CREYENDO EN MEDIO DE LA AFLICCIÓN

INTRODUCCION: Jesús dijo a sus discípulos que vivir en medio de las aflicciones iba a ser parte de sus vidas pero que confiaran porque El había vencido; y esto por extensión tenemos que considerarlo también para nuestras vidas ya que nos identificamos como discípulos de Cristo. La aflicción es una pena, un dolor, un sinsabor, una angustia, y ninguno de nosotros estamos exentos de estas cosas; Dios hoy quiere hablarnos al corazón, recordarnos que su misericordia dura toda la vida y que su amor es el que nos sustenta y alimenta para permanecer fieles en estas situaciones difíciles que sólo podemos soportar con su ayuda y su asistencia. Hay promesas incontables en la Palabra que nos animan y nos fortalecen para seguir adelante. Hoy vamos a ver un pasaje que nos ayudará a aprender algunas enseñanzas para nuestra vida.

 

TEXTO: Juan 11:17-44

 

DESARROLLO:

 

  1. CUANDO ESTAMOS EN EL DOLOR MUCHAS VECES PENSAMOS QUE DIOS NO HA ABANDONADO (VS.21; 32).- Dice la Palabra que cuando Jesús vino a Betania se encontró que Lázaro hacía ya cuatro días que estaba en el sepulcro. Cuando Marta oyó que Jesús venía salió a encontrarle; y le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí mi hermano no habría muerto, pero sé que todo lo que pidas a Dios El te lo dará”. Jesús le dice: “Tu hermano resucitará”. Y Marta le responde: “, Sí, pero en el día postrero”. A pesar de que Marta declara que todo lo que Jesús pide, el Padre se lo concede, pareciera que ella no recibe la palabra que Jesús le dice para ese momento. Esto nos trae una enseñanza: Muchas veces Dios nos habla y no recibimos lo que El quiere decirnos o lo que El quiere hacer en nuestras vidas; muchas veces decimos: “Amen, Señor, pero para el día postrero, para cuando regreses, para cuando estemos en tu gloria”. Es como si tuviéramos el alimento delante de nosotros pero no lo comemos y preferimos morirnos de hambre. Jesús dijo: “Las palabras que les he hablado son espíritu y son vida”. “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y de su interior correrán ríos de agua viva”. Muchas veces los momentos de dolor hacen tambalear nuestra fe. Por eso es necesario estar preparados y la forma de prepararnos es edificando nuestra fe en las promesas de Dios, en lo que El ha dicho. La promesa de El de que escribiría su ley en nuestra mente y en nuestro corazón es para fortalecernos en el momento de la aflicción. Por eso es que cuando estamos en los momentos difíciles, la Palabra de Dios nace en nuestros corazones recordándonos lo que El nos ha prometido. Nuestra misión es prepararnos alimentándonos de su Palabra. Dice la Biblia que Marta y María le dijeron al Señor: “Si hubieses estado aquí”. Y esto es lo que algunas veces le decimos al Señor: “Señor, si hubieses estado aquí esto no habría ocurrido. ¿Por qué me abandonaste?”. Dice la Palabra que Dios estará con nosotros en la angustia. Cuando estamos en la voluntad de Dios, hay una fuerza que viene a nuestras vidas en medio del dolor y esa fuerza es el poder de su Presencia. Cuando Dios nos dice “Yo estaré”, significa que El se hará presente a través del consuelo y la esperanza de sus palabras, y esas palabras son las que ponen en movimiento nuestra fe. Podemos decir: “Sí Señor, te creo. Puedo sentir tu fortaleza y tu presencia aún en estos momentos”.

 

  1. CRISTO Y EL PADRE VEN NUESTRO DOLOR Y SE CONMUEVEN (VS. 33-35).- Cuenta el relato que cuando Jesús vio llorando a María y a los que la acompañaban, se estremeció en espíritu y se conmovió. Nuestro Dios no es un Dios indiferente frente a lo que le pasa a sus hijos. Aunque El tiene el control de todo, no significa que sea como un robot, sin sentimientos. Ante el dolor de sus hijos Dios se conmueve, Dios se estremece y en su corazón siempre está el deseo de aliviar ese dolor. En el corazón de Dios hay compasión por sus criaturas hasta tal punto que dio a su Único Hijo Amado para mitigar todo el sufrimiento producido por el pecado. En este pasaje podemos ver hasta que punto el Hijo de Dios estaba unido al sentir de su Padre al ver la aflicción de sus criaturas. Jesús hablándole a Felipe, más adelante, le dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. El Hijo se estremece y se conmueve ante el dolor así como el Padre lo hace. El Hijo llora ante el dolor así como el Padre; aunque El tiene todo poder, siente y se pone en la piel de sus criaturas. Bendito amor de Dios.

