AMÁNDOLE CON NUESTRA OBEDIENCIA

INTRODUCCION: Se cuenta la historia de una niña que estaba sentada en la puerta de su casa con su perrito atado a una correa que ella tenía. Su madre se acercó y le dijo: No sueltes a Pompón, porque se puede escapar, y por esta calle hay mucho tránsito. La niña le dijo: Pero mami, lo voy a soltar dentro del jardín, aquí no hay peligro. La madre volvió a la recomendación anterior, pero la niña no hizo caso. Fue así, que mientras el perrito estaba suelto en el jardín, logró salir por uno de los espacios existentes entre las rejas y, corriendo hacia la calle, fue atropellado por un automóvil, y murió. Dios nos ha dado consejos y mandamientos en su Palabra que son para nuestro bien y debemos entender que salirnos fuera de los límites establecidos por El y no prestar atención a esos consejos puede acarrearnos muchos sufrimientos. Así aprendemos que como a nosotros, los padres, nos deleita cuando nuestros hijos son obedientes, a Dios también. En el diccionario, la palabra obedecer tiene el siguiente significado: “cumplir la voluntad de quien manda”. Los términos traducidos por obediencia tanto en el AT como en el NT denotan la acción de escuchar o prestar atención. Otros términos tienen que ver con “someterse a la autoridad”. Aunque obediencia se utiliza también en sentido secular, el significado central deriva de la relación con Dios. El da a conocer su voluntad mediante su voz o su palabra escrita, y frente a ella no hay neutralidad posible: prestar atención humilde, es obedecer, y desatenderla es desobedecer. La obediencia a Dios es una entrega total a su voluntad, y por consiguiente, obediencia y fe están íntimamente relacionadas. En uno de sus últimos mensajes a sus discípulos, Jesús recuerda el significado de la obediencia.

 

TEXTO: Juan 14:15-27.-

 

DESARROLLO:

 

  1. EL PODER DEL ESPIRITU SANTO ES LO QUE NOS HACE OBEDIENTES (VS. 15-18, 26).- Jesús comienza diciendo a sus discípulos: Si ustedes dicen que me aman, deben guardar mis mandamientos. Guardar tiene que ver con recordarlos, tenerlos en cuenta a cada momento. Cuando aparecen situaciones que comprometen nuestra fidelidad a Dios, los mandamientos deben estar presentes en nuestra mente y corazón. “Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2da. Cor. 10:5). Luego Jesús promete a sus discípulos que intercedería ante el Padre para que les de otro Consolador. Esta palabra “otro”, resalta porque sería de la misma calidad de Cristo Jesús. Así como El era Dios, el Consolador que vendría también sería Dios Espíritu Santo. Y la promesa era que estaría con ellos para siempre. Cristo sabe que nosotros, sus discípulos necesitamos el Espíritu Santo para que la obediencia sea una realidad en nuestras vidas. Cristo sabe también que por nuestro esfuerzo, independiente de Dios, no podemos hacer nada (“separados de mí nada podéis hacer”). Jesús continúa diciendo que el mundo no puede recibir el Espíritu Santo, porque no le ve ni le conoce, pero sus discípulos si, porque mora en ellos. Cuando Jesús se refiere al mundo, se está refiriendo a aquellos que viven según los designios y parámetros del mundo, según el espíritu de este mundo.  Esto nos trae la siguiente reflexión: ¿Vemos y conocemos sobre nuestras vidas y las vidas de los que nos rodean la obra del Espíritu Santo? ¿Se manifiesta el fruto que sólo el Espíritu Santo puede dar a una vida? El mundo no ve ni conoce la obra del Espíritu Santo y si nosotros vivimos conforme a ese espíritu que opera en los hijos de desobediencia, no estamos percibiendo la dirección ni la guía del Espíritu Santo. Luego Jesús tranquiliza a sus discípulos con estas palabras: “No los dejaré huérfanos, vendré a ustedes”. Los discípulos estaban por sufrir la separación de su Maestro. Ellos captaban en las palabras de Jesús, su despedida. Pero Cristo se compromete con estas palabras: No los dejaré huérfanos. Estas palabras son para nosotros. Si miramos para atrás nos daremos cuenta, que el Señor nunca nos ha abandonado por más dura que haya sido la prueba. Y esas palabras seguirán sonando en nuestro espíritu hasta el último aliento de nuestra vida.

