AMOR ANTES QUE LEGALISMO

INTRODUCCIÓN: La declaración que San Juan repite dos veces, "Dios es amor" (1ª Juan 4:8,16), es una de las expresiones más formidables de la Biblia. Felices los que pueden decir, como dice Juan en las palabras que preceden al segundo "Dios es amor", "nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros" (v.16). Conocer el amor de Dios equivale realmente a tener el cielo en la tierra. Parte del ministerio regular del Espíritu Santo para con los que reciben a Cristo consiste en impartirles dicho conocimiento. Muchas veces mostramos más interés en los dones de curación y de lenguas, que en la obra corriente del Espíritu de impartir paz, gozo, esperanza y amor mediante el derramamiento en nuestro corazón del conocimiento del amor de Dios. (Romanos 5:5). El verbo "derramado" sugiere un fluir libre y una gran cantidad, es decir, una inundación. Hay una traducción que dice "El amor de Dios ha inundado lo más profundo de nuestro corazón". El avivamiento consiste en que Dios restaure en el seno de una iglesia moribunda, de un modo fuera de lo común, las normas de vida y experiencia cristianas que para el Nuevo Testamento son enteramente comunes, y la actitud adecuada del que desea el avivamiento se ha de expresar en un ferviente anhelo de que el Espíritu derrame el amor de Dios en nuestro corazón con más poder. Al contemplar el amor de Dios nos introducimos en su corazón, estamos pisando tierra santa y por ello necesitamos la gracia de la reverencia para no pecar. Vamos a ver un pasaje que nos hará ver lo profundo e infinito de su amor.

 

TEXTO: Juan 8:1-11

 

DESARROLLO:

 

  1. EL LEGALISMO RELIGIOSO HACE QUE NOS OLVIDEMOS DEL AMOR DE DIOS.- (v.3-5). Dice la palabra que los escribas y fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio. Imaginemos por un momento la situación de esta mujer. La ley de Moisés decía  en Levítico 20:10 que cuando dos personas eran sorprendidas en el acto de adulterio, las dos debían morir, es decir, el hombre y la mujer. Ahora, yo me pregunto ¿dónde estaba el hombre que había participado de este hecho? La historia y las costumbres de la época nos muestran a una sociedad machista, considerando a las mujeres como inferiores al hombre, por lo que no sorprendería pensar en la absolución del hombre. Pero volvamos a la mujer. Ella estaba enfrentando toda la vergüenza y el desprecio de la gente, como seguramente también la acusación de su conciencia por el pecado cometido. Toda una situación difícil de sobrellevar para cualquier persona. Pero veamos un poco la actitud de los escribas y fariseos. Ellos citan la ley de Moisés afirmando que había que apedrear a tales mujeres. Estos hombres conocían a la perfección cada letra de la ley. Sabían todo lo concerniente al rito de la ley, pero Jesús en Lucas 11:39-52, declara lo que realmente había en sus corazones. Es decir que ellos cuidaban la apariencia y lo externo, pero lo interior de su ser estaba contaminado. 2ªCor. 3:6. Estos hombres le daban más importancia a la letra que al espíritu. No daban lugar al amor de Dios en sus vidas ni a la posibilidad del arrepentimiento de las personas, así como Dios hace con cada ser humano. La frialdad de la ley estaba escrita en sus corazones. Esto nos trae una enseñanza: QUE EL LEGALISMO RELIGIOSO NO DA LUGAR AL AMOR DE DIOS.

 

  1. LA PALABRA DE DIOS NOS REVELA EL PECADO DE NUESTROS CORAZONES (VS. 7).- Dice la Biblia que los fariseos y los escribas querían sorprender a Jesús en alguna palabra para poder acusarle y prenderle. Pero Jesús hizo que le insistieran. Entonces El se levanta y hace esta tremenda declaración: EL QUE DE VOSOTROS ESTE SIN PECADO SEA EL PRIMERO EN ARROJAR LA PIEDRA CONTRA ELLA. En esta palabra vemos el llamado de Cristo a que reaccionemos ante la realidad de nuestro pecado. Estos religiosos estaban dispuestos a juzgar y levantar su mano contra esta mujer, sin ver el tremendo pecado que había dentro de ellos. En Lucas 6:37-42, Cristo dice que no juzguemos ni condenemos a los demás, para no ser nosotros juzgados ni condenados. Lucas 9:51-56. Vemos que la actitud de los discípulos en esta oportunidad molestó al Señor y El les dice: "Ustedes no saben de qué espíritu son". Hay un espíritu que se mueve detrás de cada palabra de juicio que emitimos. Ese espíritu toma posesión de nosotros a tal punto de olvidarnos de lo que es la voluntad de Dios: Amar a nuestro prójimo.  Al leer este pasaje nos damos cuenta que muchas veces falta en nosotros la misericordia y el amor perdonador. Somos insensibles y sin piedad contra aquellos que cometen algún pecado, y más si lo hacen contra nosotros. Nos damos cuenta que nuestro corazón muchas veces es duro como la piedra.

