LIBRES DE VERDAD

INTRODUCCIÓN: Muchas veces nos preguntamos ¿qué es ser libre? Según el diccionario la libertad es la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Cuando conocemos el Evangelio podemos sentir o a lo mejor escuchar de otros que hemos perdido la libertad. Es que nuestra mente, influenciada por el pecado, entiende que la libertad es hacer lo que se nos antoja sin ningún tipo de límites. Los consejos de Dios proporcionan los límites para que nuestra conciencia sea educada. De no tener ningún tipo de límites, nuestra conciencia terminará en algún momento cauterizada y acallada, y nosotros entraremos en una decadencia moral que lo único que nos dejará será insatisfacción espiritual. Por eso creo que la verdadera libertad siempre tiene límites. En nuestro caso, como decía, es la Palabra de Dios la que nos proporciona esos límites para nuestro bien. Debemos enseñar a nuestros hijos y a los que amamos esos límites que Dios establece porque son para nuestro bien. Hoy quisiera meditar acerca de esta libertad.

TEXTO: JUAN 8:31-34; Gálatas 5:1; 1ra. Pedro 2:15-16.

DESARROLLO:

LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS SON LA VERDAD Y OBEDECERLAS NOS HACE LIBRES (Juan 8:31-32).- Aquí Jesús les dice a los judíos que si ellos permanecen, aceptan y obedecen sus palabras serán verdaderos discípulos y conocerán la verdad y la verdad les hará libres. Lo primero que Dios siempre espera de nosotros es que recibamos sus palabras con fe, creyendo que lo que dice es lo mejor para nosotros. Probablemente cuando comenzamos a caminar en los caminos del Señor, nos sentimos muy bien y que estamos en la verdad, pero al pasar el tiempo y ver que muchas veces Dios permite que seamos probados y nos ocurren cosas que no deseábamos que ocurrieran, comenzamos a tambalear y a dudar en nuestra confianza. Pareciera que la seguridad sobre la cual estábamos parados comienza a desvanecerse y nos comenzamos a hundir como Pedro cuando estuvo sobre las aguas. Pero aún esas dudas que tenemos son enseñanzas de parte de Dios para que nos demos cuenta de nuestra fragilidad y también para que no nos envanezcamos. Otra de las cosas que tenemos que saber es que lo que nosotros sintamos no determina si Dios está lejos o cerca de nosotros. La promesa para sus discípulos es que Él iba a estar todos los días hasta el fin del mundo. Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a tener la seguridad de que la Palabra de Dios es la verdad y también a obedecerlas.

MUCHAS VECES CREEMOS QUE POR ASISTIR A LA IGLESIA O FORMAR PARTE DE UNA FAMILIA CRISTIANA ESTAMOS LIBRES DE LA ESCLAVITUD DEL PECADO (Juan 8:33).- Aquí le dicen los judíos a Jesús que ellos eran linaje, descendencia de Abraham y que no eran esclavos de nadie. Esto nos trae una enseñanza: Que muchas veces nosotros creemos que por asistir a la iglesia, o por pertenecer a una familia cristiana, o por pertenecer a la familia o el linaje del diácono o del pastor, ya estamos libres de la práctica del pecado. Aunque todo ese entorno nos ayuda, muchas veces en nuestro corazón podemos ser esclavos de nuestros malos pensamientos, nuestras malas conductas, nuestras malas actitudes. Sólo el poder de Dios puede cambiar nuestro ser. Así decía una vieja canción. Lo importante es tener la voluntad de salir de esos estados, y si no podemos solos, clamemos a Dios por un milagro que nos cambie, pero ayudemos con nuestra voluntad. Seguro que es difícil, pero aún en esa dificultad y aunque sintamos lo que sintamos, Dios sigue obrando. Esperemos en Él y en su misericordia.

ES LA PRÁCTICA DEL PECADO LA QUE NOS ESCLAVIZA AUNQUE NUESTRA HUMANIDAD NOS HAGA PENSAR QUE SON LOS LÍMITES QUE DIOS NOS PONE A TRAVÉS DE SUS CONSEJOS Y MANDAMIENTOS (Juan 8:34).- El Señor les dice aquí a los judíos que el que hace pecado, el que practica el pecado, es esclavo del pecado. Muchas veces el enemigo de nuestras almas quiere que creamos que Dios es el que quiere esclavizarnos con sus mandatos y consejos porque no podemos hacer lo que queremos, pero en ese hacer lo que queremos se encuentra lo impuro, lo malo, lo inmoral, que a la larga nos llevará a nuestra propia destrucción moral y espiritual. Por eso necesitamos los límites que Dios nos pone a través de sus consejos y mandamientos porque esos límites son los que nos salvan de la ruina personal. Tenemos que tener en cuenta que el objetivo del diablo es destruir la obra de Dios y dentro de ella estamos nosotros. No demos lugar a ninguna duda: Lo que nos esclaviza de verdad es la práctica del pecado.

EL SEÑOR QUIERE QUE NOS MANTENGAMOS FIRMES EN LA LIBERTAD QUE ÉL NOS DIO Y NO VOLVAMOS A LA ESCLAVITUD DEL PECADO (Gálatas 5:1).- En este versículo Pablo le dice a los hermanos que se mantengan firmes en la libertad con que Cristo los hizo libres y no vuelvan al yugo de esclavitud. Aunque el apóstol aquí está refiriéndose a que no les hace falta a los hermanos el rito de los judíos de la circuncisión para pertenecer al pueblo de Dios, también puede aplicarse a lo que estamos hablando: Tenemos que mantenernos firmes en la libertad que el Señor nos dio. Hoy los tiempos son muy peligrosos. El mundo nos ofrece muchas cosas que pueden hacernos desviar y llevarnos a ser esclavos. Hoy como nunca los vicios como el alcohol, las drogas, el sexo, etc. pueden llegar a esclavizarnos. La palabra de Dios hoy viene para decirte: “Mantente firme en la libertad que te he dado. No creas a todo lo que el mundo te ofrece porque son caminos que parecen derechos pero su fin es camino de muerte”. Proverbios 14:12.

LA LIBERTAD QUE DIOS NOS DIO NO TIENE QUE SER UNA EXCUSA PARA HACER LO MALO (1ra. Pedro 2:16).- Dice el apóstol Pedro aquí a los hermanos que anden como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Muchas veces decimos o escuchamos: “Si yo soy libre de hacer lo que quiera porque Cristo me libró”. Si el diablo no nos puede frenar, nos empuja y en este caso pone mentiras en nuestra mente para que creamos que porque Cristo nos hizo libres, aún podemos seguir haciendo lo malo total después Él nos perdona porque es misericordioso. Y caemos vez tras vez en lo mismo total soy libre. Nuestra libertad siempre está dentro de sus límites, o sea, escuchando y obedeciendo su palabra. Esa es nuestra verdadera libertad. ¿Libertad de qué? De la maldición del pecado y de la muerte eterna, del infierno y de la ira de Dios. Lo que está fuera de la voluntad de Dios no es verdadera libertad.

CONCLUSIÓN: Dios quiere que entendamos cuál es nuestra verdadera libertad. No tiene nada que ver con la libertad que el mundo dice. Jesús dice que conoceremos la verdad, y la verdad es Él mismo y seremos verdaderamente libres. Fuera de lo que es el deseo de Dios, lo que pensamos, decimos y hacemos nos lleva a la esclavitud espiritual. Pidamos al Señor que sea nuestro Libertador, que nos saque de la esclavitud.