BENDITO PERDÓN DE DIOS

INTRODUCCION: Cuando la Biblia dice: “No hay justo ni aún uno; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”, es porque Dios quiere que focalicemos nuestra mirada en la necesidad que tenemos de un Salvador porque por nuestros méritos, no hay esperanza para nosotros, sino una expectativa de condenación y muerte espiritual que es separación de Dios. Centralizarnos en el amor que Dios ha tenido por la humanidad, según lo vemos en Juan 3:16, debe llevarnos a humillarnos y  a aceptar nuestra condición de pecadores necesitados de la obra de Cristo en nuestros corazones. El vino para buscar y salvar lo que se había perdido (nosotros), para reconciliarnos con Dios, para que por su sangre derramada pudiéramos experimentar el perdón de Dios de todos nuestros pecados. Es importante tener el conocimiento intelectual de esta obra, pero mucho más importante es que la experimentemos en nuestros corazones, en nuestras vidas y en nuestras relaciones. El perdón de Dios es el acto por el cual Dios absuelve al hombre del pecado que lo separa de Él, y le devuelve su amistad. Recibimos el perdón por la fe, después de haber confesado nuestros pecados y de arrepentirnos de ellos y haber aceptado en nuestras vidas la obra de Cristo como nuestro Señor y Salvador. Hay un poder en el perdón de Dios que nos libera y que nos sana. Pasaremos a ver como la Biblia destaca la grandeza del perdón de Dios.

 

TEXTO: Salmos 32:1-5

 

DESARROLLO:

 

  1. A PARTIR DEL PERDON DE DIOS COMENZAMOS A CONOCER LA VERDADERA FELICIDAD (vs. 1).- El salmista declara al que experimenta el perdón como bienaventurado, es decir, muy feliz. La maldición de la transgresión a la ley de Dios y del pecado nos lleva, como dice la Palabra, a la muerte espiritual. Pero gracias a Dios, el remedio fue provisto por El, porque sabía que por nosotros solos era imposible librarnos de esa maldición; y ese remedio es la vida y la sangre de su Único Hijo Jesucristo. Dentro de esa obra de Cristo se incluye el perdón de Dios, cuya dimensión  y alcances no cabe en nuestra mente finita. El perdón de Dios es la bendición que comienza a actuar cuando damos lugar a la obra de Cristo a través del arrepentimiento de nuestros pecados. El mismo Señor Jesús, cuando comienza su ministerio lo hace llamando a las personas al arrepentimiento (Mateo 4:17). El arrepentimiento o cambio de actitud libera sobre nosotros el bendito perdón de Dios. Experimentar el perdón de Dios sobre nuestras vidas contrarresta y anula toda condenación del diablo (Romanos 8:1). Cuando el perdón de Dios llega a nuestro corazón quita todo el engaño del diablo y deseamos que la luz de Dios inunde todo nuestro ser.

 

  1. EL PERDON DE DIOS NO SE MANIFIESTA MIENTRAS ENCUBRIMOS NUESTRO PECADO (vs. 3-4).- Dice el salmista que mientras calló tratando de encubrir su iniquidad, experimentó sobre su espíritu y sobre su cuerpo el rigor de la separación de Dios: en su cuerpo, problemas en sus huesos y en su espíritu, sequedad. Estos sentimientos se mantienen en nuestras vidas cuando no somos sinceros con Dios ni con los demás. En Génesis 3:8 leemos que Adán y Eva se escondieron de la presencia de Dios, por causa de su pecado y desobediencia. Muchas veces la actitud de algunos cristianos es la de esconderse, la de pasar desapercibidos, que nadie se entere acerca de mi vida y no nos damos cuenta que Dios ve todo, El sabe todo y conoce todo nuestro corazón. Jeremías 17:9-10. En relación a esto, las apariencias tratan de engañar, pero producen en nuestro ser interior la separación de Dios que se asemeja a un desierto espiritual, sin agua de vida. Jesús les decía a sus discípulos que se guardaran de la levadura de los fariseos que era la hipocresía (el aparentar con nuestra vida algo que no somos ni vivimos). Muchas veces deseamos experimentar el perdón de Dios en nuestras vidas y no podemos. Pareciera que tenemos una venda que no nos deja ver el amor que Dios tiene por nosotros. En Mateo 18:32-33 Jesús nos enseña cual puede ser la causa de nuestros sentimientos de muerte espiritual: la falta de perdón hacia otras personas. Dios está esperando que nos sinceremos con El. Tenemos que sentir el perdón de Dios sobre nuestras vidas, pero para ello debemos obedecer todo lo que El nos dice (Mateo 7:24-29).

 

  1. LA LLAVE QUE DESATA EL PERDON DE DIOS SOBRE NUESTRAS VIDAS ES LA CONFESION (vs. 5).- La palabra dice que cuando el salmista declaró y confesó su pecado, Dios perdonó su maldad. Jesús dice en Mateo 15 que “de la abundancia del corazón habla la boca” y cuando hay un ferviente deseo de agradar a Dios y vivir bajo su gobierno, podemos declararlo con nuestra boca. Romanos 10:9. Si confesares con tu boca. La confesión es la llave que abre la puerta para que el perdón de Dios inunde nuestras vidas. Proverbios 28:13 dice que el que encubre su pecado no prosperará pero el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. La confesión atrae sobre nosotros la misericordia de Dios. En 1ª de Juan 1:9 dice que “si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.  En la confesión podemos experimentar de una manera real la fidelidad de Dios en cuanto a su pacto. Confesar es reconocer, es justificar a Dios diciéndole que lo que El dice es toda la verdad. Y en cuanto a la llave que desata el perdón entre nosotros también es la confesión: Santiago 5:16. Los alcances que tiene el perdón de Dios son inimaginables porque nos dignifica y nos saca del lugar de degradación en el cual estábamos cuando el pecado nos esclavizaba. El perdón de Dios es la figura del anillo que el padre coloca en el dedo del hijo pródigo (Lucas 15:22).

 

CONCLUSION: Dios quiere liberarnos mediante su perdón pero para ello debemos utilizar la llave de la confesión y del arrepentimiento. El perdón de Dios es para aquellos que dicen y confiesan “sé propicio a mí, pecador”. BENDITO PERDON DE DIOS.  

A cierta escuela asistía un niño que cada vez que miraba a su maestro le decía: “Maestro, Dios me habló de Usted”, todos los días era lo mismo, hasta que el Maestro cansado de la insistencia de su alumno le dijo: “Si es cierto que Dios te habla de mí, pregúntale cual fue el último pecado que cometí”. Está bien dijo el niño y regresó a casa muy confiado.

Al día siguiente cuando el Maestro vio venir al niño se llenó de temor pues pensó: ¿y si es cierto que Dios le habla y me avergüenza delante de los demás alumnos?… sin embargo, cuando el niño llegó frente a su maestro éste le dijo: ¿Le preguntaste a Dios cual fue mi último pecado? Si, replicó el niño… ¿y que te dijo?: “Dice que ya no se acuerda, porque El ya lo perdonó”.

El Maestro desconocía la profundidad del perdón de Dios. Cuando dice: “Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados” Isaías 43:25