SIRVAMOS A PESAR DE NUESTRAS LIMITACIONES

INTRODUCCIÓN: El día que decidimos entregar nuestra vida al Señor, entiendo que comprendemos que hemos entrado a su Reino, y entrar al Reino de Dios significa estar ahora bajo su gobierno y autoridad. Asimismo nos damos cuenta que si Dios es el Rey de nuestra vida, nosotros somos sus siervos. Un siervo es alguien que está bajo el dominio de otra persona, en nuestro caso, bajo el señorío de Cristo. Esto implica que servimos al Señor y guardamos sus mandamientos y consejos. Ahora, cuando decimos que somos siervos de Dios no implica que somos pastores únicamente. Todos los miembros de la congregación son siervos de Dios porque le sirven a Él. Cuando usted ora, sirve a Dios, cuando ama y perdona, sirve a Dios, cuando trata de ser un padre o una madre de acuerdo a lo que Dios manda, sirve a Dios, cuando usted trabaja honradamente, sirve a Dios, cuando usted ayuda porque Dios le ha enseñado a ayudar al prójimo, sirve a Dios; y así podríamos seguir. Servir a Dios no es solo predicar desde un púlpito. Un siervo de Dios no es solamente el que predica desde la plataforma. Todos los que amamos y tratamos de obedecer al Señor cada día, poniendo en práctica las enseñanzas y consejos de Dios, somos siervos de Él. Pero una de las cosas que trata de hacer el enemigo es la de paralizarnos haciéndonos ver nuestras debilidades y limitaciones. Dios quiere que nuestro servicio a Él sea permanente y activo. Los siervos en el Reino de Dios honran a su Rey sirviéndole y haciendo lo que a Él le agrada. Y esto es lo que no le gusta al diablo. Por eso debemos levantarnos de nuestro sueño y quietud, de nuestros pensamientos negativos y depresiones, y comenzar a servirle con libertad y alegría, con ganas y devoción. Hoy quería meditar en un pasaje que nos ayudará a ver que el Señor nos está llamando a servirle con todo nuestro corazón.

TEXTO: Mateo 14:13-21.-

DESARROLLO:

1.- (vs. 13).- Como siervos del Señor necesitamos apartarnos en oración.- El relato de este pasaje comienza diciendo que cuando Jesús se enteró de la muerte de Juan el Bautista, se apartó a un lugar desierto, seguramente, para orar al Padre Celestial y estar en intimidad con Él. El Señor tenía esta necesidad permanente de la comunión con su Padre. Pero aun cuando vemos la necesidad de la oración en nuestro Señor, nosotros pretendemos vivir y andar por esta vida sin ella y sin comunión, y así es como muchas veces tomamos muchas malas decisiones y determinaciones que nos traen mucho dolor y sufrimiento por seguir nuestros caminos y no consultarle a nuestro Padre Celestial ni a su bendita Palabra. Dijimos que todos los que se someten al gobierno y al reino de Dios son siervos de Él, y tenemos que entender que para servirle no podemos dar un solo paso sin oración y sin dirección de nuestro Padre Celestial. Por lo tanto debemos reconocer que nos falta vida de oración, vida de clamor al Padre, vida de quietud delante de Él. Que el Señor nos ayude para entender esta verdad y aplicarla a nuestra vida.  

2.- (vs. 14).- Como Jesús, Dios desea que sirvamos con compasión a los demás.-  Continua el relato diciendo que cuando Jesús salió de la barca vio mucha gente, teniendo compasión de ellos y sanando a los que estaban enfermos. En Mateo 9:36 también dice que Jesús tuvo compasión de las multitudes porque estaban desamparadas y dispersas, como ovejas que no tenían pastor. La “compasión” es el sentimiento de tristeza que produce el ver padecer a alguien y que impulsa a aliviar su dolor o sufrimiento, a remediarlo o a evitarlo. Es un sentimiento que se manifiesta a partir y comprendiendo el sufrimiento de otro ser. Es el deseo de Dios que le sirvamos teniendo compasión en nuestras vidas; que cuando veamos sufrir a nuestro prójimo seamos movidos a hacer algo por aliviar ese sufrimiento. Por supuesto que esto no es nada fácil ya que es el Espíritu Santo el que nos tiene que mover a la compasión y para ello nosotros somos los que tenemos que dejarlo obrar. Hoy en día podemos ver la falta de este ingrediente en nuestra sociedad. Pablo escribiéndole a Timoteo en 2da. Tim. 3:1-4 le dice que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos y que habrá hombres sin afecto natural, o sea, insensibles, sin compasión. En este tiempo Dios espera que su pueblo, sus siervos, muestren esta compasión que Él mismo tiene por las personas. Es la compasión en nuestras vidas la que mostrará que somos hijos y siervos del Señor. Roguémosle al Espíritu Santo para que cambie nuestro duro corazón, nuestro insensible corazón, en un corazón lleno de compasión y de misericordia por el prójimo. No dejemos que el espíritu de este mundo nos contagie con el desinterés y la insensibilidad. Hoy clamemos al Señor: “Dame un corazón lleno de compasión”.