 

  1. EL DIABLO TAMBIEN APROVECHA NUESTRO DOLOR PARA SEMBRAR LA DUDA (VS. 37).- Dice la Palabra que había algunos de los judíos que preguntaron: “¿No podría haber hecho que Lázaro no muriera?” En esta pregunta podemos ver las palabras del enemigo sembrando en los corazones la duda acerca del Hijo de Dios. De la misma manera, en medio de la aflicción, el diablo nos pregunta: “¿Tu Dios no podría haberte evitado este sufrimiento? ¿No será que no es verdad lo que dice? ¿No será que vas detrás de una ilusión? ¿No será que El no te ama?” La Palabra dice en 2ª Corintios 2:11 que no debemos dejar que Satanás gane ventaja alguna sobre nosotros pues no ignoramos sus maquinaciones. Así como en la aflicción tenemos la oportunidad de demostrarle a Dios que confiamos en El, de la misma manera el diablo busca sembrar la duda en nuestro corazón, quitándonos la fe. En 1ª Pedro 5:9 el apóstol nos insta a resistir al diablo, firmes en la fe. La firmeza en la fe equivale a decir que permanecemos fieles, unidos a El, no importa la circunstancia; equivale a tener incorporadas a nuestras vidas todas las promesas y las palabras de Dios. “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino”.

 

  1. AUN EN EL DOLOR, DEBEMOS QUITAR LA PIEDRA DE NUESTRA INCREDULIDAD (VS. 38-40).- La historia continúa diciendo que Jesús dijo: “Quiten la piedra”. Y aunque Marta le decía que el cuerpo de Lázaro ya echaba olor, Jesús continúa adelante con su obra y le dice: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” La fe es lo que hace que la gloria de Dios se manifieste. La gloria de Dios se puede manifestar aún en medio del dolor y la adversidad, cuando creemos con el corazón y declaramos con nuestra boca sus promesas. El versículo 41 dice que obedecieron y quitaron la piedra. Esto nos trae una enseñanza: Que nosotros también debemos quitar de nuestra vida la piedra de la incredulidad. Así como la piedra tapaba la entrada al sepulcro para que la luz no penetrara, de la misma manera la incredulidad tapa la entrada de la revelación y la luz de Dios a nuestras vidas. La incredulidad es el impedimento para que eso que está muerto en nuestras vidas, vuelva a vivir. Hoy Dios nos dice: “Quiten la piedra de la incredulidad de sus vidas” Hebreos 11:6.

 

 

  1. CUANDO QUITAMOS DE NUESTRA VIDA LA INCREDULIDAD, ENTENDEMOS QUE DIOS NUNCA LLEGA TARDE (VS. 41-44).- En el relato, Jesús termina agradeciendo a su Padre por haberle escuchado y afirmado que en su relación con El, siempre lo oía. Y dice que Jesús clamó a gran voz diciendo: “¡Lázaro, ven fuera!” Y que había muerto, salió. Esto nos enseña que una vez quitada la piedra de nuestra incredulidad, Dios tiene libertad para obrar en y a través de nosotros, y comenzamos a caminar creyendo y experimentando en esta vida que El nunca llega tarde aunque el valle de sombra y de muerte se interponga. Aún en medio de nuestras lágrimas, de nuestros pesares, de nuestras tristezas y dolores, nos levantaremos como viendo al Invisible, nos levantaremos con nuestra esperanza en El renovada, nos levantaremos como Lázaro, saliendo de la tumba.

 

CONCLUSION:  Dios quiere que confiemos en El. Nuestra fe se forja en medio del fuego de la prueba. Dice la Palabra que nuestra fe más preciosa que el oro tiene que ser probada. Así como Dios se glorificó en la vida de Lázaro quiere glorificarse en cada una de nuestras vidas. Romanos 8:35-39.-