NO DESTRUYAMOS LA ARMONIA

INTRODUCCIÓN: Sabemos cantar que somos el pueblo de Dios. Y cuando hablamos de pueblo nos damos cuenta que se trata de más de una persona. Y nosotros decimos que pertenecemos a ese pueblo. Ahora en medio de ese pueblo ocurren muchas cosas; algunas agradables y otras desagradables. Pero tenemos que saber que Dios nos ha llamado a permanecer dentro de su pueblo. Y dentro de ese pueblo se dan relaciones que tendrían que ser sanas y de bendición. Pero como estamos nosotros que somos imperfectos muchas veces ocurren desencuentros y conflictos que nos afectan y que pueden hacernos desistir de la fe, y aún quedamos con heridas dentro de nuestro corazón. Queridos hermanos es necesario aprender a aceptarnos unos a otros así como Cristo nos acepta a nosotros aunque tengamos diferencias de pensamiento y criterio. El diablo es el que quiere hurtar, matar y destruir nuestra relación de hermanos. No permitamos que pensamientos que sabemos que son malos y que no vienen de Dios ocupen nuestra mente y corazón. Podemos ver como en Génesis 4:5 cuando el Señor mira con agrado a Abel y a su ofrenda, que Caín se enojó mucho y vemos también que decayó su semblante. El semblante es la manifestación del estado de ánimo de una persona y aquí dice que el semblante de Caín decayó, es decir, su ánimo se fue al suelo. Cuando las relaciones con los hermanos se resienten o se dañan nuestro ánimo decae y no podemos pensar ni actuar con tranquilidad. Y es que el enemigo pone en nosotros pensamientos que nos quitan la paz. Hoy deseaba meditar algo acerca de la relación entre los hermanos.

TEXTO: Salmos 133

DESARROLLO:

Es muy bueno y agradable que los hermanos vivan en armonía. Esta armonía que habla aquí el salmista se refiere a una relación de paz, de concordia y de entendimiento entre dos o más personas. Pero tenemos que saber que el diablo lo que quiere es romper esa relación, esa armonía y pretende desunirnos y aislarnos. Muchas veces no nos damos cuenta de esto y nos levantamos unos contra otros dañándonos y lastimándonos, y son nuestras actitudes y conductas las que contribuyen para destruir la armonía que Dios quiere que tengamos porque damos lugar a los pensamientos que vienen del enemigo. En Efesios 4:27 dice “ni deis lugar al diablo”, es decir no le den oportunidades, no hagan de su mente una pista de aterrizaje para sus pensamientos negativos y destructivos. En la Palabra de Dios se nos enseña y se nos muestran algunas actitudes y conductas que no nos ayudan a la armonía entre los hermanos y hoy quisiera que las viéramos juntos.

1.-  (Santiago 3:13-18) LAS ENVIDIAS Y LA RIVALIDAD.- Aquí dice Santiago que demostremos que somos sabios y entendidos a través de nuestras conductas y de nuestra humildad. La verdadera sabiduría incluye el conducirnos con amor como Dios quiere y con respeto y justicia. Pero, dice el apóstol, si tienen un corazón lleno de amargura,  envidia y rivalidad, no tienen de qué presumir, no tienen de qué gloriarse, no tienen de que jactarse porque están falseando la verdad. Muchas veces hablamos y declaramos que tenemos que amarnos, que tenemos que soportarnos, etc., pero a la hora en que se presenta una situación de desencuentros por diferencias de opinión no sabemos resolverla. Aquí habla Santiago de envidias y rivalidad. La envidia es un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee. Esto es lo que le pasó a Caín con Abel. Porque Dios había mirado con agrado a Abel y a su ofrenda, se levantó contra él. Tenemos que pensar que todos estamos del mismo lado: del lado del Señor por eso la rivalidad no tiene que existir dentro de la iglesia. Por el contrario: dice el apóstol que consideremos a los demás como superiores a uno mismo. Esto es difícil cuando queremos mostrar nuestras cualidades y sobresalir, pero si caminamos en humildad y mansedumbre que son los ejemplos que nos dejó el Señor (dijo: Sean mansos y humildes de corazón) podemos lograrlo. Cerremos todas las puertas a la rivalidad y a la envidia. Si obedecemos a esto veremos la bendición sobre nosotros y sobre nuestros hijos.

