SU PRESENCIA ES NUESTRA VICTORIA

INTRODUCCION: El hecho de que seamos varones implica para nosotros una gran responsabilidad. Dios nos ha delegado y ha querido poner sobre cada varón parte de sus cualidades de protector, proveedor y sustentador como cabeza de hogar. A todo esto sólo lo entendemos cuando nos hemos entregado al Señor con todo nuestro ser. Mientras vivimos conforme a los deseos de este mundo, el egoísmo oscurece nuestra visión haciendo que solo cuidemos nuestros intereses personales. Pero a través del poder del evangelio nuestros ojos espirituales vuelven a percibir cual es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, los varones. Hay un propósito supremo de Dios que es el de que “ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2ª Pedro 3:9). Ese propósito o deseo de Dios se va cumpliendo a través de cada una de nuestras vidas, que a su vez también tienen un propósito que apunta a este deseo supremo de Dios. Todo gira en torno a ello. Por lo tanto lo que nos corresponde a nosotros, es descubrirlo en nuestras vidas y sólo lo descubrimos a través de su revelación en su Palabra y las situaciones que vamos viviendo cada día. Uno de los consejos que da Pablo a los hombres de la iglesia de Corinto es “pórtense varonilmente” (1ª Corintios 16:13). El concepto que el mundo tiene acerca de ser varón, es muy diferente al que Dios tiene. Para el mundo el varón tiene que hacer ver en su casa quien es el que manda, no importa la forma: siendo golpeador o increpando, o maltratando a su familia, porque sino es señal de debilidad; tiene que tener más de una mujer, porque sino eso significa que es un gobernado; generalmente, tiene que tener algún vicio: o fumar, o tomar, o jugar; y sólo reconoce que sus logros son solamente por su fuerza de voluntad, no reconoce a nadie más sobre él. Los varones que no conocen a Dios se enfrentan con el problema del orgullo, de la soberbia. Todas las personas, pero principalmente los varones sin Dios generalmente son duros, fríos y sin afecto natural. Por lo tanto cuando el Espíritu Santo toca a un varón los cambios se exteriorizan de una manera visible. En el corazón comienza a haber calidez y respeto. Pero Dios quiere mostrarnos hoy que para El jugamos un papel muy importante en su plan. Había una canción que decía: “somos sus manos, somos sus pies” sobre esta tierra; y hoy Dios quiere hacernos entender esta realidad. Vamos a ver la vida de un varón que por su fidelidad a Dios, El lo levantó y le dio la tremenda responsabilidad de tener que introducir a un pueblo en la Tierra prometida por Dios: Josué. El nombre Josué significa “Jehová salva”. Hijo de Nun, ayudante y sucesor de Moisés. Cuando joven (Éx 33.11), Moisés lo escogió como su ayudante personal y le dio autoridad para escoger a los que le acompañarían en su contienda con Amalec (Éx 17). Fue Moisés también el que le llamó Josué, pues antes se llamaba Oseas (Nm 13.16). Josué representó a su tribu en el grupo que nombraron para reconocer la tierra prometida (Nm 13.8). Luego, junto con Caleb, animó al pueblo y habló en favor de tomar posesión de la tierra (Nm 14).

Mientras Moisés estaba en la presencia de Dios en el monte Sinaí, el joven Josué permaneció en el tabernáculo (jóvenes ¿dónde quiere permanecer?); allí seguramente aprendió el secreto de la paciencia de Moisés, paciencia que más tarde debía hacer suya (Éx 24.13; 33.11; Nm 11.28). Dios lo seleccionó como sucesor de Moisés y este lo reconoció como tal (Nm 27.18–23; Dt 31). Además, Josué fue el encargado de repartir la tierra juntamente con Eleazar (Nm 34.17). Josué tomó la dirección del pueblo de Dios inmediatamente después de la muerte de Moisés. Y es allí donde llegamos al capítulo 1 del libro de Josué.

 

TEXTOS: Josué 1   - Josué 3

 

DESARROLLO:

 

