CONSUMADO ES

INTRODUCCION: Dentro de la voluntad de Dios se encuentra su deseo de que como parte de su pueblo, de su iglesia, entendamos y no ignoremos, que quede revelado a nuestras vidas y no oculta, la importancia que tiene la obra, la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. A pesar del rechazo de los hombres a la persona de Jesús, el plan de Dios siguió y sigue adelante. Él no se detiene porque en su corazón está el salvar y no condenar a sus criaturas. Esto es lo que Cristo nos mostró cuando dijo: “El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Y en este tiempo de reflexión acerca de su obra redentora quisiera meditar acerca de un pasaje que nos ayudará a descubrir el alcance que esa obra tiene para nuestras vidas y para toda la humanidad.

 

TEXTO: Juan 19:28-30

 

DESARROLLO:

“Sabiendo Jesús que todo estaba consumado “(vs. 28) – dijo: “Consumado es” (vs. 30) En el original la palabra “consumado” se traduce como “ha sido completado”. “Consumar” es “llevar a cabo totalmente algo”, es “dar cumplimiento”, “acabar algo”, “pagar”, “satisfacer”. Jesús en la cruz consumó toda la voluntad de Dios y a través de eso quisiera meditar algunas de las cosas que también fueron consumadas Él.

 

CONSUMADO FUE EL AMOR QUE DIOS TIENE POR TODO EL MUNDO (Juan 3:16).- Dios entregó a su Hijo por amor a este mundo. La consumación del amor de Dios es la entrega de su Único Hijo. En el original dice que Dios dio a su Hijo para que todo el que confía en Él no sea destruido sino que tenga vida eterna. En el amor de Dios se encuentra su deseo de que ninguno sea destruido. Darle la espalda al amor de Dios a través de la obra de Cristo significa que vamos derecho a una destrucción segura. Tenemos que aceptar el amor de Dios, y esto ocurre cuando reconocemos nuestra necesidad de él. Aceptar el amor de Dios significa que tenemos que quitar de nosotros todo el orgullo, reconocer nuestro pecado y humillarnos bajo su poderosa mano. El amor es entrega y Dios entregó lo más preciado de Él que era la vida de su Hijo; y por esta actitud de amor del Padre nosotros deberíamos darle también todo nuestro amor a través de toda nuestra vida, a través de rendirnos a sus pies y dejar toda rebeldía. Y si hemos perdido el amor a Dios y a los hermanos, si nuestro amor se ha apagado, hoy es el día que tenemos que clamar a Dios para que el Espíritu Santo vuelva a encenderlo. El amor de Dios fue consumado en la muerte de Cristo y ahora tiene que consumarse en nuestras vidas.

 

CONSUMADA FUE LA VICTORIA DE LA VIDA SOBRE LA MUERTE, DEL BIEN SOBRE EL MAL, DE DIOS SOBRE EL DIABLO (1ra. Corintios 15:55-57; Hebreos 2:14-15).- En 1ra. Cor. 15:55-57, Pablo pregunta ¿dónde está la el aguijón de la muerte y su victoria? Y aclara que el aguijón de la muerte es el pecado. La palabra “aguijón” en el original también se traduce como “veneno”. El pecado es el veneno que nos mata. No hay ningún hombre que pueda tener el antídoto para anular el efecto del pecado. Solamente uno pudo vencer, solamente el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que vivió en esta tierra sin pecado. Amados hermanos, tenemos que ir al que tiene el poder para ayudarnos a vencer. Por eso dice Hebreos 2:18 que Él es poderoso para socorrer a los que son tentados. Cristo venció al pecado y a la muerte, pero también con su victoria Él nos dejó todo lo que necesitamos para ser vencedores junto a Él . Cabe la pregunta entonces ¿por qué muchas veces nos sentimos derrotados y sin fuerzas para seguir? Creo que la respuesta se encuentra en que no buscamos su rostro como tendríamos que hacerlo. David decía: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios el alma mía”. David sentía la necesidad de vivir cerca del Señor, había un anhelo de querer agradarle y estar apegado a Él, había un amor anhelante de Dios en David. Si queremos percibir sobre nuestras vidas la victoria consumada de Cristo, tenemos que clamar y huir de la tentación. Jesús decía “Orad para que no entréis en tentación”. Nuestra victoria es consumada en nuestra obediencia a Dios.  

