SIRVAMOS DE CORAZÓN

INTRODUCCIÓN: Muchas son las bendiciones que hemos recibido y recibimos del Señor. Algunos ejemplos son que Jesús tomó nuestro lugar muriendo en la cruz; hoy el Señor nos renovó su misericordia porque pudimos abrir nuestros ojos; nos libra permanentemente de peligros aunque nosotros no nos demos cuenta, etc. Pero aunque las bendiciones son parte de su bendito amor, tenemos que saber también que Dios espera de nosotros una vida de devoción, de reconocimiento y de adoración hacia Él. Eso implica que tenemos que obedecerle y hacer lo que nos manda. No podemos quedarnos solamente con las bendiciones y pensar sólo en recibir. Si somos verdaderamente agradecidos con el Señor también le vamos a dar de nuestro servicio, y dentro de ese servicio tenemos que saber que podemos darle de nuestro tiempo, nuestras pertenencias, nuestra capacidad, etc. De acuerdo a las enseñanzas bíblicas Dios siempre está esperando que su pueblo, su iglesia aprenda a servirle a Él y a los demás. Servir es ayudar, trabajar para otro, aunque sea voluntariamente, y nosotros tenemos que ser servidores del Señor. Dios ha hecho tanto por nosotros que no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Hay muchas cosas que podemos hacer para extender el reino de Dios sobre esta tierra. Comenzando por orar y terminando por ser responsable con algún área de trabajo en la Iglesia. Dios quiere que le sirvamos. Hoy quería meditar en un pasaje que nos revela lo que el Señor piensa acerca del servicio.

TEXTO: LUCAS 22:24-27.-

DESARROLLO: En este pasaje que vamos a ver, el Señor Jesús está llegando al final de su ministerio sobre esta tierra. De repente comienza una disputa, una discusión entre los discípulos sobre quién sería el mayor o el más importante, probablemente cuando el Señor se fuera. Pero Jesús, aún de esta circunstancia, quiere dejar impregnado en los suyos del espíritu de servicio que Él tenía.

a) Muchas veces nos ponemos mal porque queremos tener el lugar más importante (vs. 24).- Como decíamos, este relato comienza con una discusión o disputa entre los discípulos que quieren dejar establecido quién va a ser el más importante probablemente cuando el Señor no esté. Y muchas veces nosotros nos comportamos como los discípulos: Nosotros u otras personas, queremos ocupar un lugar de privilegio o de poder dentro de la iglesia y nos olvidamos que la iglesia le pertenece al Señor Jesús y Él es el que dispone la dirección a seguir. Para servir al Señor no hace falta ningún cargo. Todos podemos servir, todos podemos ayudar a nuestro hermano y al prójimo, todos podemos orar, todos podemos predicar del amor de Dios. Cuando sirvamos no pensemos en escalar posiciones humanas, sino en agradar sólo a Aquel que no llamó. Sirvamos con un corazón humilde y dadivoso.

b) En el mundo el espíritu que opera es el de querer dominar, adueñarse y querer tener poder sobre los demás (vs. 25).- El Señor Jesús les enseña a sus discípulos que los gobernantes de las naciones y los que tienen autoridad, quieren dominar a las personas. Esto nos muestra lo distinto que es vivir de acuerdo a los preceptos de este mundo. Tenemos que saber que el espíritu que opera en este mundo es el de querer adueñarse y querer tener poder sobre los demás. Esta es una tentación que podemos verla muchas veces también dentro de la iglesias. Nunca pretendamos adueñarnos de las personas, de la gente. Las personas le pertenecen al Señor; Él determina sobre cada vida y tiene sus designios para cada uno. No hagamos política en la iglesia buscando adeptos que nos sigan porque al único que la gente tiene que seguir es a Jesús.

c) En el reino de Dios el mayor es el que sirve (vs. 26).- Pero el Señor sigue enseñando a sus discípulos y les muestra que el que quiera ser el principal tiene que ser un servidor. Y este es el espíritu que tenemos que tener: el espíritu de servicio. Muchas veces nos encerramos en nuestras cosas y perdemos el interés en los demás por nuestras ocupaciones y por nuestras preocupaciones. Dios no quiere que seamos así. Él desea que nos interesemos por el prójimo, por el que necesita de su amor, por el que está débil en su fe. Y podemos servir como decía de muchas maneras: orando por los demás, visitando a los hermanos que faltaron a la reunión, enseñando o ayudando en la horita feliz, limpiando el salón, las sillas, los baños, trayendo para la caja solidaria, ofreciéndose en los trabajos que hay para hacer en la iglesia, etc. En Romanos 12:11 que seamos fervientes en espíritu sirviendo al Señor. Ser ferviente significa que muestra entusiasmo y admiración; ganas de hacer las cosas para Dios. Tenemos que saber que todo servicio que hacemos es primeramente para el Señor, y luego para los demás.

d) El Señor nos muestra con su ejemplo que debemos ser servidores (vs. 27).- Pero el Señor sigue hablando y dice que el que se sienta a la mesa es mayor que el que sirve, pero que Él ha venido como el que sirve. Queridos hermanos semejante ejemplo de servicio que Cristo nos dio no debemos desecharlo. Él vivía sirviendo a su prójimo, ayudándolo. Debemos tomar este ejemplo del Maestro. Debemos vivir como servidores. Ser un servidor implica trabajo, esfuerzo, entrega, etc. Pero no podemos vivir solamente recibiendo bendiciones; también tenemos que dar. Yo deseo y creo que el Señor también lo desea, que cada uno de ustedes y yo podamos ser servidores que hacen su trabajo por amor al Señor. En Hebreos 6:10, nos dice que Dios no es injusto para olvidar la obra que hacemos para Él ni nuestro servicio. También tenemos que enseñar a nuestros hijos a servir en la casa de Dios, a que tomen parte en las diferentes áreas de la iglesia. El servicio puede salvar a nuestros hijos de los engaños del espíritu de este mundo.

CONCLUSIÓN: El Señor se manifestó a nosotros como servidor. El servicio es lo que mantiene viva a la iglesia y a nuestras vidas. Cuando servimos hay un gozo incomparable que viene del cielo porque estamos haciendo la voluntad de Dios. Que este año podamos ser servidores de Dios así como Cristo un día nos sirvió salvándonos y dándonos vida eterna.