 

                                                   

  1. LA PALABRA DE DIOS APELA A NUESTRAS CONCIENCIAS (VS. 9).- El pasaje dice que al oír esto, las personas se iban yendo uno a uno, aparentemente soltando sus piedras. Esto nos enseña que la palabra de Dios actúa sobre nuestras conciencias, haciéndonos ver nuestra desnudez delante de Dios, dado que no podemos ocultarle nada. Debemos aprender a soltar las piedras que tenemos en nuestras manos. Es decir, tomar conciencia que no somos mejores que los demás y que si tenemos un lugar en la casa de Dios es por pura misericordia de El. En Marcos 10:45, Jesús dijo: "El Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos". No dijo el Hijo de Dios vino a servir a los hombres, sino "el Hijo del Hombre". Aquí vemos la actitud del Señor hacia el hombre. La frase "el Hijo del Hombre vino" implica en primer lugar que el Señor tenía gran interés por el ser humano, estaba tan interesado que El mismo se hizo hombre. El valoró tanto al hombre para poder en mayor medida servir a los hombre. Cristo estaba interesado en toda la humanidad y no sólo en una minoría selecta. El interés por la humanidad es un  requerimiento básico para cada cristiano. No debemos limitar nuestro interés solamente a los hijos de Dios, sino que debemos amar a todos. El amor de Dios es incluyente a todos. 

 

  1. LA AMPLITUD DEL AMOR DE DIOS  SUPLE NUESTRA INCAPACIDAD PARA SALVARNOS (VS. 10-11).- La Biblia dice que Jesús, observando que no había nadie, le pregunta a la mujer dónde estaban los que le acusaban y si ninguno la había condenado. Luego lanza esta declaración: "Ni yo te condeno". Esto condice con la Palabra de Dios en otros pasajes: Juan 3:17; 1ª Timoteo 2:4; Jonás 4:1-11. Dios le dice a Jonás: "¿No tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay mas de ciento veinte mil personas que no saben lo que hacen?" Dios es más misericordioso de lo que nos imaginamos. Tener una pobre visión del amor de Dios no hace a nosotros insensibles y no podemos adorarle a El en verdad, porque no tenemos la imagen correcta de nuestro Padre. Cristo dice: "Sean misericordiosos como vuestro Padre lo es". La palabras de Jesús también hoy son para nosotros: "Ni yo te condeno". Muchos pueden levantar su dedo acusador contra nosotros, aún el mismo enemigo de nuestras almas, pero si nos arrepentimos, Dios no nos condena. Una de las causas por las cuales no podemos avanzar en la vida cristiana, muchas veces, es que damos lugar a las acusaciones y vivimos derrotados. Nos sentimos sucios y lejos de Dios. Pero la Biblia dice en Hebreos 10:19-25 y en Santiago 4:8 que nos acerquemos a Dios. Dios es amplio en su amor, y quiere que nosotros seamos iguales. Isaías 60:1-5. "Se ensanchará tu corazón". Es decir que en nuestro corazón  habrá lugar para que muchos reciban del amor de Dios. Hoy día sentimos que hemos alcanzado grandes alturas si hemos comenzado a amar a los hijos de Dios. Pero ¿es esto suficiente? No. Necesitamos ensancharnos, necesitamos que nuestro amor abarque a toda la humanidad, debemos comprender que cada ser humano es precioso para Dios. Necesitamos un bautismo de amor permanente en nuestros corazones.

 

CONCLUSIÓN: Necesitamos ser impregnados por el amor de Dios, necesitamos un bautismo de amor. El amor de Dios nunca se acabará (1ª Corintios 13:8). (Historia de la madre y el hijo). Se cuenta en cierta oportunidad que un hijo decidió abandonar a su madre con sus hermanos, para hacer su vida. Luego de haber pasado algunos años, decidió escribirle una carta. En ella le decía: "Mamá, se que te he causado un gran dolor, y que, probablemente, cuando leas esta carta, decidas tirarla. Pero quiere pedirte una oportunidad". El tren pasaba detrás de la casa de la madre. Entonces le escribió: "El día sábado 10 de este mes voy a pasar en el tren por detrás de la casa. Si quieres que regrese, te ruego que cuelgues en la soga una sábana blanca, entonces sabré que quieres que vuelva. Si no, pasaré de largo y nunca más te molestaré." Cuando llegó el día, el muchacho estaba ansioso pensando que a lo mejor sería la última vez que pasara al frente de su casa. Así fue todo el viaje, pensando y evaluando lo que pasaría. Cuando se iba acercando decidió asomarse por la ventanilla, y cual fue su sorpresa al ver sábanas blancas en la soga, sábanas blancas en los techos, sábanas blancas en las ventanas, sábanas blancas en las manos de sus hermanos, sábanas blancas en la verja, sábanas blancas en los árboles, sábanas blancas en las manos de su madre. Dios es así con cada uno de nosotros. Nos anhela celosamente dice el libro de Santiago. Hoy es el día para encontrarnos una vez más con su amor.