PENSANDO EN SU VENIDA

INTRODUCCIÓN: Muchas veces vivimos sobre esta tierra sin tomar conciencia de que un día todo lo que hay a nuestro alrededor se va a terminar. Hay un día señalado por el Padre Dios en que su Hijo Jesucristo volverá a esta tierra y dice la Biblia que este cielo y esta tierra que percibimos un día desaparecerá. En muchos pasajes se nos exhorta a prepararnos para ese día y a estar despiertos y esperándolo como cristianos y discípulos del Señor. Es bueno recordar todas estas cosas porque las preocupaciones, el apego a esta vida y también nuestros afectos y relaciones nos hacen olvidar esa promesa del Señor; también enseñar estas cosas a nuestros hijos y seres queridos; y aunque esa promesa se tarde en cumplir, tenemos que seguir viviendo haciendo nuestras cosas pero también con nuestros ojos mirando al cielo y expectantes de su regreso. A través de las décadas la iglesia ha permanecido esperando ese día; pero creo que hoy estamos más cerca. En este día quisiera que meditemos acerca de un pasaje que nos recuerda estas cosas.

TEXTO: 1ra. Tesalonicenses 5:1-11

DESARROLLO:

1.- EL DÍA DEL SEÑOR VENDRÁ INESPERADAMENTE (vs. 2).- El apóstol Pablo les dice a los hermanos que ellos saben perfectamente que el día del Señor vendrá así como un ladrón en la noche. Él aparecerá cuando menos la gente lo espere, como cuando un ladrón se aparece en nuestras casas y no avisa. Esta figura que usa Pablo es para hacer despertar a los hermanos y que comiencen a mirar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado; que comiencen a darle importancia a lo espiritual en sus vidas y que no se afanen con las cosas de este mundo. Y hoy por el Espíritu Santo el Señor nos advierte para que no nos aferremos tanto a las cosas de esta vida como si fuésemos a permanecer para siempre, sino que busquemos al Señor y preparemos nuestro corazón para ir a su encuentro; que le honremos con nuestra obediencia y dejemos de darle la espalda y de desobedecerle; que escuchemos su Palabra que nos habla diciéndonos que no desea que nos perdamos, sino que nos arrepintamos. El día del Señor vendrá inesperadamente.

2.- PARA NOSOTROS ESE DÍA NO DEBE SORPRENDERNOS PORQUE NO ESTAMOS EN TINIEBLAS (vs. 4).- Dice Pablo que los hermanos no están en tinieblas, por lo tanto ese día no debe sorprenderles. Estar en tinieblas es estar en oscuridad. Cuando hay oscuridad no vemos nada. El que está en tinieblas no sabe lo que está ocurriendo por eso es sorprendido. Pero la Palabra nos dice aquí que nosotros no estamos en tinieblas, por lo tanto ese día no debe sorprendernos en pecado ni en iniquidad, porque estamos preparados mediante la fe y la obediencia al Señor. Pero la realidad será que muchos serán sorprendidos en ese día y serán aquellos que andarán en tinieblas, ajenos de la vida de Dios y apartado de sus caminos.

3.- NOSOTROS SOMOS HIJOS DE LUZ (vs. 5).- En este versículo el apóstol le dice a los hermanos que ellos son hijos de luz. La luz hace huir a las tinieblas. Dios es luz y en Él no hay tinieblas dice en 1ra. de Juan. Ser hijos de luz es ser hijos de Dios. Hay luz en nosotros cuando tenemos a Cristo en el corazón porque Él es primeramente la luz del mundo y luego nosotros somos luz que alumbramos con su luz. El Señor espera que cumplamos nuestra función de alumbrar a través de conductas y actitudes que muestren que somos discípulos de Cristo. Muchas veces no nos sentimos bien ni con el ánimo de ser luz. Pero también esto que dice Pablo es una palabra de fe porque Dios nos ve como sus hijos de luz aunque todavía no estemos cumpliendo en un cien por ciento nuestra función de alumbrar. Creamos que es Dios por la obra de su Espíritu Santo y por su bendita Palabra en nuestros corazones el que puede transformarnos en verdaderos hijos de luz. Por lo tanto no desmayemos. Sigamos adelante que Él terminará su obra en nosotros.