a).- LA FIDELIDAD A DIOS NOS LLEVA A MAYOR RESPONSABILIDAD (vs. 1-4).- Aquí la Palabra de Dios nos dice que Dios habló a Josué. Dios siempre habla a través de su Palabra, a través de situaciones, a través de la obra del Espíritu Santo, a través de otro hermano. ¿Cómo estamos para escuchar a Dios? Josué había servido a Moisés por muchos años y había estado a su lado y había aprendido a obedecer, pero Moisés había muerto. Y Dios le habla y le dice: Josué, levántate y pasa este Jordán. Josué había sido fiel, pero también había llegado el momento de ponerse los pantalones largos, de tomar una mayor responsabilidad delegada por Dios: nada más ni nada menos que guiar a todo un pueblo a cruzar el Jordán y a entrar a una tierra desconocida y conquistarla para tomar posesión de ella. Esto nos enseña algo: Nuestra fidelidad a Dios nos va a llevar a tomar una mayor responsabilidad. Y Dios nos dice en esta mañana: Bueno, has llegado hasta a aquí; me has sido fiel, pero es hora de que te prepares para cruzar tu Jordán, que te armes y que pelees. Pero Dios no lo deja a Josué sólo con esta carga; le da ánimo y le dice: Yo les he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que ustedes pisaren. Dios ya lo había decidido: Les he entregado. Y cuando Dios decide hacer algo, no hay nadie que se resista. Hay una responsabilidad como individuos y como pueblo: Dios ya nos ha entregado por herencia cada lugar por donde nos movemos. Pero esto no significa que nos vamos a entrar en cualquier casa y vamos a saquearla literalmente hablando. Lo que Dios nos ha entregado en nuestras manos es el dominio de Satanás, se trata de una posición espiritual, la posición del enemigo en los aires para que le hagamos un golpe de estado y le quitemos el poder sobre toda vida de esta tierra. Todo lugar y cada parte de tierra significan “multitudes, gentes, familias”.

 

b).- PARA AVANZAR NECESITAMOS SUS PROMESAS Y SU RESPALDO (vs. 5).- Dios sabía que Josué necesitaba escuchar de la boca de Dios su promesa de guía y dirección y sentir su respaldo. Por eso le dice: Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida porque Yo voy a estar con vos, como estuve con Moisés. Y nosotros necesitamos escuchar de Dios sus promesas y respaldo. Hay ánimo y fortaleza para su pueblo en su Palabra. El problema es que muchas veces perdemos el hambre de escucharle, el deseo de oírle. El Señor nos dice en esta mañana: Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida porque yo voy a estar con vos. Qué fácil nos desanimamos cuando Dios nos prueba. Él está mirándonos y comprobando que hay en nuestro corazón. ¿Qué es lo que estás padeciendo? Escucha al Señor diciéndote “yo voy a estar con vos”.

 

c).- NUESTRO ESFUERZO COMO VARONES ESTA EN EL OBEDECER (vs. 6-8).- Dios le dice a Josué: Esfuérzate y sé valiente. La fuerza de voluntad independiente de Dios no nos sirve para hacer su obra. Nuestro esfuerzo como varones de Dios está en el obedecer a su Palabra. “Solamente esfuérzate y sé muy valiente para cuidar de hacer conforme a todo lo que Moisés te mandó”. Todo nuestro esfuerzo y nuestra valentía, solamente tiene que estar puesto en obedecer. En la obediencia se ve nuestro amor al Señor. La obediencia es una actitud del corazón. Una persona puede aparecer obediente por fuera, pero en su interior tener odio hacia todo lo que sea obedecer. Muchas veces hemos pensado que la obediencia es algo así como nuestra parte en la salvación. Hemos pensado que la salvación tiene dos partes: la parte de Dios y nuestra parte. El hecho es que toda la salvación es parte de Dios, no sólo me perdona mis pecados, sino que también me da una actitud de obedecer a cualquier cosa que El quiera. Todo el plan de salvación tiene como primer propósito crear en nosotros un corazón nuevo, que ama obedecer. Mateo 7:21-23. Estas personas no hacían lo que Dios les estaba pidiendo. La obediencia no consiste en hacer lo que a nosotros nos parece bueno o efectivo, sino en hacer lo que Dios nos está pidiendo. (Saúl).

Cuando hablamos de ser fieles a Dios, hablamos de ser obedientes a lo que Dios requiere. La obediencia tiene que ser vista desde el punto de vista de Dios. El dice que aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado (Santiago 4:17). El cristiano obediente siempre es sensible a sus fracasos y errores y con la oración y la implantación de la Palabra por el Espíritu Santo, sigue adelante. La obediencia que viene del miedo, es falsa y superficial, pero la que es por amor a El, es verdadera y agradable delante de Dios. Obedecemos porque amamos a Dios. Pero Dios le recomienda a Josué que no se aparte ni a diestra ni a siniestra para que sea prosperado en todo lo que emprenda. Muchas veces no somos prosperados porque estamos siendo desobedientes.

