EDIFIQUEMOS CON NUESTRAS PALABRAS

INTRODUCCION: En su primera carta, en el capítulo 2:9-10, Pedro nos recuerda que somos pueblo escogido y adquirido, nación santa y sacerdotes del Rey para que anunciemos sus virtudes a este mundo. También dice que en otro tiempo, tiempo pasado, no éramos su pueblo y no habíamos alcanzado misericordia, pero que ahora sí. Esta palabra es muy importante y nos tiene que hacer reflexionar acerca de nuestra manera de vivir en medio de esta sociedad y en medio de la iglesia. Debemos prestar atención a lo que Dios nos dice para no errar el camino y poder cumplir nuestra misión de luz y sal. Y una de las cosas que forman parte del consejo de Dios para su pueblo tiene que ver con la manera como hablamos y como nos comunicamos. Dios quiere que nuestro hablar sea diferente al hablar del mundo. Y la pregunta que cabe hacernos es: ¿por qué a pesar de todo lo que nos dice la palabra de Dios acerca de nuestra forma de hablar seguimos desobedeciendo y acarreando juicio hacia nosotros mismos? La respuesta se encuentra en nuestro engañoso corazón. El Señor dice en Jeremías 17:9-10 “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras”. Jesús decía que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 15:1-20). Según con qué alimentamos nuestro corazón así será lo que salga de nuestra boca. Y es tan importante lo que decimos tanto para edificar como para destruir por eso es que debemos como pueblo de Dios volver a su temor. Hoy quisiera que reflexionemos acerca de lo que nos señala la Palabra de Dios acerca de nuestra forma de hablar.

DESARROLLO:

  1.  LA MENTIRA (Colosenses 3:9).-  Mentir es decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa; fingir, aparentar, falsificar algo, inducir a error y faltar a la verdad. Aquí dice el apóstol Pablo que no debemos mentirnos los unos a los otros y debemos despojarnos del viejo hombre con sus hechos. Indudablemente Pablo apela aquí a la voluntad de los colosenses. Tiene que haber una voluntad y un deseo en nosotros de abandonar todo vestigio e insinuación de mentira. Jesús les decía a sus discípulos que se guardaran de la levadura de los fariseos que es la hipocresía. La hipocresía también es una forma de mentira porque a través de ella estamos fingiendo cualidades o sentimientos que no son los que tenemos. En el evangelio de Juan 9:44 Jesús dice que el diablo es homicida, no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando el diablo habla, lo único que sale de su boca es mentira y habla de él que es mentiroso y el padre de la mentira. Lo que deducimos en este pasaje es que para Dios los mentirosos son hijos del diablo. En Apocalipsis 21:8 leemos acerca del fin de los mentirosos: tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre. Al leer esta palabra lo que debemos hacer es humillarnos delante de Dios y pedir perdón por toda clase de mentira que sale y ha salido de nuestra boca; tenemos que renunciar a ella como verdaderos hijos de Dios, obedecer, llenarnos de la Verdad que es Cristo mismo y hablar la verdad. Cuando esto ocurre somos libres porque Cristo nos hace libres.

 

  1.  LA MURMURACION (Santiago 4:11-12).- Murmurar es conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones; hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo. El apóstol dice aquí a la iglesia que no murmuren los unos de los otros. Dios es el que dice que no practiquemos la murmuración. Como hijos de Dios tenemos que someter nuestra vida cada día a lo que El nos pide. Del mundo traemos muchas mañas y prácticas entre las cuales se encuentra ésta, la de murmurar y que sólo el Espíritu Santo a través de su obra y el poder de la Palabra de Dios pueden quitarnos. Jesús cuando oraba le pedía al Padre: Padre, santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad. Y en otra oportunidad Jesús les dice a sus discípulos: Ustedes ya están limpios por la palabra que os he hablado. Para que la palabra nos limpie, tenemos que someternos a ella. Continúa diciendo aquí el pasaje que el que murmura del hermano o lo juzga, murmura de la ley y la juzga. El juicio va de la mano con la murmuración. En Números 12:1-15 podemos aprender algo acerca de lo que estamos hablando:

 

1.- Dios oye la murmuración (vs. 2)

2.- Aunque murmuren en contra de nosotros, debemos ser mansos (vs. 3)

3.- Debemos tener temor a Dios antes de murmurar contra los siervos de Dios (vs. 8)

4.- La murmuración atrae la ira de Dios (vs. 9)

5.- La murmuración, como todo pecado, trae sus consecuencias (vs. 10)

Algunas consecuencias de la murmuración son:

1.- El rencor y la falta de perdón.- Dios nos pide que no guardemos rencor (Lv. 19:18) y que perdonemos a los hombres sus ofensas (Mateo 6:14). Con nuestras murmuraciones estamos dejando una puerta abierta para que el hermano guarde rencor y falta de perdón.

2.- Enemistades.- La enemistad es obra de la carne dice Gálatas 5:20. Así es que con nuestros comentarios detractores podemos dar lugar a las enemistades que están fuera de la voluntad de Dios.