4.- DIOS NOS DICE QUE NO DURMAMOS SINO QUE SEAMOS SOBRIOS (vs. 6).- Pablo se incluye y dice que no debemos dormir como los demás. Dormir es estar en un estado de reposo en el que se suspende toda actividad consciente y todo movimiento voluntario. Cuando dormimos no podemos percibir nada, y cuando dormimos en lo espiritual, no podemos percibir las cosas de Dios; estamos alejados de Él y no podemos escuchar su palabra. Dios no quiere que estemos dormidos en nuestro espíritu cuando Cristo regrese. Roguemos para que el Espíritu Santo de Dios despierte nuestro espíritu y podamos estar atentos y en obediencia. Dice Pablo que seamos sobrios. Ser sobrios significa lo contrario a estar intoxicados o ebrios. Ser sobrios en lo espiritual también significa no tener distracciones en la vida cristiana. Mantengamos la sobriedad hasta fin, hasta que el Señor vuelva.

5.- TENEMOS QUE VESTIRNOS CON LA ARMADURA DEL SEÑOR (vs. 8).- Pablo dice aquí, aparte de que seamos sobrios, que nos vistamos con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Esta figura se encuentra en parte en Efesios 6 cuando habla de la armadura de Dios. Pero aquí habla de vestirnos con la coraza de fe y de amor; es decir nuestro pecho, la zona de nuestro corazón cubierto con la fe y el amor. Sin fe es imposible agradar a Dios y sin amor soy como un metal que resuena y un címbalo que hace ruido. Al amor lo demostramos a través de nuestras actitudes y conductas de misericordia por los demás, así como Dios tiene misericordia de nosotros. El apóstol Juan en su carta dice que si vemos a nuestro hermano padecer necesidad y no hacemos nada, ¿cómo mora el amor de Dios en nosotros? Debemos poner en práctica el amor y la generosidad. Pidámosle al Señor que cambie nuestro corazón duro y frío por un corazón de misericordia. Pero habla también de que nos cubramos con el yelmo de salvación como nuestra esperanza. El yelmo cubría la parte de la cabeza del soldado. Y es que no debemos dejar que el diablo se meta en nuestra mente para condenarnos y decirnos que no somos salvos. El yelmo de la salvación cubre nuestra cabeza, nuestra mente con la palabra de Dios y sus promesas. Somos salvos por la fe en Cristo Jesús.

6.- NUESTRA MORADA DEBE SER JUNTO AL SEÑOR Y APEGADOS A ÉL (vs. 10).- Dice Pablo que Cristo murió por nosotros ya sea que estemos vivos o que muramos para que vivamos juntamente con Él. El Señor quiere tenernos junto a Él; quiere que moremos con Él y fue a preparar lugar para nosotros. Pero mientras tanto estemos sobre esta tierra debemos apegarnos a Él y serle fieles hasta el fin. No dejemos que las atracciones de los placeres de este mundo nos engañen y nos alejen de su presencia. Ni tampoco dejemos que las dificultades nos hagan alejarnos de Él. Nuestro lugar más seguro es junto a Él. Nuestro lugar está en su casa y dónde Él mora; no fuera de ella. Sigámosle hasta el fin. El salmista decía: “Mi alma está apegada a Ti porque tu diestra me ha sostenido”.

7.- DEBEMOS ANIMARNOS Y EDIFICARNOS UNOS A OTROS (vs. 11).- Pablo termina diciendo que nos animemos y nos edifiquemos unos a otros. Necesitamos animarnos con palabras de fe unos a otros. Todos estamos en la misma lucha y Dios me ha puesto con mi hermano para que nos animemos el uno al otro. No podemos ser indiferentes ni desinteresados de los demás. Tenemos que salir de nosotros mismos y servir a nuestros hermanos ya sea con palabras de fe u oración por ellos. Y también edificarnos, o sea, hablarnos bien los unos a los otros para crecimiento de la fe y testificarnos los unos a los otros glorificando a Dios por su obra. La fe se contagia y si recibimos una bendición debemos compartirla con nuestro hermano.

CONCLUSIÓN: El Señor volverá y debemos prepararnos; también animarnos con estas palabras y no aferrarnos tanto a las cosas de este mundo. Démosle importancia a nuestra vida espiritual primeramente y llenémonos de su presencia. El Señor espera que mientras nos preparamos, seamos sus hijos de luz para alumbrar el camino a otros. ¿Qué vamos a hacer?