3.- (vs. 15-16).- Para servir al Señor tenemos que quitar de nuestro corazón la insensibilidad y la pereza.- Dice la palabra que ya estaba anocheciendo y los discípulos se acercaron a Jesús para decirle que despidiera a la multitud porque ya era tarde, y así podían ir a las aldeas para comprar algo de comer. Pero Jesús les responde que la gente no tiene por qué irse y que ellos les den de comer. Indudablemente los discípulos querían sacarse a la gente de encima y no pensaban en su necesidad como lo estaba haciendo el Maestro. Ellos querían desligarse de toda obligación y trabajo. Queridos hermanos: muchas veces nosotros somos igual que los discípulos; decimos que amamos al Señor y que estamos dispuestos a servirle donde Él quiera, pero cuando se trata de trabajar sirviendo a los demás muchas veces decimos o pensamos: Yo no estoy capacitado. Que se haga cargo otra persona. Voy a esperar un poco. Etc., etc. Pero en realidad lo que ocurre es que no queremos servir porque estamos cómodos y la pereza nos ha ganado. Si decimos que queremos servir al Señor tenemos que quitar la insensibilidad y la pereza de nuestro corazón. Es una determinación que nosotros tomamos de propia voluntad. Roguemos al Señor que santifique nuestra voluntad para darle lo mejor de nuestras vidas.

4.- (vs. 17).- Cuando miramos nuestras limitaciones y nuestros pobres recursos, somos paralizados y nos cuesta servir al Señor.- El evangelio continúa relatando que los discípulos le dijeron: “Aquí sólo tenemos cinco panes y dos peces”. Cuando ellos se dieron cuenta que Jesús les estaba impulsando a tomar parte en la solución del problema de la falta de comida, ellos presentan sólo lo que tenían: los cinco panes y los dos peces. Podemos interpretar esto de muchas maneras: Que ellos estaban trayendo lo que tenían al Señor con la seguridad de que Él podía hacer algo, o que ellos le estaban trayendo esos panes y peces al Señor como resignados de que era muy poco y no alcanzaba para toda la gente. Cualquiera de las dos alternativas nos traen una enseñanza: la primera, que podemos servir al Señor teniendo la seguridad de que Él puede multiplicar nuestras capacidades y recursos; y la segunda, que cuando miramos nuestros pocos y pobres recursos, nos podemos quedar paralizados y sin hacer nada por salir adelante. Cuantas veces miramos nuestras debilidades y pecados, y en vez de hacer algo por salir de ellos, nos quedamos quietos y resignados sin confianza en que Dios puede ayudarnos. Por eso hay en las congregaciones cristianos que pierden la alegría de servir al Señor. Levantémonos en el nombre del Señor, miremos al que puede ayudarnos a través de su poder y dejemos de vivir paralizados mirándonos a nosotros mismos, como si no tuviéramos remedio. Clamemos al Dios de los cielos y el obrará con su poder en nuestros corazones.

5.- (vs. 18-21).- Cuando ponemos nuestras imposibilidades y nuestros pobres recursos en las manos del Señor, y estamos dispuestos a servirle, somos transformados para bendición por su poder.- El relato termina diciéndonos que Jesús hizo recostar a la gente en el pasto, y tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo los bendijo y los repartió a sus discípulos para que ellos le dieran a la multitud. Y el versículo 20 dice que todos comieron y quedaron satisfechos, y sobró como 12 canastas. Queridos hermanos: cuando ponemos nuestras imposibilidades y nuestros pocos y pobres recursos, nuestra falta de capacidad, y todas nuestras carencias en sus manos, Él los toma y los transforma para bendición, para que podamos servirle y amarle con libertad, para que a través de nuestro testimonio muchos le conozcan, para que aquellos que están a nuestro alrededor le glorifiquen a Él, para que toda nuestra familia sea bendecida. No importa las limitaciones y las debilidades que tengas; entrégaselas al Señor en este día y Él te llenará de poder para que puedas ser un mejor hijo de Él, un mejor discípulo de Él, un mejor siervo de Él. Y esto es así porque su poder se perfecciona en tu debilidad y en mi debilidad. Vamos al Señor para dejar todo lo poco que tenemos en sus manos para que Él lo transforme.

CONCLUSIÓN: Cada uno de nosotros nos entregamos al Señor y a su gobierno para que seamos sus siervos. Todos somos siervos del Señor; no sólo el pastor. Hoy Él nos llama a salir de nuestra comodidad y pereza, de nuestras imposibilidades, debilidades y pecados para que seamos productivos para Él sirviéndole y sirviendo a los demás con todo nuestro ser.