EL CORAZÓN DEL PADRE

INTRODUCCION: Dios siempre quiso, quiere y querrá revelarse al hombre, darse a conocer porque para Él, nosotros, los seres humanos, somos su obra máxima. Tan es así que leemos en Génesis que nos creo a su imagen y semejanza. Pero una de las características que vemos en nuestro Creador es que desde siempre Él quiso tener una familia, un pueblo, donde fuera el Padre de ellos. Así es que vemos que cuando Cristo viene a este mundo una de las mayores revelaciones que nos trae es la de Dios como Padre y principalmente vemos esto en el evangelio de Juan. Por ejemplo en Juan 8:54, Jesús les dice a los judíos aquí que el Dios de ellos es su Padre. Muchos de nosotros tenemos una imagen negativa de nuestro padre terrenal; algunos ni lo hemos conocido, ni sabemos quién es; pero lo hermoso de la obra de Dios es que en su persona Él nos muestra lo que es un verdadero Padre, y cuando logramos captar y percibir este aspecto de la persona de Dios, somos sanados en nuestro corazón porque en Dios el Padre,  apreciamos lo que es un verdadero padre.  En Salmos 103:13 leemos: “Como el padre se compadece de sus hijos, se compadece Jehová de los que le temen”. Dios tiene compasión de sus hijos y es porque tiene corazón de padre. Hoy quisiera que meditáramos acerca del corazón del Padre.

 

TEXTO: Juan 3:16; Oseas 11:8; Juan 14:26; Colosenses 2:13; Filipenses 4:7; Salmos 91:1,4; Hebreos 12:5-7.-

 

DESARROLLO:

 

EL CORAZON DEL PADRE AMA Y LO DEMUESTRA DÁNDONOS VIDA ETERNA (Juan 3:16).- La Palabra de Dios nos muestra que el corazón del Padre ama, y entregó a su Hijo único para que todo aquel que cree en Él no se pierda más tenga vida eterna. Dios nos ama y lo demuestra permitiéndonos disfrutar de la vida eterna. La vida eterna, dice Juan 17, es que cada uno de nosotros le conozcamos y a Jesucristo a quien Él ha enviado. 1ª Juan 5:11-12. Dice aquí que Dios nos ha dado vida eterna y que esa vida está en su Hijo. Y el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Un predicador dijo que cuando estemos delante del Padre, Él nos va a tomar el pulso; si tenemos pulso, es porque tenemos al Hijo de Dios y también la vida eterna. Vida eterna significa vida perpetua, para siempre. Y esta vida es la que Dios ha decidido darnos; es una vida de alta calidad, una vida que no se compara a la de esta tierra. La vida eterna es una vida que satisface nuestro corazón porque nos da una esperanza. Vivir sin esperanza es lo peor que puede ocurrirnos. Pero Dios es proveedor de vida y vida de la más alta calidad: la vida eterna. El apóstol Pablo en Colosenses 3:1-4, nos anima a buscar esta vida en las cosas de arriba, en las cosas que provienen de Dios. Esa vida está escondida con Cristo en Dios. Eso significa que nadie puede quitarnos la bendición. La vida eterna se encuentra en el lugar más seguro: donde está Cristo sentado: a la diestra de Dios. Busquemos pues la vida eterna disfrutando de esa manera el amor que sale del corazón del Padre.  

 

