altivez que muchas veces tenemos, y como dice este proverbio, cuando hay altivez no hay confianza en Dios y cuando hay confianza en Dios no hay altivez. Confiar en Dios implica ser humildes y aceptar sus correcciones, tratos y disciplina. Cuando hay altivez no queremos recibir ningún tipo de observación ni corrección porque creemos que hacemos todo bien y estamos bien. Mateo 11:29. Hay un llamado del Señor a que aprendamos de Él a ser humildes de corazón. Esto significa que tenemos que aprender a reconocer nuestras propias limitaciones y debilidades; no tener un concepto más alto de nosotros que el que debemos tener. La humildad también debe manifestarse en nuestro trato hacia los demás. ¿Cómo tratamos a las demás personas? Mateo 7:12. Rom. 12:16.

2.- LA ALTIVEZ NOS LLEVA A CONTIENDAS Y PELEAS, MIENTRAS QUE LA CONFIANZA EN EL SEÑOR NOS LLEVA A PROSPERAR (vs. 25).- Es interesante ver aquí como la altivez de espíritu nos lleva a las contiendas y a las peleas. En el mismo Mateo 11:29 también dice Jesús que aprendamos de Él que es manso. En la convivencia y al compartir la vida con otras personas siempre surgen diferencias de opinión, de criterio, de pensamiento, etc., pero cuando no podemos vivir sin discutir y sin pelear, tengamos cuidado porque nuestro orgullo nos está llevando por mal camino. No estamos respetando, pero queremos que a nosotros se nos respete; no estamos escuchando, pero queremos que a nosotros se nos escuche; no queremos servir, pero queremos que nos sirva; etc. Y es así que nuestra altivez nos lleva a vivir mal con los demás. Santiago 3:13-16. Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a ser mansos. Para nosotros es imposible, pero para Dios no. Pero también dice el sabio que la confianza en el Señor nos lleva a prosperar. “Prosperar” es ocasionar el curso favorable de las cosas o el éxito en lo que se emprende o sucede. Cuando confiamos en el Señor, Él hace que lo que emprendemos o nos sucede termine bien, aunque comience mal para nosotros. Prosperar no significa solamente tener más dinero o bienes; significa más bien que nuestras cosas terminan bien. 3ra. Juan 2.

3.- LA CONFIANZA EN NOSOTROS MISMOS ES LO CONTRARIO A LA VERDADERA SABIDURÍA (vs. 26).- La altivez se relaciona directamente con la confianza que tenemos muchas veces en nuestro engañoso corazón. Dios dice: “Maldito el hombre que confía en el hombre” y muchas veces ese “hombre” (o mujer) somos nosotros mismos. Dios sabe que somos polvo y seres débiles; también sabe que nuestra autoconfianza nos llevará al desastre total. Por eso nos advierte fuertemente con esta palabra: “Maldito si confías en tu carne o en la de otro”. La verdadera sabiduría es la que viene del Señor mediante sus consejos. La sabiduría de Dios es la virtud que nos lleva a aplicar a nuestra forma de vivir todo el conocimiento que tenemos acerca de su Palabra y de sus consejos. Cuando hay altivez no hay sabiduría de Dios y cuando hay sabiduría de Dios no hay altivez. Para que la sabiduría de Dios nos inunde debe producirse la iluminación de nuestra vida a través del Espíritu Santo. Juan 16:13-15. Tenemos que clamarle al Señor para que su sabiduría destruya totalmente nuestra autoconfianza. ¿Cómo destruye Dios nuestra confianza en nosotros mismos? Haciendo que las cosas nos salgan mal cuando no le consultamos y hacemos lo que nos parece. Dios va a hacer que nuestras malas decisiones nos humillen para que aprendamos.

4.- LA CONFIANZA EN NOSOTROS MISMOS NOS HACE NECIOS, MIENTRAS QUE LA VERDADERA SABIDURÍA NOS HACE LIBRES (vs. 26).- Dice aquí que la confianza en nosotros mismos nos hace necios. Una persona necia es una persona imprudente, falta de razón, terca, porfiada. Si nos ponemos a analizar nuestra vida seguramente que en algún momento encontraremos que hemos sido imprudentes, tercos o porfiados. Si nos mantenemos en esta postura en algún momento Dios se va a encargar de tratarnos. Él siempre tiene el método justo y que nos hace falta. Pero cuando somos necios, no dejamos que la sabiduría de Dios nos haga verdaderamente libres. La necedad es como una cadena que nos tiene agarrados a nosotros mismos, mientras que la sabiduría de Dios nos libera de nuestro engañoso corazón. Juan 8:31-36. 1ra. Timoteo 4:16.-

CONCLUSIÓN: Hemos visto a donde nos lleva confiar en nosotros y confiar en Dios. Cabría la pregunta: ¿En quién voy a seguir confiando? ¿En mi engañoso corazón o en el Dios Todopoderoso? Salmos 37:3.-