2.- (Santiago 4:11) LA MURMURACIÓN O EL HABLAR MAL LOS UNOS DE LOS OTROS.-  Dice también Santiago a los hermanos que no hablen mal los unos de los otros. Esto se llama murmuración y se da principalmente cuando la persona de la cual se está hablando mal no está presente. La murmuración y el hablar mal de otro han destruido congregaciones enteras. En Efesios 4:29 dice Pablo que ninguna palabra corrompida salga de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación. Una palabra corrompida es una palabra que está podrida, y es la que destruye y derriba en vez de edificar. Podemos, si queremos, destruir la unidad de un plumazo con solo sembrar palabras denigrantes contra alguien. Pablo dice que, en cambio, nuestras palabras sean buenas para la necesaria edificación. Queridos hermanos meditemos en esto: ya hemos tenido suficiente con lo mal que hemos vivido en el mundo hiriendo y siendo heridos. Comencemos a poner en práctica la nueva vida que tenemos ahora por obra del Señor y comencemos a hablar bien de los demás. Edifiquemos y no destruyamos.

3.-  (Hebreos 12:15) LAS RAÍCES DE AMARGURA.- Dice el escritor a los Hebreos escribiéndole a los hermanos que tengan cuidado y que no vayan a perderse la gracia de Dios porque haya brotado en sus corazones alguna raíz de amargura y por ella sean estorbados y muchos sean contaminados. Es interesante ver como habla aquí de raíz de amargura dando a entender que así como la raíz no se ve porque está bajo tierra, la raíz de amargura no se ve porque está escondida y solapada. La amargura es un sentimiento prolongado de frustración o resentimiento. En el griego significa “punzar” y en hebreo significa “pesado”. Por lo tanto podemos decir que la amargura es algo pesado que punza nuestra alma y corazón. La amargura, dice aquí el escritor, puede contaminar a muchos. La amargura es una reacción a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura contamina porque lo que produce es un resentimiento y rencor que sale por nuestra boca, y el que nos escucha, es contaminado por lo desagradable de esas palabras que van impregnadas de ese resentimiento. ¿Qué tenemos que hacer? Renunciar a la amargura, a la falta de perdón, al rencor, al resentimiento y dejar todo en las manos de Dios para que nos transforme.  

4.- (Colosenses 3:9-10) LA MENTIRA.-  Pablo les dice a los hermanos: “No se mientan los unos a los otros”. Podríamos decir que los que son del Señor no hablan mentiras. Pero hay muchas formas sutiles de mentir sin que sea algo grosero, como por ejemplo decir una media verdad o directamente hacer silencio para mostrar algo que no es. La mentira es una expresión que resulta contraria a lo que se sabe, se piensa o se cree. Por la mentira y el engaño también podemos decir que la iglesia ha sufrido y sufre mucho. Dice Pablo en Romanos 12:9 “el amor sea sin fingimiento”, es decir, sincero y sin aparentar. En este punto también hace falta renunciar para no seguir destruyendo nuestras vidas y la de los demás. Hace falta arrepentirse de toda conducta mentirosa.

CONCLUSIÓN: Todas estas cosas son las que destruyen y derriban la armonía que Dios quiere que tengamos. Cuando estamos juntos y en armonía Dios envía bendición y vida eterna, pero si damos lugar a todas estas cosas en vez de vida eterna tendremos muerte espiritual y desencuentros. No demos oportunidad al diablo de dividirnos ni de hacernos pensar mal de los hermanos. Solucionemos nuestras diferencias hablando a solas con quien tengamos el problema con respeto y buen espíritu. Todos nos necesitamos porque lo que no tengo yo en capacidad y entendimiento, lo tiene mi hermano y lo que mi hermano no tiene, lo tengo yo. Dice la palabra que nos provoquemos, pero al amor, no para vivir disgustados.