EL CORAZON DEL PADRE NO NOS ABANDONA Y LO DEMUESTRA A TRAVÉS DE SU COMPASION (Oseas 11:8).- Dios le dice aquí a su pueblo con una pregunta retórica: “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín?” Efraín fue el hijo menor de José que nació en Egipto. Su padre José le dio más preferencia que a su hermano Manasés. De esto dos hermanos se formaron también tribus. Y Dios aquí le habla a la tribu de Efraín, a sus descendientes y les dice estas palabras. Hoy estas palabras llegan a cada una de nuestras vidas. El Señor dice: “No puedo abandonarte, porque soy tu Padre; y un padre que ama, nunca abandona a sus hijos”. Luego dice: “Mi corazón se conmueve dentro de mí; se inflama toda mi compasión”. El corazón de Dios no es duro como el nuestro. El corazón de Dios se conmueve, y mucho más cuando nos ve rebeldes y desobedientes, porque sabe que nos estamos haciendo mal. En el original esta expresión “se inflama toda mi compasión” también se traduce como “estoy profundamente afectado por el amor que te tengo”. Cuando Dios nos adopta como sus hijos, por su naturaleza amorosa no puede abandonarnos. Él se acuerda de que somos polvo y que lo necesitamos. Por lo tanto como hijos de Dios siempre debemos recordad que Él nunca nos abandona y que siempre su compasión llega a nuestras vidas para restaurarnos.

 

EL CORAZON DEL PADRE GUIA Y ENSEÑA Y LO DEMUESTRA A TRAVÉS DE LA OBRA DE SU ESPÍRITU SANTO (Juan 14:26).- Jesús dice aquí que el Espíritu Santo nos enseñaría y nos guiaría a toda la verdad de Dios. Es que en su corazón, el Padre quiere enseñarnos y guiarnos. En Salmos 32:8 leemos: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Y Dios puede hacernos entender y enseñarnos muchas cosas aún mediante situaciones que no nos gustan y que nos desagradan. Tenemos que estar convencidos de que Dios quiere guiarnos, que Él está presto a tendernos la mano. En Salmos 23:3 leemos “confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. En este pasaje la palabra “confortará” se traduce como que el Señor nos apartará para calmar, convertir, levantar, recuperar, restaurar nuestra alma. La expresión “me guiará por sendas de justicia” nos muestra que Él preparará un camino, una senda, una vereda para que andemos por ella. Esto nos da la pauta de que Dios es un Padre que asume su responsabilidad, y como padre guiará, enseñará y confortará a su hijos. Por eso la provisión del Espíritu Santo. En Juan 16:7-11 Jesús habla acerca de la obra que el Espíritu Santo hace y dice: “convencerá al mundo de pecado”. En el original dice que “pondrá al descubierto el pecado del mundo”. Es por el Espíritu Santo que nos damos cuenta de la realidad del pecado. No hay ningún hombre que pueda convencer a otro de que es pecador. La obra la hace el Espíritu Santo; Él da convicción de pecado, de que realmente soy un pecador porque no creo en Jesús. También el Espíritu Santo convence de justicia; en el original dice “rectitud”, y esa rectitud es la de Cristo, porque Él cumplió la voluntad del Padre sin quebrantarla en ningún momento, y al ascender al Padre, demuestra que por la resurrección Él es el Redentor y el Salvador enviado para que el mundo tenga la oportunidad de ser salvo. A su vez la rectitud de Cristo nos muestra que este tiene que ser el camino de todo aquel que cree en Él. Esto es parte también de la obra del Espíritu Santo.  Y por último el Espíritu Santo convence de juicio. Y esto es así porque el diablo, el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado por Dios, y esto nos revela que el juicio de Dios es una realidad para toda la humanidad. Un día todos vamos a estar delante del Trono de Dios dando cuenta de nuestras obras. En todo esto vemos el corazón del Padre queriendo encaminarnos para que no nos perdamos y seamos verdaderos hijos suyos.