 

  1. EN LA UNION CON CRISTO HAY VIDA (VS. 19-20).- Ya falta poco para que Jesús termine su obra y hace ver a sus discípulos que ellos serán partícipes de la vida eterna que hay en El. (“Porque yo vivo, ustedes también vivirán”), y de la unión con el Padre. En Colosenses 1:26-27, habla del misterio que había estado oculto desde la antigüedad, que es Cristo en nosotros, la esperanza de gloria. Realmente es un misterio que el Dios eterno venga a morar a través de su Espíritu en hombres y mujeres débiles como nosotros. Y esta unión con Cristo es lo que produce vida en nosotros. Y esta vida es para que sea transmitida a otros. Juan 7:38. Ríos de agua viva, de agua de vida. Hay un deseo supremo de Dios que es el estar unidos a nosotros. En Santiago dice que el Espíritu de Dios nos anhela celosamente. 1ª Cor. 6:17. “El que se une al Señor un espíritu es con El”.

 

  1. EL QUE AMA A DIOS LO DEMUESTRA EN LA OBEDIENCIA A SUS MANDAMIENTOS (VS. 21).- La obediencia es una actitud del corazón. Una persona puede aparecer obediente por fuera, pero en su interior tener odio hacia todo lo que sea obedecer. Muchas veces hemos pensado que la obediencia es algo así como nuestra parte en la salvación. Hemos pensado que la salvación tiene dos partes: la parte de Dios y nuestra parte. El hecho es que toda la salvación es parte de Dios, no sólo me perdona mis pecados, sino que también me da una actitud de obedecer a cualquier cosa que El quiera. Todo el plan de salvación tiene como primer propósito crear en nosotros un corazón nuevo, que ama obedecer. Mateo 7:21-23. Estas personas no hacían lo que Dios les estaba pidiendo. La obediencia no consiste en hacer lo que a nosotros nos parece bueno o efectivo, sino en hacer lo que Dios nos está pidiendo. (Saúl).

Cuando hablamos de ser fieles a Dios, hablamos de ser obedientes a lo que Dios requiere. La obediencia tiene que ser vista desde el punto de vista de Dios. El dice que aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es pecado (Santiago 4:17). El cristiano obediente siempre es sensible a sus fracasos y errores y con la oración y la implantación de la Palabra por el Espíritu Santo, sigue adelante. La obediencia que viene del miedo, es falsa y superficial, pero la que es por amor a El, es verdadera y agradable delante de Dios. Obedecemos porque amamos a Dios.

 

  1. CRISTO SE MANIFIESTA SOLO AL QUE AMA Y OBEDECE SU PALABRA (VS. 22-23).- El resultado de la obediencia será el derramamiento del amor de Dios sobre nuestros corazones, es que Dios mismo nos amará y vendrá a morar en nosotros. Hacer morada tiene que ver con algo permanente. Lo mejor que puede pasarle a una persona, es que Dios haga morada. En el antiguo Tabernáculo, dice que cuando Dios descendía lo hacía visiblemente a través de una nube. Asimismo cuando nos deleitemos en la obediencia, Dios descenderá sobre nuestras vidas con su nube de poder para que su Nombre sea glorificado. Juan 15:8. Mucho fruto (manifestaciones de vidas transformadas y cambiadas).

 

  1. LA VERDADERA PAZ, LA QUE CRISTO NOS DEJA, SE ENCUENTRA EN LA OBEDIENCIA (VS. 27).- Jesús habla de su paz y dice: Mi paz no es como la del mundo. La paz a la cual se refiere Jesús, es una paz superior, porque cuando obedecemos tenemos paz con Dios, paz con los demás y paz con nosotros mismos. La paz con Dios es fruto de la vida de obediencia. Filipenses 4:8-9.-

 

CONCLUSION: Dios nos dice en este día: quiero hijos obedientes, pero obedientes por amor. Hoy hagamos un pacto de obediencia a El y abramos nuestro corazón. 1ª Pedro 1:14-15.-