CRECIMIENTO EN LA ADVERSIDAD

Cuando hablamos de crecimiento en la vida del cristiano, hablamos de un aumento del carácter y de las cualidades espirituales de Jesús,   que se manifiestan tanto en las relación con Dios como con sus semejantes. En Proverbios 4:18 dice que “la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto”. A partir de esto, podemos entender entonces que el crecimiento del cristiano es parte de la voluntad de Dios. En Hebreos 12:5-6, el autor, haciendo referencia a una cita de Proverbios capítulo 3, dice: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por El; porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo”. Todo buen padre desea que sus hijos crezcan y se desarrollen en forma normal; y uno de los instrumentos usados para ese crecimiento es la disciplina. Debe quedar bien claro que toda disciplina es para contribuir al desarrollo, como persona, de los hijos, y no para destruirlos. En este pasaje se nos revela a Dios como el Padre que participa en el desarrollo de sus hijos utilizando la disciplina. Disciplinar es corregir, y Dios, a través de su trato, quiere corregirnos porque venimos del mundo con actitudes, pensamientos y conductas que nos perjudican en nuestro peregrinar por esta vida.

Así como en la escuela debemos aprobar materias para aspirar a un título u oficio, en la escuela de Dios también. Y una de las materias que debemos aprobar es la adversidad. La adversidad es como la materia práctica, porque en ella aplicamos lo teórico de nuestra fe.

La adversidad es utilizada por Dios como parte de nuestra disciplina. En ella podemos apreciar algunos conceptos que nos ayudan a corregir pensamientos acerca de Dios y acerca de nosotros:

 

  1. En la adversidad todo se sale de nuestro control, y esto nos ayuda a reconocer que Dios es Señor de todo, aún de nuestra vida (Salmos 24:1.- “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan”). Aprendemos que nuestra posición de seres creados nos hace definitivamente dependientes de nuestro Creador y ayuda a desterrar de nosotros una de las actitudes que impone el pecado en el hombre y que es la independencia de Dios. 

 

  1. En la adversidad nos damos cuenta de que nuestra fe no era tanta como creíamos y nuestro concepto acerca de nosotros mismos es corregido (Romanos 12:3.- Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”). Aprendemos a visualizar la realidad de nuestra espiritualidad. 

 

  1. En la adversidad aprendemos a conocer como Dios trata con sus hijos (Hebreos 12:7.- Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?”). Dios no es un padre descuidado ni que deja a sus hijos abandonados. En su trato quiere que entendamos que lo que sufrimos lleva incluido la marca de su amor (Salmos 91:15.- “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré”).

 

  1. En la adversidad somos debilitados para que su poder se perfeccione en nuestras vidas (2ª Corintios 12:9.- Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.). Pablo le había pedido al Señor que lo librara de su aguijón en la carne, pero el Señor le responde con estas palabras: Bástate mi gracia. Su favor, que no merecemos, es suficiente. Y ese favor, esa gracia, no es cualquier cosa sino que es el favor y la gracia del Dios Todopoderoso. ¿Qué más podemos pedir? Pero esa gracia tiene una virtud: la de operar sobre nuestras debilidades perfeccionando su poder (el tesoro en vasos de barro). Esto es lo que permite en nuestras vidas más de El y menos de nosotros.

 

  1. En la adversidad podemos experimentar el consuelo de Dios para que, de esa forma, nosotros consolemos a otros con ese mismo consuelo (2ª Corintios 1:4.- el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”). Cuando Dios permite que seamos introducidos en la adversidad, no piensa solamente en nosotros, sino en todas aquellas vidas a las cuales podemos llegar con nuestra actitud y testimonio. Esta es una de las formas que Dios tiene de incluirnos en sus propósitos.

 

Existe un viejo proverbio que dice: “Hijo mío, si tratas de servir al Señor, prepárate para la prueba. Fortalece tu voluntad y sé valiente para no acobardarte cuando llegue la adversidad. Aférrate al Señor y no te apartes de El; así, al final tendrás prosperidad. Acepta todo lo que te venga, y sé paciente si la vida te trae sufrimientos. Porque el valor del oro se prueba en el fuego, y el valor de los hombres en el horno del sufrimiento”.

Cabe la pregunta: ¿Para qué sirve lo que estoy padeciendo, o el problema, o la adversidad de este tiempo en mi vida? El versículo 11 de Hebreos 12 nos dice: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados”. El resultado final de nuestro paso por la adversidad será nuestro crecimiento en rectitud y justicia. Debemos tener la actitud correcta hacia Dios de reconocimiento, humildad y adoración sabiendo que su pensamiento hacia nosotros es de paz y no de mal (Jeremías 29:11.- Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”).-