 

EL CORAZON DEL PADRE NOS PERDONA Y LO DEMUESTRA DÁNDONOS SU PAZ (Col. 2:13)(Filipenses 4:7).- Pablo dice en Colosenses 2:13 que cuando estábamos muertos y no formábamos parte del pueblo de Dios, nos dio vida juntamente con Cristo, perdonándonos nuestros pecados. El corazón del Padre es un corazón perdonador. En el original de este versículo dice que Dios nos perdonó bondadosamente y que nos rescató. El perdón de Dios se origina en su misericordia. El perdón de Dios es el acto de bondad más grande por el cual Él nos absuelve de nuestros pecados y nos devuelve su amistad. El perdón de Dios nos libera y nos sana de las heridas del pecado cuando nos arrepentimos. La señal de su perdón sobre nuestras vidas se manifiesta en la paz. Filipenses 4:7 dice que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. Cuando disfrutamos del perdón del Padre vivimos en paz; por eso tenemos que mantener con Dios nuestra comunión. El corazón del Padre está siempre listo a perdonarnos y a darnos su paz.

 

EL CORAZÓN DEL PADRE DISCIPLINA Y LO DEMUESTRA A TRAVÉS DE LAS PRUEBAS (Hebreos 12:5-7).- El verdadero Padre amoroso es aquel que disciplina a sus hijos; que los encamina y los corrige. La disciplina tiene el objetivo de corregir a los hijos. Y como Dios es el Padre Perfecto, tiene que disciplinarnos, tiene que corregirnos y tiene que sacarnos todas las mañas que están fuera de su voluntad. El pasaje de Hebreos dice que el Señor al que ama disciplina, y en el original el verbo está en presente y dice: “al que está amando disciplina”. Nos ocurren muchas cosas en la vida; cosas que no entendemos, pero es allí donde tenemos que ejercitar nuestra fe, es allí donde tenemos que seguir confiando en el Señor. A lo mejor el Padre nos quiere disciplinar y corregir. Lo importante es no tomar una actitud hacia Él de rebeldía ni de dureza de corazón. Aceptemos y no nos cansemos de su corrección porque Él está formando nuestro carácter de hijos. El corazón del Padre también disciplina.   

 

EL CORAZÓN DEL PADRE NOS PROTEGE Y LO DEMUESTRA HACIÉNDONOS HABITAR JUNTO A ÉL (Salmos 91:1; 4).- El Salmo 91 nos habla acerca de morar bajo la sombra del Omnipotente y en el vs.1 leemos: “el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Cuando descubrimos que Dios es Padre, descubrimos también que el está a nuestro lado para protegernos. En el Padrenuestro, cuando Jesús enseña a orar a sus discípulos, les dice: “mas líbranos del maligno”. El diablo quiere destruir la obra de Dios que somos nosotros y mucho más si hemos decidido seguir a Cristo. Por supuesto que si estamos bajo la cobertura y bajo el señorío del Señor el diablo sólo puede tocarnos si Dios se lo permite. Así lo leemos en el libro de Job cuando pide el permiso para probar a Job. Pero quiero destacar aquí que el corazón que el Padre tiene es un corazón que se dispone a proteger a sus hijos. No debemos temer sino confiar en su protección siempre y cuando seamos hijos que queremos obedecerle y estar bajo su autoridad. El vs. 4 del salmo 91 dice “debajo de sus alas estarás seguro”. La seguridad de nuestra vida sólo está en Él. Dios nos demuestra su protección haciéndonos morar bajo su sombra. Su sombra es su cobertura y su cobertura sólo es efectiva cuando nosotros queremos estar bajo su autoridad. Si nos salimos de su cobertura, nos encontraremos desprotegidos y seremos un blanco fácil para el enemigo. Hablando de la restauración de Jerusalén, Dios dice en Isaías 49:16: “He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida, delante de mí están siempre tus muros”. En este pasaje vemos como Dios tiene siempre presente a sus hijos; su corazón late de amor por ellos y quiere protegerlos. Gracias por tu protección, Señor.

 

CONCLUSION: Ante tantos malos ejemplos de padres la figura del Padre Perfecto que es nuestro Dios se levanta hoy para amarnos, para saber que junto a Él no somos abandonados ni huérfanos, para enseñarnos y guiarnos, para perdonarnos, para disciplinarnos y para protegernos. No nos salgamos de la cobertura del Padre porque su corazón late cada día por nosotros, sus hijos.