 

CONSUMADO FUE EL REINO DE DIOS SOBRE LA TIERRA (Lucas 17:20-21).- Los fariseos le preguntan a Jesús cuando iba a venir el reino de Dios y Él responde: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Está aquí, o está allá; porque he aquí el reino de Dios está entre ustedes. En la persona de Cristo Jesús el reino de Dios comienza a manifestarse sobre esta tierra. Y en la cruz del calvario es consumado el establecimiento del reino, es decir, que el gobierno de Dios queda establecido. Pero lo que falta es que los hombres decidan someterse a ese gobierno, y para que el gobierno de Dios sea consumado en nuestras vidas, tenemos que aceptarlo, es decir, tenemos que estar dispuestos a someternos a Él. En 1ra. Samuel 8 leemos como el pueblo de Israel le pide un rey a Samuel, y ante este pedido, el profeta se molesta, pero en el versículo 7, Dios habla y le dice: “porque no te han desechado a ti, , sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”. Y esta es la situación de la humanidad en el día de hoy, y también la de muchos que se llaman cristianos: “no quieren que Dios reine sobre sus vidas, no quieren que Él reine sobre ellos, no quieren obedecer a Dios todo lo que Él manda”. Cristo consumó el establecimiento del Reino de Dios pero aún falta que el efecto de la obra de Cristo haga algo en nuestras vidas; cuando soy rebelde y desobediente a la Palabra de Dios es porque su gobierno no está en mi vida. Por lo tanto seamos humildes y sometámonos a su gobierno.   

 

CONSUMADA FUE LA OBEDIENCIA DEL HIJO DE DIOS A SU PADRE CELESTIAL (Hebreos 5:7-9).- Este pasaje de Hebreos dice que Cristo, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era el Hijo de Dios, aprendió a obedecer a través de sus sufrimientos. Su obediencia al Padre es lo que le da autoridad; consumada, completa fue su obediencia hasta la muerte. Y en el vs. 9 dice “y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Solamente los que le obedecen pueden disfrutar de su eterna salvación. Su obediencia fue consumada en la cruz y nuestra obediencia es consumada, es completa, cuando estamos dispuestos a someternos a su autoridad, a llevar a la cruz nuestro egoísmo y nuestro orgullo, cuando comenzamos a preguntarle. “Señor ¿qué quieres que haga?”, como lo hizo Pablo. 

 

CONSUMADO FUE EL MANDATO DE LA MISION DE LA IGLESIA DE IR Y PREDICAR EL EVANGELIO (Mateo 28:19-20).- El Cristo resucitado, se presenta ante sus discípulos y les encarga la misión de predicar el evangelio; y ese encargo de Cristo llega aún hasta nuestros días. Cristo al morir y resucitar también consuma el mandato de la misión. ¿Cómo se consuma la misión? A través de nuestras vidas, obedeciendo su mandato. No podemos ser indiferentes a los demás que caminan a nuestro lado sin Dios y sin esperanza, no podemos guardarnos el mensaje para nosotros; tenemos que sacudirnos de nuestras comodidades y deseos egoístas, y comenzar a clamar a Dios por compasión hacia los demás. Jesús estando en esta tierra veía las multitudes como ovejas que no tenían pastor; y nosotros debemos impregnarnos de esta visión a través de la oración y el clamor a Dios. Muchas veces los problemas que tenemos nos abruman y no nos dejan cumplir con lo que Dios nos manda; pero tenemos que salir, tenemos que levantarnos, tenemos que pedirle al Espíritu Santo que santifique nuestra voluntad. La misión de la iglesia no está en entre las cuatro paredes. La misión de la iglesia está afuera, con nuestros vecinos, con nuestros familiares. El salón es el hospital donde atendemos las enfermedades del alma. En la cruz, Cristo consumó el mandato de ir y predicar las buenas nuevas de salvación. Falta nuestra parte en el propósito de Dios.  

 

CONSUMADO FUE EL PERDON DE DIOS PARA AQUELLOS QUE ACEPTAN SU GOBIERNO (Colosenses 2:13).-  En este pasaje Pablo dice que estando muertos en nuestros pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, perdonándonos todos nuestros pecados. ¿Quiénes éramos nosotros para que Dios tuviera misericordia? Pero lo cierto es que nos perdonó cuando nos decidimos entregarnos a Él. En el original dice “habiéndonos perdonado bondadosamente, habiéndonos entregado su favor”. El perdón de Dios nos libera y nos pone en paz con Él. Pero el perdón debe formar parte de nuestra vida diaria. Por eso es que Jesús nos enseñó que perdonemos así como el Padre nos perdonó a nosotros. Clamemos a Dios para que así como el perdón de Dios se consumó por la obra de Cristo, se consuma, se haga una realidad en nuestras vidas. Pidámosle al Señor que nos enseñe a amar para que aprendamos a perdonar. El camino del perdón es una decisión que todos debemos tomar.

 

CONCLUSION:  “Consumado es”, es la palabra que nos trae esperanza, que nos llena de fe, que nos habla de que si estamos en Cristo estamos completos, porque Él ya lo hizo todo. Sigamos caminando con fe, sin bajar los brazos, sin volvernos atrás, porque Él hizo todo por nosotros. Nos queda solamente entregarnos a Él con todo nuestro corazón para servirle y obedecerle.