 

Josué 3:1-17.-

 

c).- DEBEMOS MARCHAR SIGUIENDO LA PRESENCIA DE DIOS (vs. 3).- Dice la Biblia que los oficiales de Josué dieron instrucciones al pueblo diciéndole: “Cuando vean el arca y a los sacerdotes que la llevan, ustedes saldrán de su lugar y marcharán en pos de ella”. El arca es figura de la presencia de Dios. Y dice la Palabra que los sacerdotes levitas iban a llevarla. Una de las funciones que tenemos como varones es la de ser sacerdotes de nuestro hogar. El sacerdote representaba a la nación delante de Dios. Nosotros como sacerdotes, tenemos la responsabilidad para con los demás de interceder, apuntalar, edificar y sostener. Como sacerdotes de Dios debemos marcar el camino a todo el pueblo. Dice la palabra que el pueblo debía marchar detrás del arca. Esto nos enseña que debemos marchar siguiendo la guía de la presencia de Dios y los que llevan el arca son los sacerdotes. Es nuestra responsabilidad buscar la presencia de Dios, llevar la presencia de Dios a todas partes, provocar la presencia de Dios sobre las vidas de nuestras familias y seres queridos. Debemos ocupar el lugar de sacerdotes portadores de su presencia. Sin su presencia no hay victoria. “Si se humillare mi pueblo y buscaren mi rostro”. Buscar el rostro de Dios significa ir más allá, a un mayor grado de ternura y devoción hasta alcanzar una madurez más profunda que le permita guiarnos con su ojo (Salmos 32:8. Sobre ti fijaré mis ojos).

 

d).- DEBEMOS SANTIFICARNOS SI QUEREMOS VER MARAVILLAS DE DIOS A TRAVES DE NUESTRAS VIDAS (vs.5).- Y Josué le dice a su pueblo que se santifique porque Dios hará grandes maravillas. En la santidad de nuestras vidas actúan dos factores: nosotros y el Espíritu Santo. Cuando nos rendimos a Dios y comenzamos a obedecer, se activa en nosotros la obra del otro factor, que es el Espíritu Santo y esa obra es la transformación de nuestra conducta como padres, esposos, trabajadores y hermanos del cuerpo de Cristo. Tenemos que dejarlo a Dios obrar. Nuestros corazones de piedra tienen que ser transformados en corazones de carne, tiernos y sensibles. “Como aquel que los llamo es santo, sean también ustedes santos en toda su manera de vivir” (1ª Pedro 1:15-16). El llamado de Dios hoy es a ser varones consagrados a El. Cuando vivimos vidas santas, disfrutamos de las maravillas de Dios.

 

e).- DEBEMOS CRUZAR NUESTRO JORDAN (vs. 1b; 8-11).- La orden que tenían los sacerdotes era la de meterse en el agua llevando el arca. Era necesario e imprescindible cruzar el río Jordán para entrar a la tierra. Los ríos, generalmente, forman límites entre países, provincias, etc. Muchas veces no trasponemos los límites, los obstáculos que pueden ser las paredes de nuestros salones, nuestra incredulidad, nuestra falta de compromiso y devoción a Dios, nuestros pecados ocultos, nuestro rencor o resentimiento hacia otros, nuestra soberbia, etc. A través de esta palabra Dios nos está diciendo: “Pueblo mío, cruza tu Jordán, supera tus limitaciones y entra en la tierra que hay que conquistar afuera”. Dios daba una señal a su pueblo: La presencia de Dios sería tan real en ellos, que sus enemigos serían expulsados. La señal de que Dios está en nuestras vidas serán las victorias que tendremos, la liberación de las vidas del poder del enemigo.

 

f).- LA PRESENCIA DE DIOS ES LA QUE VA DELANTE Y ABRE EL CAMINO A LA TIERRA POR CONQUISTAR (vs. 11-13).- Josué le dice al pueblo que el arca de la presencia de Dios iría delante. Esto nos muestra que nunca debemos ir delante de Dios, sino detrás de El. El es el que nos guía. Si nos adelantamos, estaremos sin cobertura. En el vs. 13 Josué sigue relatando lo que sucedería: las aguas se dividirán para que el pueblo pase en seco. Es por la presencia de Dios que se nos abre el camino a la tierra por conquistar, porque Dios obra trayendo fe a su pueblo, animo voluntarioso y fortaleza. Debemos darle tiempo a Dios para que obre en nuestras vidas, buscarle más y más porque somos sacerdotes y responsables de que todo el pueblo sea introducido en la Tierra Prometida para conquistarla. ¿Qué vamos a hacer con la responsabilidad que tenemos?

 

CONCLUSION: Dios nos está pidiendo más. Más de nuestro tiempo, más de nuestra oración, más de nuestra entrega a sus propósitos. Muchas veces como varones creemos que llorar y humillarnos delante de Dios es señal de debilidad. Nos cuesta pedir perdón, nos cuesta salir de nuestra rudeza, nos cuesta reconocer que necesitamos tanto de Dios. La responsabilidad de los varones cabeza de hogar y de los que van ha ser,  es mayor que la de cualquier otro integrante de la familia, porque por nuestro sacerdocio Dios nos va a pedir cuentas. Hay vidas que se forman por nuestra influencia. ¿Qué ejemplo de vida el vamos a dejar? Sólo la presencia de Dios puede darnos la victoria.