3.- Divisiones y rupturas.- Tanto en la iglesia como familiares por comentarios y chismes malsanos. (Lv. 19:16).

4.- Pérdida de confianza e incredulidad.- Así como con palabras edificantes sembramos fe, con nuestros comentarios destructivos sembramos incredulidad y pérdida de confianza, tanto en Dios como en su pueblo.

5.- Falta de comunión con Dios.- La murmuración al ser un pecado, siembra en el corazón herido falta de fe y hace tropezar al hermano. Esto hace que se aleje de su comunión con Dios.

Cuando nosotros somos los causantes de estas consecuencias, Dios dice que daremos cuenta de nuestros hechos (Mateo 18:6-7).

 

  1. EL ENOJO (Mateo 5:21-22).-  La ira es una pasión del alma que produce el enojo; es apetito o deseo de venganza; es furia o violencia; es repetición de actos de saña. La saña es una intención rencorosa y cruel. Muchas veces tomamos el enojo como algo liviano, como algo normal, incluso utilizamos el versículo que dice: “no se ponga el sol sobre vuestro enojo”, y decimos: “quiere decir que el enojo me puede durar hasta antes de que anochezca”, pero Jesús dice aquí que cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio y el que le diga Necio (ignorante, porfiado, terco) y Fatuo (tonto, ridículo) quedará expuesto al infierno de fuego. Aquí habla de palabras que son dichas para herir y lastimar sin usar un arma. 1ª Juan 3:15 dice “todo aquel que aborrece a su hermano es homicida”. En el capítulo 4:6, Dios le pregunta a Caín: “¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante?” Y cuando leo este pasaje pienso en todas las veces que el Señor me habrá dicho: “¿por qué te has ensañado contra tu hermano?” “¿por qué está decaído tu semblante?” y no lo he escuchado. Nuestra ira no es como la ira del Señor. Nuestra ira está contaminada por nuestra naturaleza pecaminosa por lo tanto no debemos hacer comparaciones.  Tenemos que pedir perdón a Dios y a los demás por nuestras malas reacciones y rogar al Espíritu Santo que nos haga mansos y humildes como Cristo. Aprendan de mí, dice el Señor.

 

  1.  DEBEMOS USAR NUESTRA BOCA SOLO PARA EDIFICACIÓN (Efesios 4:29).- Edificar tiene que ver con construir, es levantar un edificio, establecer y fundar. Es decir que las palabras que salgan de nuestra boca, dice el apóstol, deben contribuir a levantar el edificio, a establecerlo y fundarlo, y ese edificio es la iglesia de Jesucristo. Cuando caminamos en su temor podemos decir como el salmista: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová, guarda la puerta de mis labios” (Salmo 141:3). Hay un versículo en 1ª Tes. 4:3 que dice “porque la voluntad de Dios es vuestra santificación”. Tenemos que santificar nuestra forma de hablar. Si decimos que somos un pueblo diferente donde Dios mora debemos hablar de una manera diferente. Rom. 15:2. Dice el pasaje que debemos agradar a nuestro prójimo para edificación. Esto implica que debemos interesarnos los unos por los otros. “¿Soy acaso yo guarda de mi hermano?” Génesis 4:9. En 2ª Corintios 12:19 leemos que Pablo le dice a los corintios que “hablamos delante de Dios en Cristo para vuestra edificación”. Pablo tenía conciencia que todo lo que hablaba, lo decía delante de Dios y en su sentir estaba el de hacerlos para edificación de los hermanos. Este debe ser el espíritu que debe impregnaros: Hablar para edificación y no para destrucción sabiendo que vivimos delante de Dios.

Algunas recomendaciones que nos ayudaran a mantener nuestra boca en santidad:

 

        Reconocer con humildad los pecados que cometemos con nuestra boca, arrepentirnos y apartarnos de ellos.

Ver a las otras personas con ojos de misericordia como Dios las ve y saber que si El nos aceptó a nosotros, quienes somos nosotros para no aceptar a los demás.

        Huir de los lugares donde se este denigrando a una persona para no formar parte ni directa ni indirectamente de esa murmuración.

        Saber que el sometimiento a Dios atrae su bendición.

        Pensar conforme a la Palabra de Dios antes de hablar.

                      Mantener una vida de comunión con Dios permanente como dice la Palabra orando sin cesar.

CONCLUSION: Dios quiere que andemos en luz, en la claridad del día, en la transparencia de vidas transformadas por el Espíritu Santo, que tengamos comunión unos con otros así la sangre de Jesucristo hará su obra de limpieza. Hoy hagamos un pacto con Dios diciéndole que vamos a hablar bien y que nos arrepentimos de toda palabra ociosa y que de ahora en más vamos a caminar a la luz de su Palabra, y si tengo que decirle algo al hermano, se lo voy a decir en la luz y practicando el amor de Dios que ha sido derramado en mi vida.