QUE LA ADVERSIDAD NO NOS ALEJE DE LA FE

INTRODUCCIÓN: Hay muchos momentos desagradables en la vida. Esos son los momentos que nos sacuden y nos hacen temblar en nuestra fe. Son momentos permitidos por Dios para que aprendamos muchas lecciones de la vida. Hay un dicho muy cierto: “¿Sabes cuál es la diferencia entre la escuela y la vida? Que en la escuela primero aprendes una lección, y luego te ponen una prueba. Y en la vida primero te mandan la prueba, y luego aprendes la lección”. Dios en sus designios ha determinado que la mejor forma de aprender es a través de la aflicción, y aunque nosotros nos rebelemos o no estemos de acuerdo, es y será así. Esto que digo ustedes podrán observarlo a través de todo lo que han vivido hasta hoy. Pero lo importante es que estando apegados al Señor podemos hacer frente a esos momentos difíciles. Ahora también nosotros podemos elegir enojarnos contra Dios por lo que Él permite y dar un portazo e irnos de su Presencia como hizo el hijo pródigo. Lo cierto es que eso nos ayudará para nada; por el contrario: sentiremos que estamos solos y que no tenemos fuerzas para seguir. Y esto es así porque Dios nos creó para que sin Él no podamos vivir. Pero hay un elemento muy importante en medio de las presiones y aflicciones que vivimos que puede ayudarnos y fortalecernos: es Su bendita Palabra, dentro de la cual se encuentran Sus promesas de acompañarnos por los caminos sombríos de esta vida. Por ejemplo en el Salmo 91 dice: “Con él estaré Yo en la angustia”, y así como estas palabras, hay otras que nos ayudan a seguir y a sostenernos en pie aún a pesar de todo. Hay un pasaje en el que Cristo nos muestra cómo estas situaciones difíciles pueden hacernos apartar de los caminos del Señor.

TEXTO: Mateo 13:5-6; 20-21.-

DESARROLLO: Aquí Jesús presenta la parábola del Sembrador, y, entre los diferentes tipos de suelo sobre los cuales cae la semilla de la palabra de Dios, se encuentra el suelo lleno de pedregales. La semilla que cae allí es una semilla que no puede arraigarse, que no puede afirmar sus raíces porque el suelo no ayuda a ello. Entonces, cuando el sol sale y calienta ese suelo, hace que la semilla se seque. A ese tipo de suelo Jesús lo compara con una persona o un corazón que oye la palabra y que en ese momento la recibe con gozo, pero cuando vienen las aflicciones o las presiones de la vida, su fe se deshace y se aparta. ¿Qué es lo que falló en este caso? ¿Es el mensaje de la Palabra de Dios o la falta de la persona de ser constante en la fe y en creer a esa Palabra del Señor? De acuerdo a esto podemos meditar acerca de algunas de las cosas que nos hacen inconstantes en la fe:

  1. El doble ánimo (Santiago 1:8).- Dice Santiago que el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. La traducción aquí es, como vimos en otra oportunidad, mente dividida. Es decir que el hombre que tiene su mente dividida, que hoy piensa una cosa y mañana lo contrario, que cambia de parecer sucesivas veces, es una persona inconstante. Este estado hace que en algún momento nos apartemos de la fe, de lo que creímos acerca de nuestro buen Dios. Y cuando vemos que la prueba presiona sobre nosotros comenzamos a dudar de que Dios nos tenga en cuenta y se acuerde de nosotros. Necesitamos afirmarnos en sus verdades y en su Palabra. Eso es lo que nos da seguridad.

 

  1. El no prestar atención a sus consejos (Proverbios 8:33; 1ra. Sam. 15:22; Hebreos 2:1).- El sabio dice en Proverbios 8:33 “Atiendan al consejo, y sean sabios, y no lo menosprecien”. En 1ra. Sam. 15:22 dice que “… el prestar atención es mejor que la grasa de los carneros”; y en Hebreos 2:1 dice “Por lo tanto es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos”. La falta de atención es un gran problema que nos hace también inconstantes, como el suelo lleno de piedras que no recibe la semilla. Nuestros problemas de inconstancia también se originan en nuestra falta de atención. Nos distraemos mucho a veces por todo aquello que el mundo nos ofrece. Eso nos atrae por causa de nuestros malos deseos. Es como si esos malos deseos, al escuchar las ofertas de este mundo, se potencian y presionan sobre nuestra espiritualidad y fe haciendo que abandonemos los caminos de devoción al Señor. Tenemos que clamarle al Espíritu Santo que nos ayude en esa debilidad que tenemos.

 

  1. Aislarnos dejando de congregarnos (Hebreos 10:25).- En Hebreos dice que no dejemos de congregarnos como algunos tiene por costumbre. El aislamiento y la falta de comunión con los hermanos también contribuye a que abandonemos nuestra fe. Cuando le agarramos el gustito a la comodidad de quedarnos en casa nos cuesta luego volver a retomar el ritmo de congregarnos. Pero aunque muchas veces los momentos difíciles que vivimos en la vida quieran aislarnos de la comunión con el cuerpo de Cristo, tenemos que batallar y luchar. Siempre el diablo va a tratar de aislarnos de la iglesia así como una braza se aparta del fuego. Esto es parte de su trabajo. Tenemos que ser astutos y tomar la mejor decisión y esa es “no dejar de congregarnos”.

 

  1. La falta de comunión con Dios (Lucas 18:1).- Jesús aquí les refiere una parábola a sus discípulos acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar. La falta de oración es también una causa de nuestra inconstancia en seguir los caminos del Señor. Jesús les dijo en una oportunidad a sus discípulos cuando los llevó a orar en Getsemaní: “Velen y oren para que no entren en tentación”. Para Jesús la oración tiene un lugar primordial en nuestras vidas. Sin oración y sin comunión con el Padre Celestial no se puede vivir. Aunque solamente le digamos: “Señor: sálvame y ayúdame”. Por eso Jesús decía “separados de mí nada pueden hacer”. Si no oramos, a la larga nos secaremos en nuestro espíritu y nos alejaremos de los caminos del Señor.

 

CONCLUSIÓN: Dios quiere animarnos a no abandonar y a que descubramos en qué estamos débiles para fortalecernos en el Él y en el poder de sus fuerzas. Dios hoy nos llama a seguir firmes soportando la adversidad y no alejándonos de nuestra fe. Si hoy nos falta fe, pidámosela al Señor. Clamemos al Señor y proclamemos que nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.